Game of Thrones. S07E01. Dragonstone

(17/07/17)
Por fin llegó. Más de un año después, por si las esperas no fueran odiosas, pero lo hizo, haciendo posible inmiscuirnos en invierno en pleno verano.  Y para empezar, un 8.9 en IMDB de nota para el capítulo, así que las espadas siguen en todo lo alto, tal y como acabaron en la sexta temporada, con los antológicos Battle of the Bastards y The Winds of Winter. Y no, no llegamos a picos tan altos, pero ha de existir algún respiro en algún momento.

Contiene spoilers

Antes, para amenizar esta espera, ha habido que ponerse a ver las temporadas anteriores para recordar por dónde estaban situadas las piezas, extremadamente alejadas con respecto a la situación inicial, cuando Jon Arryn moría y el rey Robert se iba a Winterfell a traerse a Ned Stark como Mano del Rey para sustituirlo. De prehistóricos se pueden considerar esos personajes, casi con la categoría de míticos, como sus predecesores Rhaegar, Lyanna o el Rey Loco, las referencias más pretéritas para entender los acontecimientos actuales.

Acontecimientos actuales que tienen varios ejes principales: por una parte, la inminente llegada del temido ejército de los White Walkers, capitaneados por el Rey de la Noche, que presumiblemente sortearán la magia del Muro, último obstáculo para su invasión ahora que están respaldados por la llegada del Invierno, que se presupone el más duro de los últimos lustros. Además del Muro, contamos con Edd el Penas liderando la esquilmada Guardia de la Noche y, por supuesto, al recién nombrado King in the North, Jon Snow, de quien supimos sus verdaderos orígenes gracias a una de las visiones de Bran. La duda está en si la cercanía de Petyr Baelish y su ponzoñosa presencia distanciará o no a su hermana Sansa, la cual por fin parece haber madurado alejándose de la bobalicona e inepta que siempre ha sido. 

Por otra parte, está el desembarco inminente de Daenerys y sus aliados (Dorne, lo que queda de los Tyrell, una rama de los Greyjoy) a Westeros, tras superar todas las dificultades en Meereen y asistir a la evolución de nuestra Khaleesi, que por momentos ha aparecido atribulada, confusa, perdida, y con tendencias psicópatas como su padre, algo que la llegada de Tyrion ha apaciguado bastante, por lo que estamos ante una de las candidatas más humanas para el Trono de Hierro (en el dudoso caso de que lo respete, puesto que yo me inclino por la opción de que lo incinera alguno de sus dragones).

Trono que ostenta ahora Cersei, después de su jugada maestra, aderezada de una infalible  e indecible venganza personal (venganza nivel Cersei, se va a decir a partir de ahora). De un plumazo se quitó la ominosa primacía de los sectarios Gorriones, además de ese Consejo Privado en el que había perdido relevancia, por no hablar de quien amenazaba su reinado, Margaery. Ni siquiera el daño colateral del suicidio de su último infante vivo, Tommen, ha amargado el sabor de su gozosa victoria. Veremos si por el camino le queda alguien más que Qyburn, la Montaña y Jaime (¿?).

Más periféricos aunque siempre con rango de ser decisivos en la trama final, quedan Arya en su camino a satisfacer su lista personal tras deleitarnos con el afeitado al deleznable Walder FreySamwell Tarly (acompañado de Gilly y Sam Jr.) en Antigua para forjarse sus cadenas de Maestre; Melisandre, desterrada por Jon y su consejero Davos (uno de los mejores personajes, sin duda); la Compañía sin estandarte, capitaneada por Beric Dondarrion, Thoros de MyrEl Perro, los únicos en Poniente avisados del peligro zombi que se aviene; Brienne y Pod, escapados de Riverrun por los pelos tras el asedio de Jaime; o Jorah Mormont, aquejado de psoriagrís; y seguro que me dejo alguno más, como Gendry, el último superviviente de la rama Baratheon.

Una vez recordados los antecedentes, empezamos fuerte, con una escena antes de la intro, en la que como lugares más respetables aparecen Dragonstone, que da nombre al título del episodio, y Antigua, el punto más lejano de Poniente. En dicha escena el estupor viene al ver a Walder Frey aleccionando a todos los suyos en un segundo banquete en menos de 15 días. 

Ya nos lo imaginamos, pero llega la constatación a una de las dudas que flotaba en torno al Dios de los Muchos Rostros y sus seguidores, capaces de cambiar su cara por cualquiera de las suyas del templo de Blanco y Negro. ¿Podían adoptar además distintas constituciones disfrazados? Pues la respuesta es sí, su magia va más allá de intercambiar un rostro, como vemos con una apabullante y destroyer Arya Stark haciéndose pasar por el octogenario para asesinar a todos los Frey varones (indulta a las mujeres). 

No sé si se disfruta más con el discurso tras envenenarlos, si con su sonrisa triunfante y satisfecha, o si con ese "Cuando la gente pregunte qué pasó aquí, decidles que The North remembers" que les suelta, dejándoles "tó locos". "No lograsteis acabar con todos los Stark. Ese fue vuestro error". Puta ama. I love Arya. Arya forever (and ever). Su otra escena, más de andar por casa o de andar por los caminos cual peregrina, junto a Ed Sheraan y algunos soldados Lannister que le muestran amabilidad. ¿Para qué vas a Desembarco?, le preguntan tras compartir con ella comida y bebida. "Para asesinar a la Reina", suelta con desenfado, para provocar las risas del personal. Si supieran...

Después, si había alguna duda del nivel, un nubarrón precede al ejército White Walker que ve Bran, en el que además del Rey de la Noche asustan los tres gigantes caminantes que les acompañan. No sabemos por dónde van ellos, pero sí la localización de Meera y el joven Cuervo de Tres Ojos: justo a las puertas del Muro, donde Edd les recoge. Y vale que el capítulo va a menos, pero era inevitable y el mérito del episodio es que prácticamente nos sitúa en el mapa actual y toca a todos los personajes, exceptuando a Melisandre. Cuando estamos hablando de una producción tan coral, eso es todo un mérito.

De los tres ejes referidos antes, Cersei asiste impasible a una situación que cualquier otro tildaría de desesperada: enemigos por el Sur, enemigos por el Oeste, enemigos por el Este y enemigos por el Norte. Vamos, que está sitiada y apenas cuenta con aliados, como le espeta un Jaime entre estupefacto, incrédulo y cada vez más decepcionado con su amor verdadero. El sentido de la realidad lo ha perdido por completo, aunque como hasta ahora siempre ha conseguido lo que pretendía, por qué iba a cambiar ahora. De modo que Euron es esa alianza que le puede dar aire por mar. ¿Qué será eso que le regalará a Cersei para hacerle cambiar de opinión respecto a lo de casarse con él? ¿La cabeza de Tyrion? ¿Un dragón? Da miedo pensar que se ha oído por ahí que este puede ser un villano incluso peor que el propio Ramsay.

En el Norte, Jon muestra sus reales frente a sus aliados y frente a la misma Sansa, que reprueba públicamente a su hermano perdonar a los Karstark y Umber, decisión mucho más estratégica y bondadosa, puesto que los actuales señores de esos castillos que la pelirroja quería desalojar le pertenecen a unos niños, como la indomable Lyanna Mormont. Pese a que podría suponer el inicio de una grieta entre ambos que podría aprovechar Meñique, parece que Sansa no está por la labor. Ha aprendido de grandes maestros de la mentira y la manipulación como Cersei y el propio Meñique, pero también ha sufrido mucho y sabe que con Jon es diferente. Yo veo que ella siente algo más que un fraternal sentimiento, o ese toque en su brazo y esa expresión de admiración ante su forma de desenvolverse dando órdenes denotan cuanto mínimo algo de deseo. ¿Un sentimiento parecido al de Tormund ("no sabes la suerte qué tienes", le dice a Pod tras ser derribado por su señora) por Brienne? ¡Queremos Tormunditos y Briennecitas ya!

Antes de referir el tercer eje fundamental, quedan algunos de los "cabos sueltos": Sam descubriendo que Dragonstone puede ser una mina de vidriagón, fundamental para la guerra que se avecina (además de no descubriendo que uno de los aquejados dolientes que se tratan allí no es otro sino sir Jorah, cuya enfermedad está bastante avanzada y además nos mete un susto de muerte después de hablarnos de Caminantes y aparecer su brazo de esa forma).

Y la Hermandad sin Estandartes, esa alianza inusual de las que tan bien suelen funcionar en esta serie, que llega a una casa abandonada en la que los cadáveres de un padre y una hija le recuerdan al Perro algunas decisiones suyas pretéritas cuestionables de las que se arrepiente, aunque todo quede en un segundo término tras preguntarle a Beric por qué es tan importante para el Dios de la Luz (algo que nos preguntamos todos, al contrario que nos pasa con Jon) y tras ver, a instancias de Thoros de Mir, en las llamas el Muro, acosado por los Caminantes, sobre todo en el castillo más vulnerable.

Por último, Daenerys y su llegada a Poniente. Siempre oyendo hablar de su llegada allí pero pocos nos habíamos cuestionado el lugar concreto por el que empezaría su reconquista. Y no es otro lugar que aquel en el que la dinastía Targaryen se inició. Emocionante elección, y emocionante el vaticinio: "Shall we begin?" GoT ya lo ha hecho. Nos ha resituado en una hora y nos sirve de un interesante anticipo. No es el mejor episodio (no lo esperábamos), pero nos ha dejado grandes momentos y la sensación de que lo bueno está por venir. Lo bueno, y lo malo...

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