Legion. Temporada 1

(FX. 8 episodios: 08/02/17 - 29/03/17)
El póster promocional de esta nueva serie de superhéroes es la demostración de su mayor mérito: el aspecto visual. No en esos términos de colorido exactamente, sino en el hecho de ser una producción que cuida los aspectos de la imagen, con escenas casi icónicas, como la de la cocina, cuando el protagonista estalla y todos los utensilios e instrumentos salen disparados en dirección al propio estallido.

En ese sentido, es de agradecer que la duración no llegue a diez capítulos, puesto que además de lo dicho sobre la factura de Legion, hay que añadir una notable complicación en cuanto a la trama, al menos en cuanto a la cronología, pues es difícil establecer cuál es el presente y, sobre todo, cuál es la realidad y cuál es el plano mental o astral. Incluso el mayor mérito puede devenir en su mayor dificultad, no en vano el barroquismo por momentos amenaza con devorar todo el entramado: ese componente onírico y surrealista es una especie de foco deslumbrante que oscurece todo lo demás.


Contiene spoilers

Y todo lo demás se resume en un personaje principal: David Haller (Dan Stevens: el soso pretendiente de Mary en Downton Abbey, y la Bestia de la Bella Emma Watson), un hombre atormentado por su mente, a la que acuden infinidad de voces que impiden su tranquilidad. Clínicamente tratado como esquizofrénico, su espiral de drogas y medicamentos no han dado excesivos frutos, ni tampoco su paso por hospitales psiquiátricos, salvo por un detalle: en el último conoce a Sydney Barrett (gran trabajo el de la guapísima Rachel Keller, Fargo).

¿Quieres ser mi novia?, le pregunta casi con genuina ingenuidad David, y comienza su romance, un romance dificultado por la condición inestable de David y la aversión al contacto humano de Syd, que no permite que nadie la toque. Algo muy romántico porque se las tienen que ingeniar para eludir ese problema. Si a esto le añadimos que todo esto está siendo relatado por el propio David en una especie de interrogatorio en el que Clark (Hamish Linklater) intenta sonsacarle información y al mismo tiempo es el último obstáculo para que David no sea ejecutado, como pide su jefe, Brubaker (David Selby, Falcon Crest), el explosivo cóctel está servido.

En un intrincado juego de cronologías y realidades, vamos internándonos en la compleja y paranoica psique de David, que no sabe que sus captores pertenecen a la División Tres del Gobierno, la cual lidia contra mutantes peligrosos para la humanidad. La escena de la piscina será el prolegómeno de todo lo que nos espera a nivel visual, y ese primer episodio culmina con el rescate por parte de Syd, alistada por Melanie Bird (Jean Smart, Fargo), que lidera una especie de X-men de andar por casa, sin trajes neomodernos ni instalaciones del siglo futuro.

En el complejo donde lo ocultan, algo así como una casa de campo setentera, intentan llegar a la raíz de los problemas de David, internándose en sus recuerdos para dar con el detonante de sus poderes. Porque es eso y no enfermedad esquizofrénica lo suyo. Estamos ante un mutante muy poderoso, con poderes telekinésicos, capaz de leer pensamientos y mover objetos a voluntad de su cabeza (entre otras cosas).

Pero este buceo en los recuerdos, que es facilitado por Ptonomy Wallace (Jeremie Harris), cuyo poder mutante es recordarlo todo y meterse en los recuerdos ajenos, resulta problemático porque algo en David se resiste. La cara de su padre oscurecida, su perro King, un cuento infantil sangriento, un psicólogo al que le pregunta qué decían las estrellas... Por más que Ptonomy dice que allí están seguros, un monstruo deforme con ojos amarillos muy amenazante parece sugerir lo contrario, aunque sólo lo ve Syd.

Syd, a todo esto, es como Pícara: no puede tocar a nadie porque absorbe sus poderes, transformándose en la otra persona si lo besa, como pasó con David cuando Syd iba a abandonar el hospital (¿quién era el hombre que la acompañaba y que la podía tocar?, no vuelve a aparecer ni se habla nada de él). Debido a ese beso, puede percibir alguno de los peligros que acechan en la mente de David, materializados en forma de Lenny (camaleónica Aubrey Plaza), una compañera del psiquiátrico que mata sin querer Syd cuando se metió en el cuerpo de David.

El genio del grupo, Cary (Bill Irwin), es quien estudia el cerebro de David. La peculiaridad de Cary es que comparte cuerpo con la joven e impetuosa Kerry (Amber Midthunder), lo que los hace una pareja de mutantes de lo más peculiar e interesante. Y queda por referir al marido de Melanie (¿cuál es su poder?), el travoltiano Oliver Bird (Jermaine Clement), que está encerrado en otro plano astral, dentro de un cubito de hielo (su cuerpo está en una cámara frigorífica o algo así, dentro de un traje de buzo), también con poderes mentales, pero un poco desfasado y olvidadizo.

Apenas hay trama que referir salvo que la División 3 se hace con la hermana de David, Amy (Kate Aselton), y David quiere salvarla. Por el camino, descubrirá la magnitud de sus poderes y el peligro que reside dentro de su cabeza, ni más ni menos que un parásito enemigo de su padre real (David es adoptado, como le cuenta Amy), Amahl Farouk, el Rey de las Sombras (los fans del cómic imagino que saben más de él), que ha tomado diversas formas para hacerse con David y sus poderes.

Lo mejor, como digo, es todos los recursos de los que hace gala: hay escenas donde no hay sonido alguno, otras con carteles tipo cine mudo, se mezclan alucinaciones con la visión real, a través de unas gafas que eliminan esos atacantes zombis que pueblan una escenografía dominada por el color rojo de la alarma, se nos explica lo que pasa con la mente de David por su parte racional, y a través de una pizarra cuyos dibujos en tiza cobran vida... Suplen a la perfección los agujeros argumentales y hacen que esta serie cobre un valor superior (8,7 en Imdb).

Escenas congeladas, espacios mentales paralelos (por ejemplo, donde David y Syd pueden entrar en contacto, dominado por el color blanco), ataúdes donde encerrar los peligros, personajes duplicados al alternar el personaje real con el dimensional... Salvo unas decepcionantes intros (no hay ni canción de cabecera, apenas los títulos), no hay más que aplaudir la valentía, aunque es verdad que cuando el Rey de las Sombras elabora una trampa mental en forma de hospital psiquiátrico que la propia Lenny dirige, se hace demasiado largo.

Para acabar, lo esperado, con ese Oliver que había conseguido escapar de su trampa astral, y algo inesperado, con una especie de bola pokemon que se hace con David. Se abre la puerta a la segunda (merecida) temporada, y esperemos que las dosis justas de episodios y complicaciones siga manteniéndose en equilibrio como hasta ahora, aunque es verdad que requiere de un notable esfuerzo para no perderse con tanto plano y tanto recurso estilístico. Recursos necesarios para que no ocurra con superhéroes tan poderosos que resultan planos y aburridos, como le pasa a Superman y por momentos Doctor Strange.

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