El diario violeta de Carlota. Gemma Lienas. Destino

(176 páginas. 12,95€. Año de edición: 2013)
Es indudable que es necesario concienciar del tema de las desigualdades de género que existen hoy en día en la sociedad, y que solo por eso el libro dedicado a hablar de esto merece la pena. La saga de Carlota, iniciada con las dudas de la niña respecto al sexo (El diario rojo de Carlota, cuya reseña está aquí), aparte de su versión masculina correspondiente, se ha continuado con todos los colores posibles: amarillo, azul, naranja y, aquí, el violeta.


Y si bien podemos situar al personaje de Carlota como de uno de los tres más carismáticos dentro de las colecciones con un protagonista común, al lado de Flanagan y de Monolito Gafotas, en este libro me ha parecido que al acentuar el tono didáctico se le ha restado capacidad novelesca. Que la única trama más o menos argumental (hasta el último tercio cuando llega un nuevo compañero de clase en forma de Marcelo) sea ver lo que le pasa o le deja de pasar a Plaff, el ratoncito que adoptan Carlota y su hermano pequeño Marcos, lo dice todo.

Era complicado, no digo que no, conjugar lo novelesco con el asunto principal, que no es otro que el de ponerse las gafas violetas para descubrir y denunciar todas las desigualdades por razón de sexo. Nos ponemos de acuerdo con la abuela Ana, la impulsora de dicho diario, y aborrecemos del machismo de la otra abuela, Isabel, pero incluso la vecina Laura es de una delgadez psicológica casi patológica. Como la feminista madre, como el propio padre, que en principio está en el bando de las personas progresistas que se quejan de las desigualdades, pero que las fomenta de facto por ejemplo al criticar, desde su punto de vista de empresario, que sus trabajadoras se den de baja por maternidad.

El mayor problema viene en que las modalidades textuales expositiva y argumentativa se comen a la narrativa, y eso se filtra en los propios diálogos. La autora no ha conseguido que los personajes tengan voz propia, sino que son el eco de las explicaciones y argumentos que se dan en torno al tema del libro. Por ejemplo, la madre rebatiendo al padre en un tono que bien podría adscribirse al de una conferencia:
"-Tienes razón. Si fuera empresaria en un mundo de valores masculinos, me subiría por las paredes, como tú, si una trabajadora mía tuviera que dejar de trabajar unos meses para parir. La cuestión es si no sería necesario revisar los valores masculinos. Tal vez algunos podrían continuar aplicándose, pero otros deberían eliminarse en favor de valores femeninos (...)"
A continuación la abuela parece un calco de las expresiones de la madre, con las mismas explicaciones de esa conferencia feminista que no es tal:
"Piensa que, según la Constitución española, los hombres y las mujeres somos iguales y, por tanto, que las mujeres tuvieran que pagarse la baja por maternidad marcaría una desigualdad terrible. Por otra parte, imaginémonos un mundo diferente, donde las mujeres aplicáramos nuestros valores. Puedes estar segura de que parir se consideraría un trabajo o un bien para la sociedad tan importante como el trabajo remunerado"
Pero bueno, interesantes son las historias que conocemos de ablaciones en países de África y de Asia, la tiranía de la delgadez que impone el canon de la moda y de la publicidad, la desgracia social que supone en China ser niña, la situación de esclavitud de la mujer en Afganistán y, en general, cualquier situación que recuerde que la mujer sigue por debajo del escalafón social por el mero hecho de ser mujer. Siempre viene bien que te recuerden los datos estadísticos de estas injusticias.

Y siempre viene bien tratar temas como el sexismo del lenguaje: "Lo que no tiene nombre no se puede identificar; no se ve. Eso quiere decir que el lenguaje condiciona la manera de ver la realidad. Ahora, ¿crees que se ven de la misma manera una niña que se llame Olguita y un niño que se llame Ramón? ¿Crees que crecerán teniendo una idea similar de lo que son cada uno como personas?". Algo parecido al uso genérico del masculino, que como mínimo produce confusión de términos.

El caso es que Carlota decide crear la ACOMI, Asociación Contra los Modelos Impuestos, en la que su amiga Mireya se alinea sin dudas, y que va creciendo conforme el impulso del entusiasmo de Carlota y de Marcos. El ejercicio de ponerse las gafas violeta cada vez que observan una situación de desigualdad es tan edificante como instructivo, al igual que cuando imaginan cómo sería aplicar al sexo contrario determinados casos sexistas (¿una presentadora en bikini tiene su equivalencia en el sexo masculino?).

Por todo lo dicho, si bien no me parece una lectura apropiada para la asignatura de Lengua, debería ser lectura obligada en cualquier tutoría de la ESO, que además daría muchísimo juego para debatir y reflexionar.

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