El ogrito. Zapatos de arena. Suzanne Lebeau. ASSITEJ

(136 páginas. 8€. Año de edición: 2016)
Dos obritas breves teatrales conforman este libro diseñado supuestamente para el público infantil. Digo lo de supuestamente porque yo lo veo poco para niños en el sentido de que el lenguaje empleado es muy poético y simbólico, aunque es cierto que al permitir varios niveles de lectura cada sector de público puede escoger con qué nivel quedarse. Pasaríamos de una lectura superficial para niños pequeños (no sé qué edades, pero como máximo para niños de Primaria, no veo esto para los nuestros de Secundaria) a otra más profunda para los adultos. 

Siempre es buena noticia que haya proyectos o editoriales que se ocupen del sector infantil y juvenil, y más aún si se trata del género teatral, tan poco explotado en este país. Se trata de una edición austera, sin ilustraciones de ningún tipo, pero con una tipografía muy bien cuidada, un tamaño muy manejable y un papel muy agradable. Ojalá vaya creciendo el catálogo.

Es cierto que mi desconocimiento de la literatura infantil hace que me parezcan estos textos bastante complejos. En el primero, un niño demasiado grande va a empezar a ir a la escuela. Su Madre está bastante preocupada: por el camino hasta llegar, por si los otros niños lo van a rechazar por ser tan diferente, y por otros motivos que se irán descubriendo. El miedo es el tema central de la obra, hasta llegar a resultar bastante perturbador desde el momento en que el color rojo comienza a ser un elemento desestabilizador.

El ogrito, llamado para la ocasión Simón, tiene un padre desconocido del mismo nombre, y este padre resulta que era un ogro y que parece que se comió a sus siete hermanas pequeñas. Por eso cuando la sangre es algo irresistible para el pequeño Ogrito, tendrá que pasar las tres pruebas que Simón padre no pudo superar. Un final un tanto truculento en forma de dedos es el ejemplo perfecto de que, pese a que juega con muchos tópicos de la literatura infantil (el ogro malo, el camino peligroso, las pruebas a superar...), se les da la vuelta por completo.

Con Zapatos de arena (subtitulada El mundo en doce vueltas del reloj de arena) vamos un paso más allá en cuanto a simbolismo. Dos hermanos, el pequeño León y la mayor, Elisa, viven encerrados en una casa con el yugo de un reloj de arena que marca todos sus movimientos, además del miedo implícito al Hombre del Saco como avisa el Gran Libro del Afuera. Hasta que los zapatos huyen y el pequeño va detrás, rompiendo todas las barreras de esos presuntos peligros que acosan a Elisa en la persecución de su hermano. Al final, la luz de la luna llena es como el punto de no retorno para la propia Elisa, que empieza a dudar de la existencia del Hombre del Saco.

Aunque para mi gusto son textos demasiado metafóricos (sobre todo Zapatos de arena), se trata de una propuesta que merece la pena. Propuesta que te atrae más después de leer las reseñas de la resad y la de El kiosco teatral.

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