Mr. Robot. Temporada 2

(USA Network. 12 episodios: 10/07/16 - 21/09/16)
Contiene spoilers

Pocas veces vamos a encontrarnos con una temporada segunda que, ahondando en la esencia de la serie (revelada al final de la temporada pasada), cambia tanto para ser otra cosa distinta de la que se nos ofrecía al principio (hasta el quinto episodio, de hecho, Elliot no se acerca a un ordenador, cuando antes estábamos ante un don Quijote informático). Incluso esa crítica a la sociedad, vía Fuck Society, está más difuminada, puesto que nos hemos adentrado en terrenos de la ciencia-ficción (una utopía rayando en distopía) con el principal banco, E-Corp, cuasi en bancarrota, con caos en EEUU, cajeros saturados y sin efectivo, dependencia de los créditos de China, cortes en el suministro eléctrico, una sociedad siniestra (también china) llamada Dark Army, y un ejército de hackers que ahora son los que manejan el cotarro.

El nexo de unión es Elliot, y ese es el mayor peligro. Elliot ya no confía en sí mismo (Control is an illusion, reza uno de los lemas para la temporada) y él mismo es una trampa mortal para los espectadores, que en ningún momento podemos estar seguros de que si lo que vemos es verdad o se lo está imaginando. El recurso funcionó con poderío en la primera temporada, pero es un recurso excesivo y erosiona demasiado. Por no decir que da demasiado pie para que te sientas en casi todo momento estafado. La mentira puede ser algo puntual, pero no puede ser la base sobre la que se fundamente una ficción. He utilizado el adverbio "demasiado" dos veces en este párrafo, pero es que la serie ha sido demasiado. Demasiadas capas, demasiado retorcida, demasiado tramposa, demasiado manierista, demasiado excesiva, demasiadas complicaciones, demasiadas pretensiones.

No dudo en la genialidad de Sam Esmail, ni en la pléyade de seguidores que ha generado Mr. Robot, pero los derroteros de la temporada me alejan del entusiasmo de los wtf que se han vertido a su paso, sobre todo en el capítulo creo que 7, cuando se descubre que lo que estaba contando Elliot era una manera de maquillar el hecho de que había pasado los últimos casi dos meses en prisión. Te lo justifica a la cara diciendo que era necesario para él, para así soportarlo, y promete no volver a engañarnos, pero no resulta creíble, y más cuando él mismo desconfía de todo cuanto percibe. Por no hablar de esa tensión con Mr. Robot, ese padre-alucinación que es él mismo, el brazo armado de todo el jaleo, el promotor del colapso producido, el capo de toda la operación que espera entrar en la fase 2. Un protagonista con problemas mentales y casi autista está bien, pero un esquizofrénico con una personalidad escindida cuesta más.

La originalidad podemos aplaudirla, como el episodio 6, que empieza como si fuera una serie de los ochenta, tipo Los problemas crecen, con Alf de artista invitado, con risas enlatadas y el absurdo predominando la escena. Pero incluso esto se alarga demasiado. Es como la escena de Angela hasta que White Rose (fantástico BD Wong, Hugo Strange en Gotham y casi irreconocible cuando se caracteriza de mujer) aparece para mantener una conversación con ella tan críptica como esa habitación a oscuras, con la pecera secándose de fondo, una niña de interlocutora, un teléfono rojo, un ordenador prehistórico y un cuestionario ininteligible.

Siempre está esa sensación de que el efectismo es lo predominante. Pocos episodios no te sacuden un derechazo en la mandíbula al final. Pero a costa de lo demás. A costa de retorcer los parámetros, de cuestionar todo lo anterior. Cualquier explicación va a resultar válida, tanto como si Elliot es un cerebro maligno resguardado en un pelele, como si esa revolución iniciada solo existiera en su imaginación, como si al final la mosquita muerta de Angela es la promotora en la sombra... Todo puede pasar porque estamos ante una serie tramposa.

Nos atrae el descaro de Darlene, ahora mucho más angustiada y paranoica para no echar por tierra todo el esfuerzo de su hermano y de su fsociety, encargada de derribar al poderoso; el despreciable Phillip Price no puede estar mejor caracterizado y suscitar tanto asco, aparte de protagonizar algún diálogo memorable en ese retrato calculador, mezquino y ambicioso; y el personaje de Dominique DiPierro (Grace Gummer, la hija de Maryl Streep, ya vista en otras series de interés como The Newsroom) ha resultado uno de los mayores atractivos, y al mismo tiempo una vuelta de tuerca al ver cómo una agente del FBI resultaba tan perspicaz, cercana, implacable, comprensiva y al mismo tiempo solitaria, dando como resultado un personaje que se ha ganado las simpatías.

Pero el resto de personajes no alcanza tantos aspectos favorables. Con Angela a la cabeza, que pasa por momentos de tonta que no se entera, tipo infanta Cristina o Ana Mato, a femme fatale que es capaz de desestabilizar al mismísimo Price ("hoy es mi cumpleaños, ¿quieres cenar conmigo?, le pregunta; y ella le suelta un lacónico y destructivo "No") o acostarse con un hombre maduro por no sabemos qué motivos, y es que no se sabe por dónde respira o por dónde va a salir. Lo mismo te compone un gesto de muñequita desprotegida que le da por ser implacable.

Tyrell ha sido el ausente más celebrado. Este hombre sin escrúpulos, por el mero hecho de no aparecer, de pronto era uno de los personajes más añorados y nadie quería creer que estuviera muerto. En sí mismo se había convertido en un macguffin, un elemento distractorio. Y más cuando los supuestos mensajes o acercamientos a su voluptuosa mujer, Joanna, al final han resultado ser una pista falsa de Scott Knowles, uno de esos secundarios sin ninguna importancia, de modo que esa cuota de protagonismo no se entiende del todo bien (como no se entiende bien por qué Mr. Sutherland está a su servicio). Tyrell, aparentemente protegido por Dark Army, reaparece en el penúltimo episodio frente a Elliot pese a que su alter ego en forma de Christian Slater había asegurado haberlo asesinado, y cuando dispara pronuncia una frase que ha desatado otro torrente de suspicacias y teorías ('I love him' o algo así).

Trenton y Mobley se quedan en hackers un poco arrinconados pese a protagonizar la escena escondida en el último episodio (en la que Leon, el protector de Elliot en la cárcel, les pide fuego), Cisco estaba abocado a morir asesinado, Ray pisa con fuerza para acabar siendo un mero alcaide al que le rodea toda una invención fantasiosa de Elliot... Demasiados personajes sin redondearse.

La serie, pues, viene a ser como las escenas dentro de los vagones del metro: rara. Si bien hay que reconocerle mérito y originalidad, además de una factura impecable, ponernos a discutir si lo que pasa existe o no, o si Elliot muere por el disparo de Tyrell, o incluso elucubrar en qué consistirá la fase 2, es un tanto baladí. Mi única conjetura es si la tercera temporada acabará desnaturalizando por completo un producto interesante que podría haberse quedado en una única tanda de episodios. Como la serie tiene tantos agujeros, ya para acabar, me parece injusto que Rami Malek se haya llevado el Emmy.

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