Maldito karma. David Safier. Booket

(320 páginas. 7,95€. Año de edición: 2015)
Hay lecturas que no exigen ningún esfuerzo, sino que simplemente requieren la atención suficiente para poder pasar hojas y disfrutar sin más. Ninguna pretensión, salvo la nada desdeñable de hacerte disfrutar por medio del sentido del humor. Por eso quizá sea uno de los libros más vendidos y conocidos, al menos en nuestro país. Y aunque parece una tarea fácil, redactar páginas destinadas a hacer reír y, al mismo tiempo, no renunciar en el intento de la verosimilitud (por más increíble que nos la muestren), no lo es o si no cualquiera se pondría a escribir.

Narrada en 1ª persona por medio de la presentadora de televisión Kim Lange, que está a punto de recibir un premio en su país (Alemania), durante 58 capítulos asistimos a la caída y después recuperación del alma de esta mujer demasiado centrada en su trabajo y nada atenta ni a su marido Alex, ni a su hija pequeña Lilly. En términos del autor, está acumulando "mal karma", de ahí que de pronto se le caiga encima, cuando estaba en la azotea del hotel donde acababa de ponerle los cuernos a su marido con el guapo presentador Daniel Kohn, el lavabo de una estación espacial rusa.

Ya había avisado Kim Lange que el día de su muerte ese hecho había ocupado "como mucho el puesto número seis de los peores momentos del día". Pronto se nos ha referido cómo se enamoró de Alex (le salvó de ser violada por un italiano marrullero en Venecia, donde se había casado), que la había preferido a ella antes que a su ex mejor amiga Nina, que hará su reaparición más adelante, al igual que el conejillo de indias que le regala Alex a su hija por su cumpleaños. Todos los ingredientes dispuestos de antemano.

Hasta el momento de su muerte, sucesos más o menos triviales o más o menos costumbristas jalonan la narración, a no ser por unas notas a pie de página que se inician con la referencia de que uno de los amigos de Lilly estaba quemando hormigas con una lupa. Se trata de las "memorias de Casanova", reencarnado en hormiga hace más de 200 años. El mujeriego italiano, claro está, por su conducta bastante reprochable ha acumulado mal karma suficiente como para pasarse ciento quince vidas atrapado en el cuerpo de este laborioso insecto.

En el capítulo 6, un pedazo de "La estación espacial Foton M3" le cae a Kim en la cabeza ("el puto lavabo de esa puta espacial cayó sobre mi cabeza!"). Al morir, y este esquema se repetirá a lo largo del libro (con suficiente ironía como para darle variedad), su vida pasará delante de sus ojos (la primera vez con muchos guiones), después verá la luz, envolvente, dulce, cálida, amorosa, que la rechazará porque no se merece entrar en la luz del nirvana. Y más adelante despertará como una hormiga. Si todo esto no es suficiente como para llamar tu atención, añade que en cada reencarnación aparece Siddhartha Gautama (Buda para los amigos), siempre desnudo y gordísimo, para guiarle (o rabiarle) un poco (buenísima la explicación de por qué Buda y no Jesús o Mahoma guiándole: "Yo soy el responsable de las almas que creen en el budismo y también de todas las almas que no creen en nada (...) porque, conmigo, los que no creen no pueden ser castigados por no creer").

Parece un destino bastante funesto, pero hay sitios peores, como les pasa a los dictadores, que se reencarnan en bacterias intestinales. Casanova también dirá en sus memorias que Kim era el tercer caso que se había encontrado, tras Gengis Kan y Albert Einstein. Una vez que le conozca, juntos emprenderán el camino que les lleve a acumular buen karma. Y es que Kim enseguida se da cuenta de que ha desaprovechado su vida preocupándose de cosas nimias, en vez de prestar más atención a su niña pequeña, a quien verá bajo sus diversas formas (después de hormiga, en conejillo, en vaca, lombriz, escarabajo de la patata, ardilla, perro, para luego volver a un cuerpo humano).

Aparte de volver a estar con su hija, la preocupación se debate en torno a Nina, que ha vuelto a escena (se pelearon a los 20, cuando Alex estuvo a punto de acostarse con ella) tras su muerte. Su primera muerte, puesto que en el capítulo 13 llega la segunda: "Morir deglutida por Nina fue aún más tonto que morir aplastada por el lavabo de una estación espacial". Tras esa segunda muerte, comienza su nueva vida. "Una vida en la que Giacomo Casanova interpretaría un papel esencial".

Tras tratar de salvar a las hormigas de la inundación que iba a provocar Alex, se terminan las aventuras como insecto para empezar como conejillo. Casanova le acompañará de nuevo y menos mal, porque Alex se los lleva a su laboratorio de ensayos con animales, junto con sus otros hermanos ("Al escéptico con el número uno, lo llamé Schopenhauer. A la dulce hembra que le había echado el ojo a Casanova, la llamé Marilyn. Y al gordo, que comía rebosante de vitalidad, le puse el nombre de Depardieu".

Las siguientes reencarnaciones se dirimen en un capítulo, y ya como perro, dos años después de su primera muerte, regresa a su casa, aunque por entonces Nina y Alex están a punto de casarse. Incluso se lleva bien con su madre Martha, a quien comprenderá mejor reencarnada. De nuevo ayudada por Casanova, esta vez reencarnado en gato (y enamorado hasta las trancas de Nina), tratarán de evitar la boda, hasta que Alex le pide que deje de boicotear sus planes de seguir adelante con su vida. 

Actuar desinteresadamente le devuelve su cuerpo humano, pero al estar muerto, y al preferir luchar por Lilly y Alex sobre el nirvana, se reencarna en Maria, una mujer gordísima que acaba de sufrir un infarto al corazón. Pareciera que de ser humano le resultaría más fácil llegar hasta su familia, pero no lo es, entre otras razones porque cada vez que intenta confesar quién era ella, por su boca salen canciones populares. Tras varias carambolas más, acabarán todos en Venecia, dispuestos a llegar a un final feliz que cierre la historia.

Por el camino, como digo, una narración amena, sin pretensiones, divertida, hilarante en algunos momentos (como cuando Martha amenaza a uno de los niños que juega contra Lilly al fútbol, diciéndole que como siga así no llegará a cumplir los ocho años), una lectura ideal incluso para cursos a partir de 4º de la ESO porque no requiere mucha complicación, hay pocos títulos humorísticos y, en el fondo, el mensaje no deja de ser positivo, como valorar la vida y darle importancia a lo que realmente tiene importancia (y colorín colorado, mi reseña número 300 ha terminado, oé).

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