Blindspot. Temporada 1

(NBC. 23 episodios: 21/09/2015 - 23/05/2016)
Pocas series de más de 20 episodios se escapan a la quema de llegar a convertirse en una buena serie. Incluso míticas como Lost se perdían por culpa de los vericuetos de la excesiva duración y el relleno excesivo, y hoy en día el reto para series que abarcan el año casi por completo es resultar entretenidas, adictivas, con gancho. Mantener la expectativa aunque no vaya a convertirse en una Game of Thrones, un Breaking Bad o un The Knick. El ejemplo a seguir sería The Good Wife (siempre que hubieran sabido ponerle fin, claro) o, sobre todo, The Blacklist (al menos sus tres primeras temporadas), aunque para esto se necesita un personaje tipo Reddington, que justifica las salidas de pata que en algún momento u otro se producirán.

Y no, ni Jane Doe (guapísima Jaimie Alexander, aunque no se pueda hablar tan bien de su capacidad interpretativa) ni Kurt Weller (Sullivan Stapleton es lo peor de la serie, en todos los sentidos) son ese tipo de personaje, capaces de disimular las incongruencias, las inverosimilitudes o las exageraciones por exigencias de guión. Por eso, a medida que van transcurriendo los episodios, Blindspot va perdiendo fuerza. Da la impresión de que a quienes se les ocurrió la idea se hubieran quedado en poco más allá de ella. Porque el piloto tiene pegada, con una mujer con el cuerpo lleno de tatuajes que aparece desnuda dentro de una bolsa en medio de Nueva York, con instrucciones para ser entregada al FBI, en concreto a las manos de Weller. 

La estética es contundente, y cuando los agentes ven que los tatuajes incluyen información para resolver casos, el asunto se pone interesante. Porque se trata de casos muy complicados, retorcidamente complicados, que van desde implicaciones a altos cargos de la CIA y el FBI, a tratas de esclavas y demás jaleos.

El equipo de Weller lo incluyen el impasible Reade (aburridísimo Rob Brown), el tío con menos carisma del universo, que sólo se destaca por desconfiar de la entrada de Jane en el equipo A de Kurt Weller y por salir con Sarah (Jordana Spiro, cuyo papel es aún más anodino que el de Reade), la hermana de Kurt; Tasha Zapata (Audrey Sparza), la latina de español más malo en mucho tiempo, además de ludópata que debe pasta a su corredor de apuestas y por ello el de la CIA la tiene como topo (típico caso de sí pero no quiero); y la verdaderamente imprescindible Patterson (Ashley Johnson, la niña pequeña de Los problemas crecen), el cerebro del equipo y la que resuelve todos los entuertos desde su laboratorio (como Aram en The Blacklist, pero a lo bestia). Liderando el equipo, Bethany Mayfair (Marianne Jean-Baptiste), implicada en un caso de corrupción en una operación llamada Daylight.

Ah. No he dicho que Jane tiene sus recuerdos borrados (lo cual es otro aliciente para el inicio) y que Kurt cree que es en realidad Taylor Shaw, la vecina de los Weller que desapareció con cinco años, siendo Bill (Jay O. Sanders), el padre de Kurt, ahora con un cáncer terminal, el principal sospechoso). 

Por ahí queda por mencionar el psicólogo del FBI, Robert Borden (Ukweli Roach), el cual tiene como momento más célebre su confesión de que le gusta One Direction; el agente secreto o espía o lo que sea llamado Oscar (François Arnaud), que era el amante o el novio o el prometido de Jane antes de su borrado de memoria; la marshall Allison (Trieste Kelly Dunn, sin chicha incluso para formar un trío amoroso problemático), ex de Weller; Thomas Carter (Michael Gaston, que repite casi el papel de Fringe), turbio jefe de la CIA y también implicado en la operación Daylight; y el pobre David (Joe Dinicol), novio de Patterson y aficionado como ella a resolver sopas de letras y acertijos varios, que morirá al seguir una pista de los tatuajes. Tal y como está el nivel, habría que mencionar incluso a Ana Montes (Aimee Carrero), la hacker casi adolescente que aparece en un par de episodios.

No se trata solo de que la química entre Jane y Kurt sea equiparable a la de un sapo con una lechuza, ni que la amistad entre los del equipo importe menos que si llueve en Singapur, ni que por momentos haya un caso de robar cuadros famosos robados y se monten un Ocean Eleven en dos minutos. Los flashbacks en blanco y negro con los fragmentos de recuerdos no llegan a convertirse en puzzles lo suficientemente interesantes como para que de ahí saquemos algo en  claro (y eso que es la propia Jane la instigadora de esa complicada trama de tatuajes) y el final de temporada va en la línea de armarse un jaleo del quince (y eso que aún no hemos entrado en el caso Orion) porque Weller descubre que Jane no es Taylor, y entonces quiere detenerla, ya cuando Jane ha matado a Oscar porque este a su vez se ha cargado a Mayfair (hostia, no he anunciado de los spoiler, aunque si los reviento ahora lo mismo se ahorran 966 minutos a alguien con inquietudes de verla).

En fin, serie para quien tenga mucho tiempo libre y sea seguidor de seriales tipo CSI, El mentalista, Bones y demás morralla procedimental. 


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