The Enfield Haunting. Temporada 1

(Sky UK. 3 episodios: 03/05/15 -17/05/15)
No soy muy devoto precisamente del género de terror, pero las circunstancias mandan y las aficiones ajenas también, de modo que hay que adaptarse un poco y tratar de superar traumas casi infantiles como Poltergeist y escalofriantes escenas más adolescentes como la de Bob de Twin Peaks detrás del espejo. Acostumbrado a mis más próximos acercamientos un tanto tangenciales, como pueden ser Penny Dreadful o American Horror Story, vas descubriendo películas como It Follows (muy buena), Insidious (maldito uso de esa estridente música metálica) y esta miniserie británica que recrea unos hechos reales sucedidos en el norte de Londres en 1977 (y lo que me queda, me temo)...

El género del terror parte de pautas considerablemente marcadas. El tema de lo paranormal suele explotarse para generar una serie de preocupaciones o para explotar los miedos irracionales más recónditos. Hay productos que se inclinan por ser explícitos y no escatimar en sangre y en mostrar vísceras o sádicas maneras de matar por parte de entes inextricables o monstruos rezumantes de fluidos viscosos; y los hay que, por el contrario, juegan con las expectativas del espectador bordeando los tópicos, sugieren más que enseñan y dosifican los momentos más espeluznantes: amagos, quiebros y tramposos sustos suelen ser sus señas de identidad. The Enfield Haunting está un poco a medio camino, aunque esté lejos de la línea más macabra y sanguinolenta y no tenga reparos en mostrar espíritus, aunque el ambiente de inquietud generado no se atiene únicamente a estos momentos.

Sin duda, la serie juega con una baza poderosa: está basada en hechos reales, más o menos documentados. Podemos entrar en el juego o no, creernos la pauta o buscar mil millones de explicaciones racionales o científicas, pero la semilla de la duda ya está arraigada. Vamos a ver algo así como una representación ficticia de algo que ocurrió de verdad, que le ocurrió a una familia inglesa, como le podría haber ocurrido a una española, hace unos años o ahora mismo. Ese "te podría pasar a ti" es el mejor señuelo para introducirte el miedo en el cuerpo. Es como la imagen que encabeza la entrada, en la que una estampa familiar queda marcada por una alteración fuera de lo normal. ¿Y si ese timbre que suena a las 2 de la mañana cada jueves, y si esas llaves que aparecen en donde menos te lo esperas cuando siempre van a parar en el recibidor,  y si la tele que cuando llegas a casa está encendida, y si esos ruidos que no tienen mucha explicación fueran otras manifestaciones paranormales que no han hecho sino empezar?

Así que nos metemos en materia y establecemos la empatía necesaria para creernos lo que nos cuentan (más allá de creernos que esas cosas puedan suceder), elemento imprescindible para disfrutar más de lo que nos ofrecen ver. Entrar en la historia es creérnosla, para hacerla nuestra, para identificarnos con los héroes o antihéroes de turno a los que les suceden cosas más o menos fuera de su control. Ese es el mayor mérito de esta miniserie, que nos van contando lo que pasa de una manera tan natural como podría haber sido el contarnos que  Janet se ha caído de la bici.

Empiezan a pasar cosas raras en esa casa un tanto desvencijada, en la que una familia compuesta por una trabajadora madre, Peggy Hodgson (Rosie Cavaliero, su mayor mérito reside en parecer una inglesa de a pie normal y corriente, con su afición por el tabaco y sus maneras bruscas para echar la bronca a sus hijos), divorciada y con cuatro hijos (aunque uno está fuera): la hija mayor, Margaret (Fern Deacon, la joven Mina en Penny), la mediana y más revoltosa, Janet (Eleanor Worthington-Cox, el mayor descubrimiento, pedazo de actriz en ciernes), y el pequeño y más irrelevante Billy, llevan una vida hasta ese momento de lo más normal.

Una silla que se mueve, un armario que produce ruidos, elementos al principio algo tontos, pero que van generando un creciente terror. Y no se tratan de las historias de miedo que se gustan de contar las dos hermanas, ni de los sustos que se intercambian. Cuando la persona adulta entra en pánico por eso que no se puede explicar y no es cosa de niños, no hay vuelta atrás. Se pide auxilio a los vecinos, a la policía, y hasta la prensa da cuenta de ese poltergeist que no se oculta y que parece a la vista de todos, nada de esas típicas escenas en las que el protagonista queda en ridículo o como si estuviera loco. Cosas que se mueven, ruidos inexplicables, motivos más que suficientes como para ponerse en contacto con una especie de asociación de sucesos psíquicos extraños.

El séptimo de  caballería tiene la forma de un hombre calmado, crédulo, de mediana edad, con problemas de corazón, mucha paciencia, y un bigote frondoso, Maurice Grosse (muy bien Timothy Spall), el verdadero coprotagonista, junto con Janet. En seguida empatiza con todos en la casa y se hace querer, arregla desperfectos, cree a pies juntillas lo que sucede, y trata de encontrar soluciones. Con Janet establece un vínculo más fuerte, en parte (o sobre todo) porque la niña se llama igual que su hija, fallecida en un accidente de moto no hace demasiado. Esa otra Janet es el motivo fundamental de la conexión entre ambos, así como la nota de la discordia, porque en el fondo el hombre está tratando de salvar a su hija, no a Janet Hodgson.

Maurice está casado con Betty (Juliet Stevenson), y aunque parece al inicio que esta mujer le pone los cuernos con otros después de toda la vida casados, en realidad le pasa lo mismo que a él: no ha superado las muerte de Janet e intenta por todos los medios restablecer el contacto con ella y para ello acude a sanadores, médiums y charlatanes de tres al cuarto. Esta relación es uno de los puntos fuertes de la serie, así como los mecanismos de  cada uno para superar el dolor y la pérdida.

Por otra parte, está  Guy Playfair (Matthew Macfadyen, Un funeral de muerte), otro miembro de la sociedad psíquica, este más relevante al haber escrito un libro y haber tenido otro contacto con el más allá, en Brasil. Eso sí, este hombre al principio se muestra escéptico y trata sobre todo de desentrañar lo que él considera una mentira, un embuste, una forma de socavar el prestigio de su sociedad. Hasta que llega la angustiosa escena de la cortina, en la que salva a Janet y recibe un empujón hasta la pared contraria.

Más que saber por qué Janet está tan vinculada al espíritu de un hombre que murió en aquella casa, importa más ir acompañando a los personajes ante unas circunstancias especiales. La familia Hodgson está en todo momento vigilada por Maurice, Guy y otros miembros de lo paranormal, y los sustos van llegando, como van llegando  apariciones del espíritu del viejo infame, y respingos varios. Tratan de ponerse en contacto con este espíritu que no parece tener muy buenas intenciones y tanto la médium poseída como la propia Janet y la voz ronca que le sale  por la boca está muy bien recreado.

Quizás sobren esos momentos de alucinaciones de Maurice, quizás haya momentos un poco exasperantes porque la acción avanza lentamente, quizás sea excesiva esa escena en la que no se trata de un solo espíritu, sino de una legión, o quizás el rollo del "¿me perdonas, hija?", que se trae Maurice y el espíritu de Janet sea un poco cansino, pero en líneas generales se mantiene la inquietud y la intriga. Eso sí, la resolución, ese último episodio más bien, no está del todo bien conseguido, más bien deja bastante que desear, aunque pronto se ve que no iba a venir nada nuevo por ahí y lo que contaba era aplaudir la gran actuación de Eleanor, cuyo personaje pasa un calvario tremendo, electroshock incluido.

En líneas generales, yo lo recomendaría, aunque el sector "amo las películas de terror" ha opinado que la serie no asusta nada (y hay que recordar que ese es uno de los objetivos fundamentales para este sector pseudomasoquista que gusta de morirse de miedo).

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