Gotham. Temporada 2

(FOX. 22 episodios: 21/09/15 - 23/05/16)
Contiene spoilers

Lo bueno de que una serie no alcance un nivel extraordinario de primeras es que no tiene esa presión a sus espaldas para mantenerlo. Pero mejor aún es que todos aquellos aspectos que habían resultado menos logrados se corrijan. Y era indudable que lo que hacía que Gotham no alcanzase cotas más altas era el lastre de la estructura procedimental de casos que se iban resolviendo en cada capítulo, algo que habían empezado a corregir conforme iba acercándose el final de temporada.

Lo positivo es que la sensación de escalada de peligro y de criminalidad va en aumento. Bajo el subtítulo de "Rise of the villains" en la primera tanda, el punto fuerte que siempre ha tenido la serie, el de unos futuros enemigos de Batman muy bien caracterizados, al crecer y madurar, ha ido acercándonos a esa ciudad marcada por la locura, la ley del más fuerte (o más loco) y el todo vale. Una Gotham ingobernable y oscura en la que la justicia y la ley son dos palabras cada vez más endebles, por lo que un justiciero encapuchado es el único asidero para la esperanza. Todavía queda mucho para eso, pero al menos se va atisbando. 

Lástima que la segunda tanda, "Wrath of the villains", se nos haya perdido un poco con resurrecciones no deseadas de personajes que habían acabado su arco argumental y que nada aportan con una continuación cogida de alfileres. La demostración perfecta de que a la serie le sobran episodios. 

Pese a no haber sabido bien acabar el relato que iba adquiriendo fuerza en la primera parte (y pese al horrendo final de temporada), hay esperanza para que la tercera temporada prosiga por buen camino, aunque ya va siendo hora de que se produzcan un par de avances narrativos que exigen, sí o sí, una elipsis temporal para que Bruce Wayne crezca un poco más y al menos adquiera el rango de universitario. Algunos villanos podrían incrementar su influencia de esta manera. Hay que ir aceptando que en Gotham los malos van comiéndole la tostada a los buenos. Sería hasta recomendable que la oscuridad prevaleciera a marchas agigantadas.

Al margen de esto, otro de los puntos débiles de la serie es que todo gira en exceso en torno a un James Gordon que Ben Mckenzie no logra hacer creíble (y no sólo hablo desde el rencor de que se haya casado con Morena Baccarin). El antes íntegro policía, tras haber ajusticiado al hiperbólico Theo Galavan (James Frain), transita por el lado oscuro y aunque la resurrección del malo maloso le resta trascendencia a que la honradez haya dejado de ser una línea roja, no cuadra para nada con el personaje de los cómics. Quiero que los guionistas se empapen de aquel hombre bigotudo y sobrepasado por las decepciones, y dejen de lado a esa roca sólida o kamikaze que se apoya en ocasiones en el contrapunto de Harvey Bullock, ahora comisario tras la muerte de Nathaniel Barnes a manos de Azrael/Galavan.

Por otro lado, Bruce Wayne, acompañado de su inseparable Sancho Panza en modo criado, Alfred Pennyworth, aunque ha hecho avances personales incuestionables, dista mucho de ese personaje atormentado y, sobre todo, entrenado en artes marciales, experimentado en la lucha cuerpo a cuerpo, acostumbrado a ordenadores mega avanzados con los que perseguir el crimen. De igual modo, la relación con Selina tiene que empezar a atormentarse. De entre el bando de los héroes, nos faltaría hablar de un todavía algo destemplado Lucius Fox, porque Leslie Thompkins, para nuestra desgracia, yo creo que va a desaparecer de escena (entre otros motivos porque Bacarin va a convertirse en estrellaza, no creo que sea solamente por su embarazo), algo que ya ha hecho Harvey Dent, casi desaparecido en escena.

Del lado de los villanos, el rey sigue siendo Pingüino; si bien Oswald Cobblepot ha pasado por todo tipo de situaciones (salvado a última hora por Nygma, lavado su cerebro en prisión por los planes de Hugo Strange, un buen sustituto a Galavan desde esa cárcel de Arkham, que podría dar mucho más de sí pese a todo, recogido por su padre verdadero y puteado por su familia política en lo que devino en algo burtoniano, para acabar de nuevo siendo el capo de la mafia de Gotham como antes, pero más trastornado), estas resultan un tanto excesivas, aunque casi siempre consiguen encajarlo más o menos bien. 

Otro que ya ha desarrollado su insania mental es Edward Nygma, y ya veremos si consiguen sacarle provecho más allá de apuntes un tanto intrascendentes. Más peso tiene Barbara Kean, que de novia soporífera pasó a loca del coño de lo más bizarro y ahora tiene momentos bipolares al menos divertidos. No soporto a Butch en ninguna de sus versiones (ni esbirro de Pingüino, ni capo mafioso, ni enamorado de Tabitha (su personaje no valía nada, pero qué guapa Jessica Lucas...) y por dios, otra vez Fish Mooney no. Me dan ganas de abandonar la serie con tal de no ver a la actriz más sobreactuada de la historia. Porque el rollo de las resurrecciones tenía un pase si quien volvía era Jerome, pero esta pesada no.

Lástima del final de la trama de Arkham y de Hugo Strange (bien BD Wong hasta ese último episodio), con el punto humorístico del agua que le pide la estrambótica Peabody (irreconocible Tonya Pinkins en su perfil) como lo único salvable, y veremos si le dan más alcance a Victor Fries/ Mr. Freeze (Nathan Darrow, Meechum en House of Cards) y a Bridget Pike/Firefly (Michelle Veintimilla). 

Y poco más que decir, puesto que el final de temporada es mejor olvidarlo...

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