Sherlock. Temporada 4. La novia abominable

(BBC. Capítulo especial: 01/01/2016)
Contiene spoilers

Este capítulo es la demostración perfecta de la envidia que me suscita la televisión británica. Allí a la lista de actividades navideñas, tales como la Nochebuena, la Navidad, sus uvas (o lo que quiera que hagan) y sus qué sé yo, pueden añadir el recital de episodios especiales para estas fechas que reciben, en vez del correspondiente José Mota (Cruz y Raya, Morancos, Martes y 13...). Si el año pasado era el estupendo capítulo de Black Mirror, este año le ha tocado lucirse a Sherlock, una serie con aroma a película que suele tardar bastante en comparecer, pero que lo compensa con obras maestras como esta.

Este capítulo especial, etiquetado como propio de la cuarta temporada (de la que han anunciado tres nuevos episodios..., para 2017...), ha tenido todos los ingredientes para deleitar al espectador: lo que parecía una trama paralela, ambientada en 1890, es decir, en la época original de Sherlock Holmes, resulta no serlo tanto, sino que, por el contrario, está imbricada con los acontecimientos que todos conocíamos. Y su finalización, además, te deja con las espadas en todo lo alto para encarar esa cuarta entrega.

Las señas de identidad de esta serie nos las encontramos de inmediato: esa capacidad de deducción de Sherlock, esa fidelidad casi a contracorriente de John, esa icónica calle de Baker Street, esos fantásticos secundarios que dan relieve a la ficción (Lestrade, Mrs. Hudson, Molly, Mycroft, Mary, Moriarty...), los juegos visuales con cámaras que pasan a hacer zooms circulares a cámara lenta, o que repasan alguna escena desde otro enfoque, las transiciones entre escenas, la manera de hacernos llegar la lectura de cartas (en vez de sms o similares mensajes en el móvil), los sorprendentes giros de la trama...

Al empezar de esta manera paralela, volvemos a disfrutar, aunque en dosis condensada, de los inicios entre estos dos personajes: cómo se conocen, cómo su sociedad enseguida se posiciona, cómo consiguen una tremenda notoriedad, cómo el relato de John Watson establece una manera de ser de Sherlock Holmes. Este último aspecto me ha encantado. Se nos viene a decir que el Sherlock que tenemos en pantalla es en buena parte el que John quiere que tengamos, no el que él verdaderamente es. Así, la drogadicción de nuestro investigador, por ejemplo, queda bastante atenuada. O su asombroso ingenio o su sociopatía parecen mitigados (por ejemplo, no recuerdo quién hace referencia a que es el menos listo de los dos hermanos Holmes).

Las variantes que se nos arrojan a menudo son autorreferenciales, e incluso son como pistas para que ejerzamos de investigadores nosotros mismos. Ver a un Mycroft paralelo exageradamente gordo, engullendo todo lo que pilla a mano (con ese hilarante preámbulo en la entrada del club en el que está, con el juego del lenguaje sordomudo que establecen Sherlock y el anciano recepcionista, al que se le añade el infructuoso intento de John por estar a la misma altura: el sentido del humor como otra de las -muchas- señas de identidad de esta producción de la BBC), o a un incapaz y resignado (y muy humorístico) Lestrade, o a una mrs. Hudson exigiendo -sin pedirlo directamente- más protagonismo en las narraciones de John Watson, o a Molly disfrazada de hombre, o a Mary Watson (genial esa frase que da la vuelta a su marido, cuando le dice que la llevará a casa y tiene que rectificar) como contraespía para la mole del hermano de Sherlock, por no hablar del bigote que se calza Watson, o el famoso gorro de Holmes, son una gozada para cualquier fan de esta serie. Y qué decir cuando le oímos decir a Sherlock el célebre "elemental, querido Watson"...

El caso, el asesinato de Emilia Ricoletti a su marido después de haberse suicidado, quizás sea lo de menos, aunque es verdad que el listón está tan alto que no cualquiera de las investigaciones que John elige contar (aunque no sea en puridad nuestro narrador a ojos televisivos) podría valer. El más difícil todavía es uno de los listones más complicados contra los que esta serie tiene que luchar. Por eso, ha sido todo un acierto devolver a nuestra pareja de héroes a la época victoriana de la que proceden. Al encontrarnos con referencias a los míticos personajes pergeñados por Conan Doyle, como el famoso último encontronazo entre Holmes y Moriarty, se nos añade más riqueza narrativa.

Y qué decir cuando de pronto vemos que lo que era un aparentemente caso ambientado en otra época resulta que no era tal, sino que estábamos asistiendo a un ejercicio mental de Sherlock, el llamado por él mismo "palacio mental", un "truco" para hacer frente al reto que Moriarty le ha dirigido. Es decir, volvemos justo al mismo momento en que Sherlock tenía que abandonar Inglaterra y Moriarty iniciaba su cyber ataque, aunque al final no se resuelva nada, sino que se nos abre una puerta que no se atravesará hasta 2017. Las continuas idas y venidas entre los dos planos temporales (o mentales) serán constantes, y la resolución del caso y del episodio nos dejará la duda de cuál de los dos momentos es el verdadero, si es que alguno de los dos cumple tal premisa.

En fin, que es una gozada ver las actuaciones de Benedict Cumberbatch (joder con el apellidito) y Martin Freeman (que se han convertido en dos colosos de la interpretación contemporánea), acompañados por el histriónico (pero genial) Andrew Scott o el enigmático Mark Gatiss, entre otros. Es tanta la riqueza de este episodio, que es muy difícil entender el 100% de las posibilidades que se nos ofrece (por ejemplo, he leído algo de las anotaciones que se nos muestran en el papel que Sherlock le entrega a Mycroft en el avión, y algún Holmes en potencia en comentarios que he leído lo ponen en relación con la referencia a la apuesta sobre la muerte del Mycroft gordo, y hasta aquí puedo leer que me parece tan fantástica la apreciación que le consideraría rango de spoiler). El 8,6 con que IMDB califica este "The abominable bride" me parece tremendamente escaso. 

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