Una vez Argentina. Andrés Neuman. Alfaguara

(296 páginas. 17€. Año de edición: 2014)
Me gusta mucho cómo escribe Andrés Neuman, sobre todo en la distancia corta, aunque sus novelas nunca podrán estar mal escritas. Al igual que este libro de memorias, autobiografía o como quiera llamarse. Como quiera, pero no novela. El narrador en 1ª persona, él mismo en sus años argentinos (que recorren su infancia y parte de su adolescencia, aunque también se extienden a los años previos a su nacimiento), no es elemento suficiente para configurar una novela, por mucho que la solapa del libro haga uso de ese término (dice: "es un relato de aprendizaje, una novela política y un poema de amor a los ausentes"; con lo primero podríamos discutir y lo último parece fuera de toda duda).

Creo que tengo un problema de género. Sólo admito el de las novelas (realmente novelas) y el del relato corto. No me atraen los ensayos ni las narraciones no ficciones. Necesito que pasen cosas, que haya hilaron entre escenas, necesito que los personajes evolucionen. Y si no engañado, un tanto de decepción hay cuando me espero una historia al uso y no relatos sueltos, fragmentos desvaídos y no coleccionados en los que aparecen por las páginas del libro padres, hermano (Diego), abuelos, tíos. 

Y sí, es hasta casi emocionante alguna apelación directa a estos personajes que son familiares directos para el autor ("Me gusta imaginarte, madre, en el vagón de un tren hacia Retir (...), verte así, imposible, más joven que yo"), pero no me termino de creer las emociones ni consigo realizar una composición de lugar completa. No ayuda ese cierto desorden o esa extraña arbitrariedad al traer a colación a unos y otros sin una clara vocación cronológica. Como difuso telón de fondo, sucesos históricos de Argentina van siendo recorridos (la guerra de las Maldinas, el Mundial del 78, distintos gobiernos...), pero ni los personajes que son los principales terminan de conformarse un relieve. 

Se supone que se me va a aproximar a un universo íntimo y familiar, pero sólo reconozco la característica y cuidada manera de escribir de Neuman, con lo que el libro queda tan sólo como un ejercicio literario artificioso, brillante como una superficie nítida y pulida, pero hueca. Me quedo con la forma, pero no me convence el fondo. Sin ir más lejos, me pareció más hondo y sentido el homenaje a la madre en los relatos de Hacerse el muerto. Eso sí, siempre te recuerda que la palabra es más que una herramienta un arma arrojadiza:

El asunto ya no era tanto conquistarla como despojarme, al menos, del peso insoportable de mi cobardía.  
La vejez se convierte en una visión progresivamente incómoda para sus testigos, un futuro contagioso al que no conviene acercarse demasiado.

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