Peaky Blinders. Temporada 2

(BBC. 6 episodios: 02/10/2014 - 06/11/2014)
Aunque me suele gustar dejar un tiempo entre temporada y temporada, el buen sabor de la primera temporada y la corta duración de esta serie, unido a que aún no se han producido los estrenos de este curso, me ha llevado a incurrir en el delito de desdecirme. Y aunque las premisas eran buenas, el resultado aún ha sido casi mejor que en la primera temporada. Serie de las buenas, con aroma de clásico por esa producción tan cuidada, y con una BSO arrolladora (Arctic Monkeys, Laura Marling, Nick Cave, Pj Harvey, The Kills...), lo cual hace de Peaky Blinders un trallazo en toda regla.

La mayor pega que le puedo poner es de índole personal, ya que mi adorada Annabelle Wallis, mi encantadora (y dura de pelar) Grace, sale menos de lo que me gustaría, aunque es una de las bazas: se nos cuenta que se ha ido a Nueva York, que se ha casado, y por un momento parece que sólo tendremos aparición suya en el arranque, cuando se nos solventa el cliffhanger del final de la uno.

Situados dos años después de los hechos acaecidos en la primera temporada, el tablero de juego ha variado de manera sustancial: gracias al cerebro (y sangre fría) de Tommy, los Peaky Blinders han afianzado su posición y economía: coches, posesiones (se podría decir que tenemos el germen del lavado del dinero negro) e incluso prestigio. De ahí que Thomas quiera extender su influencia al mismo Londres, donde la cuota de poder se la reparten el clan italiano (liderado por el maniaco de Darbi Sabini, interpretado por alguien que se está especializando en personajes despreciables, Noah Taylor, el cortamanos de Jaime Lannister en Game of Thrones) y el judío (cuyo capo es otro personaje no menos desequilibrado, Alfie Solomons, el muy celebrado Tom Hardy).

El inspector Chester Campbell sobrevivió al disparo de Grace, aunque quedó con una evidente cojera, potenciada por ese bastón que resuena metálicamente a cada paso que da. Y ha ascendido a agente secreto de Churchill, por lo que su poder e influencia han incrementado. Ya conocíamos  el peligro de este hombre rencoroso, pero si añadimos que juega con impunidad, todavía peor. Le da igual con quién asociarse, siempre y cuando consiga la caída del hombre que le arrebató (según su forma de pensar) el amor de su vida. Por eso arrastrará a Thomas en sus pérfidos planes para salvaguardar la Corona inglesa de los intentos secesionistas del IRA y los independentistas irlandeses.

Del resto de personajes, Ada, la hermana díscola sigue siéndolo, ahora afincada en Londres e influida por las ideas comunistas de su marido, Freddy, del que sabemos, en la escena posterior a la explosión del pub Garrison, que ha muerto por la peste. El mayor, Arthur, acentúa ese componente desatado y rabioso que le hace ser un matón de cuidado, aunque a menudo cueste atarlo en corto, y más cuando le quedan secuelas de su paso en la guerra. Si al cóctel se añade que se nos hace cocainómano, cuidadito.

A John le cuesta cobrar protagonismo, eclipsado por el intelecto (y el carisma) de Tommy y la fiereza de Arthur. Además, la influencia de su esposa, Esme, a veces juega en su contra. Poco a poco, hasta Finn (más crecidito, ahora interpretado por Harry Kirton) le puede comer la tostada. Mucho más relevante y decisiva es la tía Polly, magnífica a pesar de que un componente la debilita: Tommy se entera del paradero de sus dos hijos arrebatados por las autoridades hace años y aunque la niña está muerta, da con el chico, que es otro de los descubrimientos de la temporada: Michael, interpretado por Finn Cole. El muchacho se muestra desde el principio como un estupendo fichaje, y no sólo para los aspectos contables.

Un par de personajes femeninos completan la baraja interpretativa: Lizzie Stark (Natasha O'Keeffe, confirmamos que no está emparentada con Arya o Samsa), la prostituta que estuviera a punto de casarse con John la primera temporada y que ahora es amante ocasional de Tommy, aunque asciende a su secretaria, tendrá una relevancia especial en el último episodio, durante el Derby. Y May Carleton (guapísima Charlotte Riley, y si no que se lo digan a Tom Hardy, al que debió de  conocer en el rodaje de esta serie), una joven viuda de alta clase social que se encargará de entrenar el caballo con el que los Shelby pretenden ganar la carrera, además de desbancar al bastardo de Sabini. May será la punta de lanza del triángulo amoroso entre Grace (aparecida por fin en el capítulo 4 y celebrada en el 5º, con escenas llenas de magnetismo cuando ella y Tommy están juntos, como cuando ambos conocen a Charles Chaplin) y Tommy.

Tenemos un electrizante último episodio que dirime las expectativas expansivas de los Shelby (tras una aparente y aparatosa caída en el penúltimo) en oposición del clan de Sabini centrándose en ese Derby, con el asesinato que Campbell exigía por parte de Tommy de por medio. Un giro sorprendente y la declaración del amor de Thomas (¿Grace, May? Yo apostaría por la primera, pero me puede la debilidad hacia ella, claro) hacen que las expectativas para la tercera temporada, prevista para este año, estén por todo lo alto. Altamente recomendable Peaky Blinders, sí.

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