Mr. Robot. Temporada 1

(USA Network. 10 episodios: 24/06/2015 - 02/09/2015)
Antes de nada, un desahogo: me cago en Blogger y en la madre que lo parió. No sé para qué está el botón de guardar si no te guarda nada. Después de varios días editando la entrada y que luego se te borre todo... En fin, no me quedan muchas más ganas de repetir lo que había escrito, así que resumiré:

Contiene spoilers

Mr. Robot es una serie muy buena y diferente, pese a que, sobre todo en los primeros episodios, suene tanto a tantas cosas: Dexter, Matrix, El club de la lucha, Spiderman (o cualquier otra de superhéroes), House of Cards (la pareja Tyrell-Joanna no tiene nada que envidiarle a la de Francis-Claire). Confirma aquello de que hoy en día la originalidad es saber mezclar los referentes previos para dar con un producto distinto.

Y lo es no sólo por esa trama en la que Elliot Alderson (Rami Malek está enorme, se merece desde ya figurar en las próximas nominaciones a mejor actor) es el eje de todo, en su aparentemente inofensiva apariencia de ingeniero informático de día en Allsafe, la empresa que lidera un buen hombre, Gideon (cambio de tercio para Michel Gill, a quien habíamos visto de presidente de los EEUU en House of Cards), a hacker consumado de noche, en plan vengador vigilante para que los débiles y oprimidos no sean explotados por los poderosos. Los cd's en blanco, rotulados con títulos de discos, serían los trofeos de sus intervenciones.

Elliot es un personaje complejo: escudado en su capucha, es inseguro, adicto a la morfina, paranoico, justiciero, teme a la soledad... Con muchas reticencias, se une a FSociety (Fuck Society), un grupo de activistas hackers que quiere tumbar a la todopoderosa corporación E Corp (Evil Corp, como la denomina él) y, de paso, el orden capitalista establecido. Acude a una psiquiatra, Krista Gordon (Gloria Reuben, ER), apenas tiene como amiga a Angela Moss (Portia Doubleday) y le cuesta confiar en la gente, como demuestra en ocasiones con una honestidad brutal a lo Calamaro.

Su némesis podría ser Tyrell Wellick (Martin Wallström), un joven ambicioso ejecutivo de E Corp que busca a toda costa ascender. Sus motores son el dinero y el poder y, sobre todo, su bellísima y perturbadora esposa, Joanna (Stephanie Corneliussen), con quien mantendrá conversaciones creo que en ruso y a quienes veremos en acción de maneras muy sorprendentes.

La producción de la serie es estupenda: juegos de cámara para acompasar las sensaciones de los personajes (confusión, drogas, nerviosismo, ira...), puntuales flashbacks, anuncios publicitarios, momentos tipo documental, escenas oníricas impactantes... Añadamos a eso una evolución de los personajes por parámetros no muy convencionales y bastante infrecuentes y por momentos no sabrás muy bien lo que acaba de ocurrir. Angela pasa de ser una angelita rubia plana y roma, de ser la amiga sin aristas ni filos de Elliot, de ser la novia de un inepto (Ollie: Ben Rappaport, un secundario sin mucho vuelo en The Good Wife), a emprender una cruzada contra Terry Colby (un alto ejecutivo de E Corp) y luego acabar pactando con el diablo.

Shayla (Frankie Shaw), la vecina de Elliot y la camello suya, esa persona despreocupada, afectuosa y buena gente, se involucra con Elliot confiando plenamente en él, pese a la amenaza de Fernando Vera (Elliot Villar), un camello iluminado que de psicópata sin muchas luces más allá de las alucinatorias, termina siendo una fuente de sorpresas (y de disgustos).

Darlene (Carly Chaikin, lo que pierde la muchacha de rubia...), que podría ser un verso suelto de la sociedad y estar de refilón o sin involucrarse mucho en FSociety (en la que están también Romero, Trenton o Mobley, pero son menos importantes) más allá de entretenerse para matar el aburrimiento, cuando Elliot está más pendiente de sus fantasmas internos, será quien ejerza de nexo de unión, aparte de que nos dará uno de los giros más impactantes. Casi como Mr Robot (Christian Slater), este misterioso y lunático personaje que nos deparará momentos WTF (what the fuck?) desde la escena del malecón, por no hablar de lo que ocurre en el episodio 8, que le dará una vuelta de tuerca a todo, obligándote a repasar los episodios anteriores.

Buenas interpretaciones (añado a los ya citados a Phillip Price -Michael Cristofer-, jefazo en E Corp, y al chino travestido que parece no ser tal cosa, con quienes se acaba la temporada en esa escena oculta tras los créditos, tipo Marvel), giros de guión, estupenda factura y la duda constante de si lo que acontece al final es real o si, por el contrario, está ocurriendo en la mente de Elliot. Puntuación de 9 en IMDB y 8,4 en Spoilertv. Altamente recomendable, aunque sólo sea para debatir y comentar ese desconcertante final.

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