After. Anna Todd. Planeta

(576 páginas. 17,90€. Año de edición: 2014)
Muchas veces las modas son impredecibles, por no decir que incomprensibles. Se pone de moda algo y no existen razones objetivas que expliquen ese algo. Me pasa con esta "novela", After. Me pasa también que me resulta inexplicable que se rellenen casi 600 páginas para no contar nada, y más aún que esta basura (¿literaria?) tenga cuerda para convertirse en una "saga".

Al margen de una lectura medianamente crítica, en la que es indigerible ese presente tras el prólogo porque casi implica que a medida que la pava va experimentando ese paso a la universidad lo va escribiendo a la vez; o esa medianía en la presentación de personajes planos y sin miras; o esa estructura episódica que se nos haya agotado la paciencia antes de transcurrir 50 páginas con esta división en capítulos cortísimos que más es una traba que un aliciente. Nunca antes se me habían hecho más largas 3 páginas con tanto parón. Ni me habían hecho sentir tan mal lector, que necesito tantos remansos para digerir a Tessa. ¿Novela papilla para lectores neonatos incapaces de seguir el hilo durante más páginas?

Al margen, como digo, de un repaso más exhaustivo, hay que preguntarse por qué este "Aquí empieza todo" de la portada, enmarcado en azul con un símbolo gilipollesco de infinito, ha podido tener éxito. Aquí no tenemos amores con vampiros, ni un universo distópico que podrían llamar la atención. No. Aquí tenemos una vulgar historia de llamémosle amor entre una niña buena llamada Tessa que está a punto de empezar en la WCU (Universidad de Washington Central) y un niño malo, Hardin. La niña es responsable, estudiosa, muy conservadora, amparada por una madre sobreprotectora y cansina, que sale con el típico novio americano jugador de fútbol, Noah, que es aún más responsable, conservador y aburrido que ella.

La chica se encuentra de compañera de habitación con una chica teñida de rojo, Steph, cuyo círculo de malas influencias choca enseguida con el acartonamiento mental de la tal Theresa. Porque estos chicos salen mucho de fiesta, beben, fuman, visten provocativamente y hacen todas esas cosas que los jóvenes suelen acostumbrar, para escándalo de su mamaíta. Y bien, Tessa, aunque le choca y se resiste, empieza a frecuentar esta otra vida. Y más cuando un chico que le mola, Hardin, está por ahí.

Si Tessa nos parece estúpida y anodina, vamos a dar a parar contra otro personaje plano, pero más estúpido aún, un pseudorrebelde que se muestra enfurruñado, cortante, que se las da de inteligente por leer un poco, pero como está bueno y tiene el pelo largo, está bien considerado y se le perdonan sus salidas de tono, sus pataletas de niño de 10 años. Tiene un secreto que no comparte con casi nadie, y no es otro que es medio hermano de un tal Landon, otro muchacho responsable y estudioso que le cae fatal, entre otras cosas porque Ken, su padre (rector de la universidad), se va a casar con Kate, la madre de Landon. A lo mejor por eso el idiota tiene pesadillas. O a lo mejor a alguien le importa el porqué de esas pesadillas (¿por leer After, quizás?).

Tal vez este libro es la constatación de la banalización de la juventud (y por eso su autora no puede escoger otra foto para la solapa que una haciendo el moñas). De su falta de miras. ¿Para qué buscar algo que te realice o le dé sentido a tu existencia, si te puedes ir de fiesta, conocer a un tío con tableta y tatuajes que te hace sentir como una mierda porque cuando se le cruzan los cables te habla mal, se burla de ti, te humilla, o incluso te grita? Como ha alabado mi culo, da igual, es el amor de mi vida, me hace sentir mariposas en el estómago, me altera los pulsos, no puedo dejar de pensar en él pese a que saca lo peor de mí. A la mierda con esa defensa de la feminidad porque soy una puñetera mitad que necesita ser completada de alguien, alguien a ser posible que me haga llorar a la primera de cambio.

Bueno, he olvidado algo fundamental que debería invalidar todo lo anterior: empezamos con una crucial nota del editor que nos avisa de que existe ¡una "aplicación After"!: "prepárate para una experiencia de lectura 360º" (te vas a pasar dando vueltas y vueltas y a lo mejor del mareo hasta te parece menos malo este libro). Lo mismo gracias a esa App y siguiendo "los símbolos del infinito que encontrarás repartidos" te idiotizas lo suficiente como para no reparar en los diálogos sonrojantes, sobre todo cuando hay escena íntima de por medio ("Quiero hacer que gimas mi nombre, Tessa, una y otra vez"; "Dilo, Tessa. Necesito que lo digas, nena, bien alto, con palabras, para saber que de verdad quieres que lo haga"). Por dios, ¿no puede haber más cúmulo de tópicos?

No va a haber nada en estas páginas más allá de las cavilaciones de la chica en relación con el capullo ese. Nada más. Tessa va a intentar escapar del influjo que le produce y ser fiel a Noah, pero cuanto más lo intenta, más va a caer. Tendremos escenas cruciales y paradigmáticas como ese intento de ser amigos que les lleva (porque es lo más lógico, claro) a bañarse en ropa interior a un arroyo a poca distancia del campus, un locus amoenus made in USA tras el que vendrá otro retroceso en forma de discusión ("Pero no era más que una pantomima para meterse en mis bragas. Y yo he dejado que lo hiciera"). Son constantes las reflexiones profundas tipo 'le deseo, pero él no busca novia, sino otro rollo más y me va a hacer daño'. Reflexiones de hondura tal como "Me pregunto por qué quiere que nos acostemos ya, pero no tengo la confianza suficiente para preguntárselo". Y esta absurda espiral se repetirá hasta el infinito, ese infinito tatuado en la muñeca del niñato de Hardin.

En mi búsqueda por la explicación del éxito de esta abominación, me da por pensar (así, en presente, para ponerme a la par con la "escritora" Anna Todd) que lo mismo es porque las escenas de sexo son bastante explícitas. A lo mejor como hay un par de pajillas o un cunnilingus, y la niña buena se desvirga, ese escándalo ha fomentado el boca a boca. Porque si no, no lo entiendo. E incluso así habría que explicar que es mejor cualquier relato erótico que el engendro de Anna Todd.

Lo peor, con todo, no es la dificultad de llegar hasta la última página, sino saber que la historia está lejos de acabar aún porque quedan tres volúmenes más (que no seré yo quien lea) por delante... Si al final decides terminar aunque sea este, el horror no ha hecho más que empezar: cuando se van a vivir juntos te dan ganas de vomitar, por no hablar del final bochornoso de esta primera parte. Hacía tiempo que no leía nada peor.


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