Daredevil. Temporada 1

(Netflix. 13 episodios: 10/04/15)
Arriesgar afirmaciones como que estamos ante el mejor estreno del año es complicado, no sólo por la cantidad de series que brotan cuales setas, sino porque encima esta pertenece a la midseason y a ver dónde la ubicas. Lo que sí se puede arriesgar es que estamos ante una de las mejores series que han aparecido en 2015, independientemente de las que se puedan estrenar en septiembre. O, mejor, o más indiscutible: estamos ante la mejor serie de superhéroes que se pueda ver (diría que incluso si contamos con las pelis, no desmerecería nada, pero volvería al mismo círculo vicioso y no va esta entrada de arriesgar).

La calidad de los trece episodios es altísima. Tenemos un guión muy redondo. Tenemos unos personajes complejos llenos de aristas y pliegues, vivos y contradictorios. Tenemos un acabado fabuloso (especial mención a las escenas de lucha), una producción logradísima con un tono oscuro que recuerda por momentos al Batman de Christopher Nolan. Tenemos una selección musical estupenda. Y tenemos una de las mejores intros que se recuerdan en mucho tiempo:





Si te van las series de superhéroes, no hay dudas, estás tardando en verla. Si no te gustan, no lo dudes tampoco. Revisa el piloto y si no te convence, dime que he perdido el juicio y el gusto (aunque un 9 en IMDB y un 8 en spoiler tv me avalan). Y ahora, vamos a analizar qué nos vamos a encontrar:


Puede que se vayan a colar algunos spoilers...

Basado en el cómic de Marvel (del cual apenas tengo un par de tebeos como referencia, es decir que venía "virgen" a la serie, algo que prefiero no vaya a ser que me convierta en uno de esos fans declarados del tebeo o libro en cuestión y no acepte que en la adaptación televisiva el protagonista coma espaguetis y no fabada, y monte en cólera), se nos cuenta la historia de Matt Murdock, un abogado invidente que abre una firma pequeña con su amigo Foggy Nelson, una firma que busca ayudar al barrio humilde al que pertenecen, Hell's Kitchen (Manhattan, Nueva York). Matt es abogado de día, y justiciero de noche. Se pone una máscara y da tundas (y le dan tundas) para sacar a la luz los tejemanejes de un misterioso hombre que domina en las sombras lo peor de la ciudad.

Lo mejor de Daredevil es que se nos cuenta todo desde el inicio, y durante los 12 episodios y casi tres cuartos, tenemos a un vigilante enmascarado que hasta nos parece cutre (normal, se equipa comprando en Internet...). Y no sólo vemos "nacer" a Daredevil, que sería el argumento principal de esta primera temporada, sino que también lo hace Wilson Fisk (debería decir Kingpin, pero el esperado momento del cambio de nombre o de apodo no llega). Y ambos se nos aparecen con una gran riqueza de matices. Por momentos las etiquetas de "bueno" y de "malo" nos estorban: uno tiene unas ganas tremendas de desatar su ira e incluso matar a quienes hacen daño a los suyos, y otro tiene un pasado tan tumultuoso y se reserva una cantidad suficiente de amor hacia una mujer que podrían hacerle parecer un santo.

Las interpretaciones son extraordinarias: Charlie Cox (por dios, que le cambien la foto de IMDB) no puede ser más creíble, tanto en su pose más vulnerable, como cuando se pone en plan kung fu a repartir estopa. Las escenas con el padre Lantom (Peter McRobbie, estupendo también) son cruciales para entender el proceso psicológico y emocional de este hombre asediado por la rabia. Los flashbacks (usados puntualmente, sin abusar de ellos) explicándonos su ceguera y su crecimiento son, asimismo, estupendos: su padre, Jack Murdock, será el responsable de buena parte de su sentido de justicia (y su capacidad de encajar golpes). Veremos también que Stick (Scott Glenn se está especializando en darle un buen empuje a las series por donde pasa, como ocurre con The leftovers, y las referencias a su pertenencia a una organización secreta parece que tendrán su importancia en el futuro), por su parte, es el encargado de enseñarle a manejar el resto de sentidos, potenciados por el derrame radiactivo que le dejó ciego (bueno, ve en llamas, habría que aclarar), así como de enseñarle las artes marciales.

La pena para él (aunque le dará igual, tendrá la admiración abnegada del sector femenino, claro) es que el villano se lo come con patatas porque Vincent D'Onofrio está colosalmente bien caracterizado, con esa envergadura enorme y esa oronda calva, ese tono de voz astillado, ese carrusel de emociones que le llevan a ser alguien exquisito y refinado, y a los dos segundos repartir puñetazos como un orangután con hambre y mala leche. El capítulo 8, Shadows in the glass, centrado en conocer a Wilson Fisk, con la metáfora del cuadro en blanco, es uno de los mejores (aunque hay unos cuantos que le podrían competir ese honor).

No sólo los protagonistas se llevan mis alabanzas. Los secundarios componen un panorama completo y bien argumentado: pese a que no sale mucho, la enfermera Claire Temple se gana mi admiración. Difícil será que Rosario Dawson esté más sexy, seductora y estupenda que en este papel. Las réplicas llenas de humor inteligente, las curas que le aplica a Matt y la manera de encajar y sobrellevar lo que sería una historia de amor infortunada, la convierten en mi personaje favorito y aunque deseas que salga más, están perfectamente medidas sus apariciones.

Elden Henson interpreta a Foggie, el compañero con la frase ingeniosa casi permanentemente en sus labios, y también le va a costar al actor quitarse esa etiqueta de encima porque parecen uña y carne y ese Nelson y Murdock parecen indisociables, por más que algunas revelaciones comprometan no solo la sociedad, sino la amistad.

Cuesta no esperar que cada vez que se pone a llorar Deborah Ann WollKaren Page,  no le salgan lágrimas de sangre. Vale que esas ojeras sonrosadas potencian ese efecto post True Blood, y que llora demasiado, pero es uno de los personajes más importantes para el desarrollo de la trama, además de que se vislumbra que puede haber algo más allá de la amistad con Matt.

Más secundarios aún son James Wesley (estupendo Toby Leonard Moore), la mano derecha de Fisk, y cuyo mérito es que le echemos de menos cuando desaparece del mapa a pesar de que es casi tan cabrón como su jefe; la inquietante madame Gao (Wai Ching Ho),  sobre todo tras la inesperada patada que tumba a nuestro héroe; el honrado periodista Ben Urich (Vondie Curtis-Hall); el lavadinero negro Leland Owlsley (Bob Gunton), genial con sus contestaciones irónicas; la chica del malo, Vanessa Marianna (Ayelet Zurer, qué elegante y qué bien pronunciado su nombre por D'Onofrio); Elena Cardenas, que da pie a oír a los personajes hablar en español...

Estupenda temporada, vaya. Totalmente recomendable.

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