Game of Thrones. S05E06. Unbowed, Unbent, Unbroken

(18/05/2015)
Como si se tratara del foco iluminando la escena, en el episodio sexto dejamos a Daenerys y a Jon, cuyas acciones quizás sean las más desarrolladas y avanzadas, y nos damos una vuelta por el devenir de las hermanas Stark, por las pareja Tyrion-sir Jorah y Jaime-Bronn, además de volver por Kingslanding. La impresión general de este episodio es que se nos avecina un final de temporada que nos va a dejar sin respiro. Puede parecer que no ocurre gran cosa, pero no es cierto.

Allá van. Aquí están. Si el capítulo 6 visto no has, no leas más. 
Llegan los... ¡spoilers

Por fin tenemos algo más que lavar cadáveres en cuanto a Arya. En lo que resulta un curso acelerado de cómo embalsamar y cómo mentir (mención especial para la chica que la acompaña más tiempo, que afirma ser una noble como ella de Westeros), por fin traspasa la puerta. Jaqen H'ghar observa que la niña loba se desenvuelve bien en la mentira (facilitando la muerte de una niña enferma) y por eso la premia con la visita al sepulcro de las columnas jalonadas de cabezas humanas. Bastante críptico como sucede con esta trama, Jaqen le dice que no está preparada para ser nadie, pero sí para ser otra persona

En cuanto a las parejas participantes, el imprevisto encuentro con los piratas resulta beneficioso para Tyrion y Jorah, que ven cómo uno de los embustes del gigante Lannister  (que está cerca de perder su preciada polla) les acerca de pronto a la Bahía de los esclavos. El camino más corto para llegar hasta Daenerys (muy bueno el diálogo sobre ella, sobre lo que espera Jorah de la Targaryen y del futuro en general) viene de la mano de Míster Eko (Adewale Akinnuoye-Agbaje, Lost). El regreso promete ser fulgurante, tipo Gladiator

No hay tan buena consideración positiva para la trama de Bronn y Jaime. Se introducen con facilidad en Dorne y dan con Myrcella (Nell Tiger Free), acompañada del príncipe Trystane  Martell (Toby Sebastian), que estaban en pleno paseo romántico por medio de los jardines reales (lo mejor de todo). Justo en ese momento es cuando las Serpientes de Arena atacan (qué casualidad). Ni la escaramuza es de las más logradas de la serie, ni la resolución, con la llegada de la guardia real, capitaneada por Areo Hotah (Deobia Oparei), que también prende a Ellaria Sand, nos dice demasiado salvo que ha sido todo un poco brusco y desgajado.

Menos mal que están Cersei, Petyr Baelish y lady Olenna al rescate en Kingslanding. La fuerza de los fanáticos religiosos, armados por la Reina Madre, que no atiende al consejo de Meñique (imposible adivinar las intenciones suyas cuando le informa del paradero de Sansa, y le pide ser Guardián del Norte a cambio de destruir a los Bolton y poner la cabeza de la pelirroja en una pica) sobre aflojar la tensión sobre los Tyrell, se pone en evidencia cuando el Gorrión Supremo (vía Cersei, fijo) se saca de la manga el testimonio de Olyvar, el que era el escudero de Loras, para acusar a los Tyrell. 

Sí, a ambos hermanos. La jugada era más ambiciosa que tocar las narices, y aspiraba a desbancar ni más ni menos que a la Reina Margaery. El apocado Tommen no hace sino mirar atontado la escena. Ni siquiera lady Olenna, después de soltar todo el veneno por la boca en la audiencia con Cersei (a quien no duda de calificar como zorra), ha conseguido detener la sonrisa satisfecha de la Lannister. Me encanta en todo este asunto la carga de hipocresía que conlleva, puesto que se acusa a los Tyrell de blasfemia y sodomía, entre otras cosas, cuando Cersei ha estado acostándose con su propio hermano.

Si encarcelar a quien provee de paz y alimentos a Kingslanding no es fuerte, qué decir de la boda entre Sansa y Ramsay. En una ceremonia muy austera como corresponde al Norte (qué diferencias entre todas las bodas que han jalonado GoT), con especial protagonismo de Theon (da pena escucharle referirse a sí mismo como heredero Greyjoy), a pesar de que  Sansa previamente había afirmado su fuerza frente a la perra de Myranda (perdón, hija de perrero) con un vibrante "I'm Sansa Stark from Winterfell", la escena final en el dormitorio es desgarradora (y no entiendo las polémicas: quien quiera ver los Teletubbies que cambie de canal, estamos en Westeros). 

Frente a los impotentes y lacrimosos ojos de Hediondo, Ramsay muestra parte de su sadismo al hablar de confianza y al penetrarla por detrás. Por supuesto que no vemos nada del desvirgamiento de la Stark, pero es más que suficiente escuchar los gritos y contemplar la escena vía Theon. Ha visto a la niña y contempla cómo se hace mujer. Esperemos, por los dioses antiguos, los siete, y todos los que hagan falta, que Stannis llegue pronto y que Ramsay sufra. Pero que sufra mucho.

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