Game of Thrones. S05E01: The wars to come

(13/04/15)
El tiempo es una amante desdeñosa. Su relatividad es la metáfora perfecta de la propia vida. Para unos un soplo, para otros larga en extremo. Quién no se ha quejado de lo poco que dura algo o de lo largo que se te pasa otro algo en situaciones menos agradables que cuando el tiempo vuela. Qué mejor medida del paso del tiempo y de su volubilidad que la serie estrella de HBO. Y es que un año es mucho tiempo en comparación con los escasos dos meses en los que Game of Thrones está en pantalla. Puedes reducir la ansiedad de la espera con los libros (cada cual tiene su propia liturgia, la mía es acudir al libro después de la temporada, algo que fue costoso con la tercera temporada, que equivalía a la mitad del tercer volumen), pero la gran fuerza de esta serie reside precisamente en cómo los preparativos (las noticias del reparto, los carteles promocionales, los tráilers...) van consumiendo esa difícil y tediosa espera. Por eso, aunque filtren casi la mitad de la temporada, si se apura en un sólo trago lo que deberían ser cuatro sorbos separados para disfrutar por sí mismos, después el vacío que ha de quedarte puede ser demoledor. Simplemente espero que los impacientes refrenen su lengua, si no quieren que la de Ned sea la única cabeza que ruede...

Incluso un fanático de la serie como yo reconoce que no ha sido el mejor estreno de temporada, aunque voy a diluir lo que parece una crítica recordando que tampoco los primeros episodios son precisamente puñetazos en la mandíbula, cuales demoledores penúltimos capítulos. Recordamos, eso sí, por qué nos encanta tanto esta serie con una producción impecable y una factura de primera calidad, por no hablar de la extremada dificultad de mantener un  buen pulso a pesar de tantos frentes abiertos (el mapa de la intro da la impresión de no dar más de sí). El ritmo es más bien lento y aunque parece que no pasa nada, se nos sitúa (o resitúa) el panorama actual, donde el tablero de juego va a empezar a cambiar tras la jugarreta de Tyrion, por más que en muchos casos sea vía cápsulas:

(Vamos a empezar con los temidos spoilers, vade retro Satanás si este capítulo no has llegado a contemplar)
  • Empezamos con la sorpresa y la novedad de presenciar el primer flashback de la serie. Aunque en un primer momento parece que estemos ante el proyecto de otra gran dama arrogante y prepotente, luego resulta que no, que era la dama arrogante y prepotente que ya conocíamos, Cersei, a quien una bruja le hace un vaticinio bastante acertado sobre sus hijos, tanto su número como su destino. Si ya esta sublimación de mala malísima tenía inquina a su hermano enano, ahora con el asesinato de su padre está que muerde. Eso sí, o Jaime se multiplica, o esta fascinante (y estúpida) rubia se las va a ver y desear en Desembarco. Los Tyrell, y Margaery (qué guapa Natalie Dormer, sólo le hace falta un plano para destacar) en particular, no tardarán en efectuar su movimiento. Tommen está en el bote y por si fuera poco, un personaje secundario que hacía mucho que no aparecía, Lancel Lannister (aunque por su rapado y atuendo casi era irreconocible), sobrino, copero y amante en sustitución del hermano, le espeta algo así como lo que me extrañaría que Cersei no considerara como una amenaza frontal.
  • Sansa y Meñique, tras una breve visita al alfeñique de Robert Arryn, al cual están intentando hacer un hombre de provecho (o le están quitando de en medio sin más), se dirigen (cruzándose irónicamente con Brienne, quien duda de su misión y su finalidad y quiere desentenderse de Pod) a no se sabe bien dónde, pero ojito porque estamos hablando del mayor conspirador del reino, bajo cuya ala cobija a la que puede dar un salto en importancia y personalidad.
Dos de los focos más importantes del arranque nos llevan más allá de Poniente. Por un lado, Pentos y Meereen, y por el otro, el muro. Tyrion sale de su escondite con el ánimo hundido y la vista puesta en emborracharse y Varys le tienta sugestionándole a encontrar al mejor candidato para el trono de hierro. Perdón, candidata. La frase de que da igual emborracharse en Pentos o de camino a Meereen es la mejor de todas. 
Mientras tanto, Daenerys parece haber perdido bastante el rumbo. La falta de sir Jorah suena demasiado grave y la ayuda de un gran (pequeño) hombre no le vendría mal. Los consejos de su amante, Daario Naharis, no contrarrestan el gran error que fue relegar a dos de sus dragones al cautiverio. Siempre nos quejamos de la poca presencia en pantalla, tanto de los bichitos (cada vez más crecidos, como Bran), como de los huargos, y su aparición entre llamaradas de indignación no dejan de sobrecoger. También en Meereen nos encontramos con la única escenas totalmente prescindible: las de Gusano Gris y Missandei (e incluso cuando degüellan a otro Inmaculado, aunque ahí se presupone una amenaza para Khaleesi).
En el Muro, sigue la fascinante combinación de Jon Snow y Stannis y Melisandre. Jon, a petición del que quiere ser rey de los Siete Reinos, trata de que Mance Ryder se alinee a su favor a cambio de libertad, pero este personaje que podría haber dado más de sí (gran actor Ciarán Hinds) antepone su dignidad. Veremos qué consecuencias tiene el flechazo de Jon para evitar la agonía y el sufrimiento del Rey Más Allá del Muro. Y veremos si la pregunta de si Jon era virgen por parte de la sibilina y sinuosa bruja roja tiene más consecuencias que fomentar la libido de esta mujer. 
Como siempre pasa con esta serie, lo mejor está por venir. Qué ganas de más, por ejemplo de volver a ver a Arya, la gran ausente (ya que Bran, por lo que me pareció leer, no aparecería). A esperar (porque merece más la pena así) al segundo episodio...

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