The Walking Dead. Temporada 5

(AMC. 16 episodios: 13/10/14 -30/03/15) 
The Walking Dead posiblemente sea una de las series más polémicas de las que se emiten en EEUU, y no porque la trama sea apocalíptica, ni porque las imágenes que concita la supervivencia de un grupo en unas condiciones extremadamente adversas sean de las más violentas nunca vistas en televisión. No. La gente polemiza sobre si hay poca acción, sobre si los caminantes son más blandos que la mantequilla, sobre si el final de temporada, de no acabar con una cárcel explotando por los aires, no es un final de temporada adecuado. Mucha gente, adicta a las explosiones o a los giros inverosímiles de los argumentos, opina que una serie (o una película) de este tipo ha de contener sangre, explosiones, persecuciones o similares. El ritmo lento es inasumible para un tipo de público que, definitivamente, no se ha enterado de que aquí estamos ante otra cosa.

Pistas ya se habían dado de manera abundante, pero no hay mayor ciego que quien no quiere ver. No estamos ante un espectáculo en el que Rick Grimes vaya a convertirse en un Rambo, un Chuck Norris, un castigador sin más. No. Estamos ante los límites de la resistencia humana cuando todo está en tu contra y el entorno que te rodea conspira contra tu propia existencia. Respirar en un mundo que está del revés es un mérito y una heroicidad, y hacerlo con ética y conciencia, casi un imposible.

Vale, podemos ver matanzas brutales, canibalismo, ejecuciones sumarias, y raro es el episodio en el que no se le revientan los sesos a alguno de esos lentos y desfigurados caminantes. Pero ante todo y sobre todo predominan valores como la amistad o la familia, y también cómo se sitúa el listón entre la supervivencia y la moral. ¿Se puede ser buena persona en un entorno rodeado de muertos vivientes y de seres humanos carroñeros y asesinos?, ¿pueden existir valores como la justicia o la fraternidad? Cualquiera diría que no, pero aquí se nos enseña que esa negación viene con matices.

Examinemos un poco esta 5ª temporada que empezó en Terminus y acaba en Alexandria y que nos ha deparado un trayecto penoso con falta de alimentos y de agua, con la aniquilación de las últimas esperanzas y con alguna que otra baja. Llegan los temidos... spoilers.

(No pases de aquí si no has visto los 16 episodios de la 5ª temporada)

El periplo de esta quinta entrega empezaba donde todo parecía terminarse: la civilización, la humanidad, la bondad. Un grupo de personas deshumanizadas trataba a todo aquel que llegase a Terminus como ganado, pero no sabían que el grupo de Rick era tan duro de pelar. Ni que Carol estaba de vigía en la distancia. Vaya con la evolución de este personaje, que se ha adaptado a la nueva situación y lo mismo te lanza una bomba con el mortero que te prepara una tarta si le das un horno. 

Aparte de la efectista trama del canibalismo de este grupo liderado por el nauseabundo Gareth (perturbador Andrew J. West, aunque no alcance el carisma de el Gobernador, pese a que llega a ser más sanguinario), de quien vemos un flashback que nos lleva a conocer que ha pasado de perseguido a perseguidor, y de la desmedida (pero necesaria) reacción del grupo en el contraataque que llevan a cabo en la iglesia, donde conocemos al personaje que saca lo peor del espectador (¿quién no ha querido estrangularle?), el padre Gabriel Stokes (Seth Gilliam, The Wire), lo que queda claro es que más vale estar del lado de Rick y los suyos o no cruzarte con ellos. Además, se nos depara el momentazo de las risas del finado Bob cuando se entera de que se han comido su pierna (ya estaba infectado por un mordisco).

A partir del  capítulo 4 afloja un tanto el ritmo y llegan las primeras quejas de ese espectador exigente y palomitero que no se da cuenta de que tan importante como los enfrentamientos a vida o muerte son las "transiciones" de un numeroso grupo de personas. Pasamos a conocer dónde ha llegado a parar Beth, ni más ni menos que a un hospital en Atlanta un tanto aislado, al mando de una oficial de policía con un peculiar sentido del orden, Dawn (la guapísima Christine Woods). Otros dos personajes destacan: el doctor Edwards, que acata y apenas cuestiona el mando de quien le protege pese a las injusticias que se cometen, y Noah (Tyler James Williams, Todo el mundo odia a Chris), el único que apoya a Beth en sus ansias de libertad.

Por otra parte, el grupo se disgrega: por un lado, Abraham se encamina a Washington amparado en la esperanza que le aporta Eugene (curioso y peculiar este personaje, o su manera educada y rebuscada de hablar), que afirma conocer una cura. No sólo va con él su novia Rosita, sino que le acompañan Tara (que bueno),  y Glenn y Maggie, que aunque le agradecen a Rick su protección, quieren hacer algo más que subsistir. Daryl y Carol se encaminan por su cuenta para ir en busca de Beth, aunque habrá algo así como un intercambio de cromos, puesto que Carol queda encerrada en el hospital y Noah acompaña a Daryl en busca de refuerzos. El rescate llegará en el capítulo 8, Coda, aunque se malogrará en el último momento. Llega el adiós a la rubia, para desolación de Maggie (que se había olvidado de su hermana hasta ese momento).

Tyresse será otro personaje que dice adiós. Acompañando a Noah a su lugar de residencia, un posible espacio donde el foco del contagio pudiera no haber llegado, y en un capítulo con la estructura lineal quebrada, alucinaciones y un tono bastante poético, pierde la vida uno de los personajes que desmerecen por completo a lo que había sido en el cómic. La peor parada tras esta desaparición será Sasha, que va a protagonizar varios momentos tontos porque pierde el rumbo por completo.

Otro revulsivo llegará con la aparición de Aaron (Ross Marquand) en el capítulo 11 (The distance). Y no porque aporte un apunte gay al ser su pareja un chico, sino porque anuncia una especie de paraíso terrenal en el que existe agua corriente, electricidad y buenos muros con los que protegerse del exterior. Con toda la lógica del mundo, Rick desconfía hasta lo indecible, pero Michonne o su hijo Carl le presionarán para que confíe en que no todo lo bueno esconde una desagradable sorpresa. De modo que las puertas de Alexandria se abren para nuestro grupo, así como una interrupción de esa supervivencia que estaba agotando las fuerzas del más tenaz.

En Alexandria tenemos una sociedad que parece vivir como antes del estallido, bajo el mando de la algo perturbadora Deanna Monroe (Tovah Feldshuh), que les hace a todos nuestros protagonistas una especie de entrevista grabada para ver si les admiten. En esta zona residencial destacan el marido de Deanna, Reg, que construyó los muros, Jessie (Alexandra Breckenridge), que le hará tilín a Rick (vaya chasco cuando se afeita esas barbas que le conferían un aspecto más respetable o amenazador) y su esposo borracho y maltratador Pete, además del cobarde y vomitivo Nicholas, quien será el causante de la muerte de Noah.

Olvidamos lo anterior y ahora se trata de ver cómo nuestros héroes se adaptan a una vida normal, sus miedos por reblandecerse (Carl), sus esperanzas y cuitas para que eso funcione (Michonne, Glenn), o los planes alternativos (Rick, Carol, Daryl) por si esa gente despreocupada que ha tenido demasiada suerte no hace caso de las sugerencias para fortificar la zona y defenderse de las amenazas externas.

Sí, es cierto que el último episodio, Conquer, amenaza más que golpea, que no tenemos lágrimas o pérdidas, que parece que va a venirse todo abajo como en la prisión, que la banda de los Wolverines (esa amenaza implícita que marca con una ´W`a los caminantes y que los almacenan en camiones) va a abalanzarse contra ellos de un momento a otro,  que el padre Gabriel la va a liar o que van a echar a Rick, a quien en el capítulo anterior había contenido Michonne con un sorpresivo golpe por detrás. Se amaga más que se golpea, pero a estas alturas interesa más el discurso que Rick y los suyos le plantean a Deanna y sus huestes: no se puede vivir como antes. Además, reaparece Morgan (Lennie James), en plan kung fu panda, que estaba buscando a Rick. Y Michonne quita su katana del marco en el que había puesto. No. No hay lugar al descanso ni a la relajación. The Walking Dead sigue en plena forma. 

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