Sherlock. Temporada 3

(BBC. Temporada 3. 3 episodios: 02/01/14 - 13/01/14)
La tercera temporada de Sherlock es toda una demostración circense del "más difícil todavía". La escena final de la segunda era casi un callejón sin salida, pero de nuevo los guionistas salen airosos de lo que va convirtiéndose en un reto que cada día se supera a sí mismo. Por medio de la ingeniosa aplicación de diferentes teorías que explican cómo Sherlock sobrevive a su suicidio tirándose desde la azotea de un edificio, The Empty Hearse empieza con el buen tono que nunca se abandona en este nuevo tríptico de la serie inglesa más barroca de la historia de la televisión.

En esta ocasión, los tres episodios mantienen una unidad bastante destacada y el promedio de cada episodio no baja en ningún momento (IMDB no baja ningún capítulo del 9, de hecho). En el primer episodio el interés reside en ver cómo John Watson encaja que su mejor amigo (siempre se juega con la idea del algo más, aunque sea de manera irónica) no sólo no ha muerto, sino que en todo este tiempo (dos años) no haya dado señales de vida. El humor es uno de los puntos fuertes, en ese contraste entre el carácter pragmático (sociópata) de Sherlock Holmes y el enfoque más "normal" que mantiene John. Quizás el caso del inminente atentado terrorista sea lo que menos destaca, devorado por el propio carisma de las colosales interpretaciones de Cumberbatch y Freeman.

En el segundo, The sign of three, asistimos a un magistral empleo de la estructura narrativa partiendo de la boda entre John y Mary (Amanda Abbington, pese a no contar con un físico muy destacado y sí una posición complicada al "interponerse" en la pareja Watson-Holmes, consigue una enorme relevancia, incluso antes del giro sorprendente del último episodio, y es en gran parte gracias al trabajo de esta actriz y de la habilidad de los guionistas). Los contrapuntos humorísticos se suceden, así como los vaivenes de los giros. Sherlock gana en humanidad (todo lo humanamente posible, claro) y el discurso del padrino es la excusa perfecta para plantearnos algo así como esbozos de diferentes (y sorprendentes) casos. Si se añade que un asesinato está a punto de producirse, lo admirable es que este conglomerado de materiales heterogéneos engaste a la perfección.

Y aún queda His last vow, que empieza de la manera más casual, a partir de uno de los elementos impulsores de la serie, el aburrimiento de Watson, su necesidad de vivir aventuras y añadir emociones fuertes a su vida, y que ya cuando se encuentra inopinadamente con Sherlock en la casa de los okupas heroinómanos toma un rumbo que ya no cesará de provocar picos de tensión. El papel de Charles Magnusen (se confirma que Lars Mikkelsen, Petrov en House of Cards, consigue transmitir de manera notable sensaciones desasosegantes) le añade una variante que casi conecta a Sherlock con Black Mirror, aparte de que el componente moral o ético es otra variable con la que se juega: ¿un tipo despreciable como este magnate que basa su fortuna y su poder en su capacidad de almacenar información privilegiada merece la misma consideración que un asesino? Sea como sea, el más difícil todavía y el desencajamiento de mandíbula hace su aparición con Mary, y hasta aquí puedo leer.

De nuevo se vuelve a jugar con la linealidad del tiempo y se llega a un callejón sin salida que lo único que certificará es que hay una puerta escondida pintada del mismo color que los ladrillos que hacían pensar que sólo existía una tapia. Parece imposible otorgarle a Sherlock un rival de su misma enjundia, y no vale cualquier caso estrambótico o aparentemente insolucionable, sino que se necesita de antagonistas poderosos como Magnusen para que el espectador salga de su zona de confort pensando que Sherlock está por encima de todo y solucionará cualquier problema, como le pasa a John. De modo que el final que anuncia una cuarta temporada (que se hace de rogar) con la "resurrección" de Moriarty (sí, se pega un tiro en la tapa de los sesos, pero el inicio de esta tercera temporada es la mejor demostración que nada es lo que parece), puede ser el mejor de los acicates.

La galería de secundarios sirve levemente para dotar de algo de relieve a esta pareja, y los Lestrade, Molly Hooper y Mrs. Hudson afianzan el contexto actual en el que se mueven los protagonistas, además de aportar una nota amable o más humana. Mary, en este sentido, cobra más realce si cabe porque no asiste de espectadora o de figurante, sino que no se deja comer el terreno por estos dos colosos que rezuman magnetismo. Aparecen los aparentemente normales padres de Sherlock y Mycroft (vaya par de hermanos, por cierto) y cabría mencionar a Janine, la madrina de Mary, por lo hilarante de las situaciones que protagoniza con Sherlock, a quien vemos sonreír de manera tan forzada que no cabe sino pensar en la interpretación del actor protagonista cuyo nombre es casi tan complejo como los procesos mentales de nuestro sabueso londinense.

Y poco más que añadir salvo que estos episodios de hora y media son todo un tour de force con poco parangón posible. No se trata de resolver un caso porque para eso está Sherlock, sino que lo que cuenta es mostrar la genialidad de este hombre, además de que incluso un genio con poca afectividad necesita del anclaje emocional que en este caso le aporta John Watson. Pasen, vean y disfruten, sin más.

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