Estreno: Empire

(FOX. Estreno: 08/01/2015)
Las canciones del piloto me han gustado, venga. ¿Qué más puedo señalar como algo bueno de Empire? Bufff, creo que nada más. ¡Qué espanto de serie se presupone tras este  arranque! El imperio sustentado sobre los iniciáticos trapicheos con drogas de Lucious no puede ser más acartonado y tópico. Si al menos tuviéramos alguna dirección definida a seguir más allá de esquemas de culebrón barato (una mezcla de lo que en el mismo cartel se enuncia: familia, negocio, poder) o una estructura narrativa decente (y no esa especie de corta y pega de escenas casi superpuestas), al menos habría algo parecido a un entretenimiento para desconectar. Pero no. Vamos de salto en salto, con escenas nada bien hilvanadas, y torpes y evidentes e innecesarios flashblacks que sólo entorpecen el ritmo del capítulo.

Tres hijos varones talluditos se supone que se van a disputar el relevo de ese padre (no me ha convencido para nada Terrence Howard, poca diferencia hay con los chicos, o cada vez calculo peor las edades, aparte de que la misma cara pone el tío para escuchar canciones, que para pegarle un tiro a su mejor amigo), Lucious Lyon, al que le comunican que le quedan tres años de vida (¿se puede buscar algo más efectista?) por la enfermedad de ELA.

El mayor, Andre (Trai Byers), con su traje de ejecutivo, casado con una blanca, todo serio él y decidido a heredar el imperio financiero, puesto que es el único que se ha inclinado por esa vía, es una burla en sí mismo, o eso me lo ha parecido con su jeta inmutable y su propósito vital monotemático; el mediano, Jamal (Jussie Smollett), quizá el más talentoso componiendo, el más centrado, el más vulnerable o más "buena gente", al salir del armario cubre la cuota alternativa, sobre todo ante el rechazo homófobo por parte de su padre (la escena de crío no puede ser más ortopédica y burda) y por ese novio mexicano que acabará apuñalándole por la espalda; y el pequeño, Hakeem (Bryshere Y. Gray), el mimado, el bala perdida, el gorritas, que también ha heredado la música en sus venas, aunque le falte disciplina y tesón, queda retratado en la escena en que su madre le cose a escobazos.

La madre, Cookie (Taraji P. Henson, ya le podrían haber buscado otro nombre menos dulce), recién salida del trullo tras 17 años por el tema de las drogas, no puede tener más cara de mala y estár más sobreactuada. Es de presuponer que al tomar partido por el hijo bueno para lanzar su carrera, hará lo posible para que el acribillado a escobazos quede a la altura del betún, aunque su faceta de madre le llevará a tener terribles sentimientos de culpa.

Y con todo, el premio a lo peor de lo peor viene en la escena con el amigo del padre desde los 14 años, el pazguato de Bunkie, y no porque ocurra en una zona indeterminada al lado de un río donde el tipo esté orinando, ni porque haya una escena previa en la que Bunkie le esté amenazando a Lucious en su casa con una pistola y no se sepa en qué queda eso porque pegan un corte, ni porque sea inverosímil hasta decir basta, sino por la frasecita que le suelta antes de dispararle, que nada les puede separar..., salvo una bala. ¡Toma ya! Queda inaugurada la recogida de firmas para la retirada del carné de guionista al lumbreras que la concibió.

En fin... Habrá quien necesite una cuota de serie sin trascendencias, con rollos familiares y giros y vueltas de tuerca, tipo Dallas, Scandal o Anatomía de Grey (no he visto ninguna, así que no la estoy comparando, ojo), pero yo creo que ni a esto puede aspirar este bodrio que por no tener, no tiene ni la respectiva cuota de tías buenas... Adiós muy buenas, pues. O hasta nunca. Primer capítulo y último...

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