The Strain. Temporada 1

(FX. 13 episodios: 14/07/2014 - 06/10/2014)
Quizá el mayor mérito de esta serie es que sabe a lo que juega y no te engaña. Desde el piloto (quizá el capítulo más logrado de todos) vemos que vamos a tener una invasión de vampiros/zombies/lo que sea y no se escatiman gastos para hacer creíble cómo la infección se extiende por Nueva York, auspiciada por los manejos del millonario con ínfulas de inmortalidad Eldritch Palmer (su risa bajo la lluvia en el penúltimo episodio sólo es comparable a su cara cuando el abominable alemán Eichorst le dice que no está transformado, sino simplemente sanado).

Nadie se puede sentir engañado con esta serie. Tenemos monstruos, tenemos héroes, tenemos espadas, tenemos violencia (canalizada hacia estos borrosos bichos que supuran gusanos), tenemos un Maestro que amenaza con erradicar la humanidad... Y tenemos, de paso, una comparación estupenda para ensalzar y valorar adecuadamente The Walking Dead, otra serie con invasión (esta vez de zombies) pero que no trata de esto, sino que es mucho más. The Strain no, The Strain juega a ser una serie B y entretener, nada más que esto. A veces se toma tan poco en serio que nos muestra un Maestro sin nariz que más que pavor provoca mofa. ¿Se puede ser más feo? 

Se le puede achacar a la serie falta de acción o falta de relevancia de los protagonistas, que al ser unos cuantos quedan todos bastante difuminados. El viejo Abraham Setrakian se complementa con el científico Ephraim Goodweather y así tenemos una especie de líder con dos cabezas, el anciano pero efectivo judío, y el inteligente pero poco resolutivo hombre del peluquín. Ninguno por separado deslumbra, pero juntos todavía tienen un pase. Me cae mucho mejor Nora, que aguanta con entereza, después de haberse acostado con Eph, cómo este declara su amor por su ex mujer. Y además devana la cabeza de su señora madre (que ya la había perdido con anterioridad, todo cabe decir).

Dos personajes más identificables para el público son el matarratas (y sabelotodo) Vasiliy Fet, por aquello de su chulería al tiempo que pragmatismo, y la hacker modelo Dutch Velders, porque se agarra a cuanta botella pilla para librarse del sentimiento de culpa de haberse cargado Internet justo cuando más se necesitaba. También hay que cargar con el hijo de Eph, Zach, pese a que no es de los niños más insoportables de la ficción que hayamos visto. Pero podría haber seguido el camino de su madre, Kelly, que engrosa las filas de los monstruos gusaneras. Y nos queda de "outsider" a Gus, que al final de la temporada se encuentra con el misterioso ejército de vampiros que atacan vampiros, una especie de grupo paramilitar de monstruitos que por lo visto preservan el orden natural y milenario de estos seres sobrenaturales que beben sangre. Por el camino se nos quedó Jim, pero es que el hobbitt no estaba para estos trotes.

El final deja las espadas en alto, con un enemigo poderoso al que un puñado de escogidos no han podido frenar y con esa voz en off que retoma el hilo de la narración del piloto. Como digo, esta serie no pasará a la historia de la televisión y puede incluso que a algunos les produzca un sentimiento de decepción para con Guillermo del Toro por hacer un refrito de tópicos vampíricos y de infecciones invasivas, además de no conseguir una especial relevancia en ninguno de los personajes, cortados por el patrón de lo previsible, tanto los malos (aunque me quedo con el alemán), como los buenos. Tampoco salvo, por cierto, esos flashbacks que explican la historia de Setrakian. En uno solo me lo habría pulido y santas pascuas. Cierta intriga, cientos respingos y una historia llevadera que nos dejaría una serie que a duras penas calificaría con un 7. Entretenimiento para verano sin más trascendencias.

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