El libro de los portales. Laura Gallego. Minotauro

(496 páginas. 14,95€. Año de edición: 2013)
El principal mérito de Laura Gallego es su capacidad para crear mundos imaginarios, algo no muy al alcance de muchos. El valle de los lobos, Idhún, ahora Darusia, un país en el que se puede viajar por el espacio a través de portales pintados por los maeses de la Academia de los Portales... No se trata de dar tres o cuatro pinceladas para que nos convenzamos de que estamos inmersos en una fantasía, sino de conformar un todo cerrado y plausible que te haga transportarte allí y creer que existe ese lugar (es interesante, por tanto, leer las propias palabras de la autora al respecto en sus curiosidades). Este libro, pues, cumple con el cometido de ser un portal por el que viajar con la imaginación y ya sólo por eso merece la pena.

Las casi quinientas páginas se leen con mucha facilidad y en un libro de fantasía para qué queremos más. Es verdad que la trama tarda bastante en arrancar, pero con tantos personajes había que contextualizar a cada uno de ellos, además de explicar la ciencia de los portales y el funcionamiento de esa Academia. Le podríamos pedir un mayor desarrollo psicológico a los secundarios para hablar de una novela redonda, tal vez, pero a cambio te encuentras con 'bodarita' (el mineral sobre el que los pintores elaboran sus portales) azul que te lleva a viajes temporales (e incluso viajes dimensionales, a través del violeta que resulta de mezclar el rojo habitual para los viajes espaciales con el azul).

A pesar de que el prólogo arranca en las minas de bodarita y se nos presenta a Tash, que esconde el secreto de que en realidad se trata de Tashia, algo que oculta su padre porque en las minas solo pueden trabajar hombres, el protagonista es el estudiante de último curso Tabit, que se dirige a la remota región de Uskia para dibujar un portal para una humilde familia de campesinos encabezada por el orgulloso Yunek, que pretende un mejor futuro para su hermana Yania y por eso ha ahorrado desde hace años. Sin embargo, el proyecto se ve frustrado cuando a la mitad por razones no muy claras.

Al mismo tiempo, en la Academia, uno de los profesores más brillantes (y excéntricos), el maese Belban, busca ayudante para un proyecto suyo. Tabit sueña con el puesto, pero se lo dan a Caliandra, estudiante que está en las antípodas de Tabit, puesto que mientras que uno es concienzudo, trabajador y puntilloso (un empollón, vaya), la otra es brillante e intuitiva, pero menos comprometida con el trabajo, entre otras cosas por su acomodada situación familiar (aunque su padre reniegue un poco de ella). Cuando desaparece Belban, pronto descubrirán que la escasez de bodarita y la presencia de una misteriosa leyenda en torno al Invisible estarán entrelazadas.

El narrador omnisciente se centra a lo largo de los catorce capítulos (que siempre incluyen, aparte de un título, algunas anotaciones en letra pequeña de documentos darusianos) en torno fundamentalmente de esta pareja de estudiantes que en principio son rivales y completamente distintos. Apenas evolucionan en ese sentido, porque el enamoramiento de Tabit hacia Cali no se puede considerar tal cosa; y los sentimientos de Caliandra pasan atropellada y precipitadamente de Yunek a Tabit, previo amorío con otro estudiante del que no se nos cuenta nada hasta casi el final, pese a que es relevante. Tash, Yunek y Rodak (el que iba a ser el guardián de la Puerta de Serena, ciudad costera, hasta que roban dicho portal) serían los otros tres focos de atención, pero sus retratos están menos conseguidos. Rodak, por ejemplo, queda casi como mera anécdota cuando se descubren sus preferencias homosexuales (algo que por lo visto ha originado una estúpida polémica con una librería del Opus). Y si tuviéramos que hablar de los otros amigos de Tabit, que al principio inician las pesquisas, Unven y Relia, pronto quedan relegados.

Tampoco los diversos profesores están bien diferenciados y se puede leer como que el adolescente depende de sí mismo porque el adulto está en otro ámbito (quitando a Belban). Por lo visto, la publicación en Minotauro está destinada a llegar a un público más allá de la literatura juvenil, pero estos aspectos dificultan ese paso, además de que ciertos acontecimientos están demasiado marcados, como si hubiera detrás un guión preestablecido que Laura Gallego sigue, dificultando la verosimilitud de determinadas acciones. Por más que se nos explique detalladamente el pasado de casi todos los protagonistas no quiere decir que rechine y cueste creérselo (como el del propio Tabit, hecho a sí mismo).

En cuanto a si podría ser una novela recomendable para mandarla en clase (entre otras razones, porque los giros enganchan, los viajes temporales son un punto a favor y además queda implícita la idea de que la honradez es fundamental), la extensión y que haya tantos personajes juegan en su contra, aunque Laura Gallego suele contar con gran fervor (algunos también la rechazan de plano: en lasmalashierbasnuncamueren hay una crítica bastante divertida en ese sentido) por parte de nuestros alumnos y este libro podría encantarles. Como lectura obligatoria, pues, difícil, pero como recomendación o lectura opcional, una apuesta casi segura.

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