Las tres bodas de Manolita. Almudena Grandes. Tusquets

(768 páginas. 22,90€. Año de edición: 2014)
En un Madrid devastado, recién salido de la guerra civil, sobrevivir es un duro oficio cotidiano. Especialmente para Manolita, una joven de dieciocho años que, con su padre y su madrastra encarcelados, y su hermano Antonio escondido en un tablao flamenco, tiene que hacerse cargo de su hermana Isabel y de otros tres más pequeños. A Antonio se le ocurrirá una manera desesperada de prolongar la resistencia en los años más terribles de la represión: utilizar unas multicopistas que nadie sabe poner en marcha para la propaganda clandestina. Y querrá que sea su hermana Manolita, la señorita Conmigo No Contéis, quien visite a un preso que puede darles la clave de su funcionamiento. Manolita no sabe que ese muchacho tímido y sin aparente atractivo va a ser en realidad un hombre determinante en su vida, y querrá visitarlo de nuevo, después de varios periplos, en el destacamento penitenciario de El Valle de los Caídos. Pero antes tiene que saber quién es el delator que merodea por el barrio. 

La nueva propuesta de Almudena Grandes, inmersa en su loable proyecto de novelar la Guerra Civil (o más bien la posguerra), nos lleva ahora a las peripecias de Manolita Perales, una muchacha madrileña partida por la mitad por la guerra y por sus injustas consecuencias. El argumento más o menos lo reseña la cubierta del libro y las claves literarias de la autora forman parte inherente tanto de su estilo como de las historias que nos cuenta.

Imbuirte en la facilidad y el talento narrativo de Almudena Grandes y no darte cuenta es casi una sola cosa, algo que sucede a la misma rapidez con la que descubriríamos que esas páginas van firmadas por ella. Tanto por temática como por recursos literarios, esas páginas jalonadas por una gran intensidad y fuerza, por repeticiones constantes y metáforas elocuentes ("Pensaba, y pensar era sentir los dientes de un perro rabioso clavados en el núcleo del cerebro", "Había empezado a subir, subía, seguía subiendo (...) y subía más", una página escogida al azar), solo pueden ser suyas. Puede parecer que se repite, y de hecho por momentos lo hace (gran acierto el suyo al disfrazar dicha reiteración en forma de novela histórica), pero se mueve con tanta facilidad en ese terreno conocido que los lectores lo agradecemos porque agradecemos emboscarnos (y embaucarnos) en lo que no deja de resultarnos familiar.

Olvidándonos del aparatoso subtítulo ("El cura de Porlier, el Patronato de Redención de Penas y el nacimiento de la resistencia clandestina contra el franquismo, Madrid, 1940-1950"), nos volvemos a encontrar con muchas de las claves de la autora, empezando por la ambientación en Madrid y acabando por la fuerza arrolladora del tema principal, que no es otro sino el amor, la fuerza del amor, que todo lo puede, tanto en la historia entre Manolita y Silverio, como en la de Eladia y Antoñito. También es marca de la casa el aparente estilo sencillo, con esa mezcla entre narrador en 3ª persona y la 1ª en boca de Manolita y ese discurso lineal que sin embargo no lo es tanto porque suelen iniciarse las secuencias avanzadas para retomar el hilo en un punto, aparentando una especie de digresión (largas digresiones en algunos casos). 

Nos encontramos con un personaje femenino, Manolita, que no sabe la fuerza y el mérito que tiene hasta que su supervivencia se lo demuestra, con una niña (la señorita conmigo no contéis) que se hace mujer en el peor escenario posible pese a que los "pecados" que está pagando son una herencia de sus padres y pese a que se ve envuelta en los intentos de su hermano Antoñito por establecer una resistencia comunista; con un homosexual (bueno, un par, que aparte del flamenco apodado la Palmera está el marqués de Hoyos) retratado con mimo, bastante idealizado (ambos, aunque nos creemos su bondad y agradecemos su ayuda); con personajes que podrían calificarse de antihéroes, como el  Orejas (su apodo tendría que haber sido una pista de su talante de espía, y su deleznable historia solo contribuye a desearle una terrible desgracia), el chivato traidor al que conocemos desde el inicio para espantarnos como lectores ante su sangre fría y la ingenuidad de los amigos que le rodean, o Trinidad, un tipejo despreciable que busca aprovecharse de la niña que fue Eladia; con personajes complejos y casi galdosianos como Eladia (Fortunata), la bailaora de flamenco que basa su arte en la rabia que atesora y que conoceremos antes de ver el alcance de su amor por Antoñito (que, por cierto, parece conectar con la anterior novela -El lector de Julio Verne-, cuando huye a las montañas de Jaén) tejiendo un entramado imaginario que remite otra vez a la novela decimonónica, al adorado Galdós y a Balzac.

De nuevo aparecen referencias a títulos clásicos, como Robinson Crusoe, y un cierto componente folletinesco que, aunque pueda estar sacado de hechos reales, rechinan un tanto, como la historia de amor de los padres de Silverio, funesta en su inesperado punto final en forma de accidente de coche; el tremendismo de la historia de Eladia (tanto con su padrastro como con el general obsesionado con ella); o la historia de Isa, hermana de Manolita, que es llevada junto con Pilar a Bilbao a "estudiar" con unas monjas y solo se encuentra con la comprensión y bondad (y un asomo de homosexualidad) en la hermana Carmen, en lo que sería la parte más dickensiana de la obra (y, por lo leído en la nota final, el desencadenante de la novela, pues Manolita realmente es Isabel Perales: me ha gustado ese final explicando el proceso creador de la autora).

La composición interna es un tanto extraña, con dos bodas entre Manolita y Silverio llevadas a cabo muy pronto y una tercera que se deja querer y que no termina de llegar, con cuatro partes más un principio y un final que viene antes de la última parte, en la que hay un salto cronológico y nos encontramos a los personajes en 1977, en lo que es una especie de colofón y de canto a lo que merece la pena por más dificultades que existan. 

Lo que se nos cuenta nos llega más cuando el relato se centra en Manolita porque nos metemos en su pellejo, y sin embargo cuando nos ofrece el marco completo explorando en los recovecos de los demás personajes nos distanciamos más y nos suena más a invención (por más que no lo sea), pero en general es un libro absorbente y las pegas son escasas comparándolo con los aciertos de una novela de compleja elaboración.

Y para acabar, me quedo con esta cita:
Entre dos besos, había llegado a olvidar que la naturaleza de la ambición es la insaciabilidad, desear más, siempre más, temer cada vez más lo que más se desea.

Comentarios

Albada2 ha dicho que…
Me parece una crítica muy buena. De hecho la trilogía entera es un buen ejercicio narrativo, de una época.

Un saludo.
Juliiiii ha dicho que…
Hola, Albada.

Muchas gracias por tu comentario y, en efecto, lo que comentas de la trilogía es así.

Un saludo