Canciones de amor y de lluvia. Sergi Pàmies. Anagrama

(160 páginas. 13,90€. Año de edición: 2014)
La prosa depurada y el tono contenido de los cuentos de Sergi Pàmies buscan el equilibrio entre la causticidad, la vitalidad y la melancolía. Cuentos en los que se sumerge en las aguas estancadas del amor, la dependencia de la memoria heredada, el dolor por los ausentes y el placer de escribir sin saber si existe una frontera entre la invención y la autobiografía. Con este libro Sergi Pàmies se confirma definitivamente como uno de los mejores cuentistas contemporáneos.

Mala señal, en efecto, señorita, cuando en la reseña de la contracubierta (bastante resumida en la web, en el libro es aún más florida y pomposa) te hablan de un libro de manera tan grandilocuente sin decir nada del contenido del mismo. Pero estábamos hablando del autor de maravillas como Si te comes un limón sin hacer muecas o La bicicleta estática, de modo que no había que darse por vencidos con una puntualización como la anterior, ni rendirse al desánimo cuando te dice una lectora con la que compartes gustos que le está costando leerse el libro. 

Y, en efecto, las malas señales pronto son confirmadas con la lectura de este decepcionante volumen de 26 relatos, casi todos ellos abstractos, difusos y genéricos, sin apenas apuntes reseñables, sin personajes prácticamente, sin tramas demasiado definidas y que te dejan una sensación de que han predominado las prisas en su elaboración o, peor aún, que la inspiración se ha visto reducida a la mínima expresión.

Desde el presente y la primera persona utilizados al principio en Primera canción o Dos coches mal aparcados, la falta de intensidad o de fuerza me resultan evidentes, y no estoy de acuerdo con eso que he leído de que "Con comienzos así no puede haber malos cuentos." (el alma de la piel), por más que sí, inicios como "Tengo una teoría: si te enamoras bajo la lluvia el amor dura más que si luce el sol" puedan resultar atractivos y sugerentes. Si luego no viene algo con lo que mantener el idilio con una frase de apertura tan estupenda, falla algo. Se aprecia un estilo indudable, pero queda en mera y vacía retórica. Por algo será que las reseñas que he visto son breves e insustanciales apuntes, no hay por dónde coger este libro...

Demasiadas las referencias sobre sí mismo (por más que sean inventadas) como para no caer en la tentación de ver que el autor necesitaba hablar de sí mismo y de ser él en sí mismo el protagonista principal. Si, como he leído, acababa de morir su madre, títulos como Autobiográfico o El nicho -el relato más extenso- son justificables, así como relatos metaliterarios (o con referencias a la propia escritura: Agradecimientos, Los mejores cuentos del siglo XX...), pero cuesta más cuando no hay nada de nada en títulos como La libreta o El tiempo. Peor resulta, eso sí, cuando tenemos hermanos extraterrestres (Incineración) o un padre y una hija que se intercambian sus edades una noche en la que él va a buscarla a la discoteca (Todo el mundo lo hace).

En bastantes momentos, me ha recordado mucho a Vila-Matas (al que menos me gusta), y no sólo porque Paul Auster aparezca como personaje (Nueva York, 1994), sino por ese humor peculiar y cerrado o ese universo que parece sólo preocuparse de sí mismo, entremezclado con un cierto pesimismo inherente (de ahí las múltiples referencias a la muerte: La posteridad). Las canciones (de la primera hasta la quinta y última) son el mejor ejemplo de la endeblez del entramado ficcional que se nos propone.

Salvaremos el final de Bufanda ("la obstinación ha dejado de ser un recurso para vencer obstáculos y ahora sólo es una manera de conseguir que el tiempo pase más deprisa") como el margen de error a una equivocada lectura por mi parte, que pudiera corregirse en alguna (improbable) lectura posterior, en la que poder achacar a circunstancias personales esa mala recepción de este título. Pero de momento, me conformaré con acudir a sus relatos anteriores para quitarme el mal sabor de boca.

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