Spartacus (blood and sand). Temporada 1

(Starz. 13 episodios: 23/01/2010 - 17/04/2010)
Sangre y sexo podrían ser los dos reclamos principales de esta serie muy poderosa en lo visual (las reminiscencias a 300 son evidentes, las imágenes del anfiteatro de Capua desde lo alto están muy conseguidas), pero no son los únicos. Conocer los orígenes de Espartaco, el esclavo tracio que trajo de cabeza a Roma rebelándose da para mucho más que una película de los años 60, sin duda. Y el trabajo que realiza el tristemente fallecido Andy Whitfield es muy consistente y apropiado, ya veremos cómo afecta su ausencia al resto de temporadas (un lío, por cierto, con eso de la precuela y el cambio de actor).

Como me dijo una amiga mía que me recomendó esta serie, lo malo de Spartacus es que saca lo peor de ti mismo. En el último episodio, Kill them all, es casi una necesidad que todos los que han puteado a Spartacus y a los otros gladiadores que le acompañan paguen con sangre y, a ser posible, de la manera más cruel posible. Haya por medio embarazadas, adolescentes o quien haga falta. Y si se escapan la sabandija de Ashur o la bruja de Ilithya, hasta te da rabia. La sangre llama más sangre.

¿Qué puede mover a un hombre íntegro, cultivado y recto como Spartacus a luchar como gladiador, gladiador que se gana al público a raíz de la victoria con el temible y legendario (y feo de cojones) gladiador Theokoles? Una mujer, Sura (la sensual y efímera Erin Cummings), que pronto regresará a los brazos del que fuera un hombre libre que se enfrenta al romano estúpido y fatuo Claudius Glaber (Craig Parker cumple el cometido de ser odiable). Lástima que regresa muerta, en otra de las enésimas conspiraciones del maquiavélico y retorcido Batiatus (muy bien John Hannah), para cuyo ludus sirve este tracio indómito que tiene que sufrir un duro proceso de adaptación para sobrevivir en la arena.

Las típicas alianzas, pactos, filias y odios se desatan entre Spartacus y el resto de esforzados compañeros. Choca de inmediato con el vigente campeón de Capua, Crixus (la bestia parda de Manu Bennett), e intima con Varro (ricitos de oro Jai Courtney), siempre bajo la eterna vigilancia del recto y honorable Doctore (Peter Mensah). Sin ser un dechado de virtudes psicológicas, todos los personajes cumplen su cometido, que la mayor parte de las veces es morir, como le pasa al amigo de Crixus, Barca (Antonio Te Maihoa), a su joven amante Pietros, o al propio Varro

Por parte de los amos, al ambicioso y sin escrúpulos Batiatus (se pasa un poco en la magnitud de sus ambiciones al matar a todo cristo viviente y vale que no había CSI para desenmascararle, pero vaya desmadre) le acompaña su no menos retorcida esposa Lucretia (Lucy Lawless, que gana con la peluca roja más que con la rubia, y ni qué decir tiene que con su versión calva, y sea como sea te hace olvidar que una vez fue la princesa Xena), que mantiene relaciones con su campeón, Crixus, mientras procura infructuosamente quedarse embarazada. No sabe que su esclava personal, Naevia (una atractiva morena Lesley-Ann Brandt), en lo que es una bella historia romántica, ha enamorado al gladiador.

El cupo de capullos en esta clase social que maneja los destinos de sus esclavos lo termina de cubrir la rubia Ilithya (la rubia y sensual Viva Bianca), esposa de Claudius Glaber, y protagonista de una de las escenas más poderosas en lo visual y lo sexual, cuando, ataviada por una máscara de porcelana, se acuesta con un áureo Spartacus creyendo que era Crixus. Y faltarían también por nombrar, aunque estos son más secundarios, al rival de Batiatus, Solonius, o al magistrado Calavius.

De modo que la rectitud moral de Spartacus encuentra un caldo de cultivo inmejorable en los abusos de sus amos y la sublevación contra el orden social establecido se va gestando poco a poco. Una de las claves, aparte de conseguir que Mira (otra belleza: Katrina Law) cierre las puertas del palacete de Batiatus, está en el acercamiento hacia el que había sido su enemigo principal, Crixus. Al final consigue encabezar la rebelión que cierra la temporada y abre el mito del esclavo que puso en jaque a Roma. 

Obviando que el componente histórico está alterado en momentos como esas escenas en las que enfocan al público del anfiteatro (donde está documentado que mujeres en pechos se frotaban en éxtasis) o el casi calificativo de porno (raro es el episodio donde no haya sexo o se enseñen penes o tetas), si no te asusta la sangre y quieres pasar un rato divertido con una historia efectista, puede ser una buen serie (8,7 en IMDb y 7,4 en Spoiler.tv).

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