The Walking Dead. Temporada 4

(AMC. 16 episodios: 14/10/13 - 31/03/14)
Contiene spoilers

A pesar de haber resultado bastante irregular y descompensada esta última temporada (quizá por aquello de dividirla en dos tandas, que hace casi que te olvides de la primera parte), los méritos de esta serie golean a sus defectos. Vale que la trama del Gobernador se podría haber finiquitado en la temporada anterior, así como la de la cárcel, pero este episodio final con acertados flashbacks justifica aquella prolongación. Sin una estancia en prisión alejados de los Caminantes, Rick no podría haberse hecho ilusiones de una nueva vida posible al margen de la violencia y de los instintos. Hershel no habría podido alentar esa ilusión y la pérdida no habría resultado tan dolorosa.

Porque poco a poco hay que darse cuenta de que TWD va de eso, de pérdidas: pérdida de la humanidad, de los prejuicios, de la moralidad, de los seres queridos... Y al mismo tiempo que los protagonistas van perdiendo lo que podría denominarse como su alma o su esencia y se va resquebrajando su forma de ser y de comportarse en otras condiciones, aparecen los instintos, la supervivencia cueste lo que cueste. Pese a esa feroz brutalidad, sin embargo, el grupo de Rick mantiene unos valores y esos valores son la guía para el espectador. Pase lo que pase, queda un padre dispuesto a todo por el amor de su hijo, queda la noción de la amistad (Rick llamando hermano a Daryl), de la confianza (la que le tienen a Rick)... Podrá haber otros grupos, pero el de Rick es el faro de la esperanza, por más que el que fue sheriff en aquella vida anterior tan lejana llegue a asesinar a un tipo mordiéndole la yugular o destripando con un machete al tipo que había intentado violar a Carl. Por eso, qué acertada la frase final de Rick: "they're screwing with the wrong people".

Más allá, pues, de esa triple línea argumental que podríamos establecer (la de la cárcel, la de los grupos diseminados sobreviviendo independientemente y la de Terminus), las reflexiones que nos suscitan son fundamentales, y los personajes se agigantan en un mundo hostil y apocalíptico donde el mayor peligro, sin embargo, sigue siendo el propio ser humano. Lo que puede resultar una pega, como dejar cabos sueltos sin cerrar (el reencuentro entre Rick, Carl y Judith, ¿qué ha pasado con Beth?), son sugerentes llamadas de atención para la temporada 5. Sasha, Bob, Rosita, Abraham, Tara y Eugene, encerrados con Maggie, Glenn, Michonne, Daryl y Rick son un cóctel demasiado potente para la comunidad de Terminus, a la que mucha gente le atribuye un componente caníbal (hay una escena, en medio de la huida de nuestros protas, en la que parece haber vísceras y tripas por doquier). Y fuera, Tyresse y Carol pueden ser los refuerzos que estos necesitan. En peores situaciones se han visto nuestros héroes... ¿o no?

Lo que está claro es que, pese a algún momento aburrido, alguna reiteración excesiva, pese a que algunos personajes no aportan demasiado o algunos piden a gritos una redención a base de una traumática muerte, lo que vemos en esta serie no lo podemos encontrar en ninguna otra y ya solo por eso habremos de esperar una quinta temporada con expectación y ganas. Aún hay muchas cosas que contar, y la muestra es el cómic. Y no queda otra que oscurecer el panorama, ahora que no hay muros ni barrotes ni esperanza posible para una vida con cierta dosis de normalidad. Los caminantes están ahí, el virus que amenaza con destruir a la población mundial no se va a ir. Y cada vez van quedando menos, y cada vez más salvajes. Puede que solo los peores. 

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