La profecía del abad negro. José María Latorre. Alfaguara

(248 páginas. 8,50€. Año de edición: 2012)
Ada Boyle acepta un trabajo como profesora de literatura en un colegio cercano a una antigua abadía. De ésta se cuentan oscuras leyendas, como que aún habita en sus abandonadas torres un Abad que se dedicaba ritos demoníacos con los que transformarse en vampiro. Sólo dos personas le hicieron frente y los descendientes de una de ellas -dos alumnos de la profesora- conservan un libro para acabar con el vampiro. Juntos lo intentarán de nuevo, pues sus vidas corren un serio peligro.
Historia con todos los elementos propios de la novela gótica: leyenda, profecía, presencia de fuerzas malignas, ritos satánicos, paisajes brumosos, cementerios abandonados...
Fiel a su cita con el terror y las misteriosas y ocultas fuerzas del más allá, a lo Lovecraft y muchos otros tantos autores góticos, este relato nos traslada a Stoney, donde una profecía hecha por el maléfico abad negro hace 150 años está a punto de cumplirse. ¿Lo mejor?: la trama avanza rápido y apenas hay distracciones. Lo misterioso poco a poco va poblando casi toda la acción y la narradora en 1ª persona (incomprensible muchas de sus aventuras, por ejemplo sus visitas nocturnas a a la abadía o sus reconocimientos de las casas como pidiendo a gritos ser asesinada) va pasando de la curiosidad que le merecen las leyendas celtas a vivir en su propia piel un caso no resuelto en el pasado.

Conocemos del abad a través de las anotaciones del antepasado de los otros protagonistas, los niños Camille y Geoffrey (solo le falta una letra para estar de actualidad), Stanley Felton. Más allá de ese paréntesis narrativo en cursiva, todo transcurre linealmente, con lo que es difícil perderse. Además, son poco más de 200 páginas y no entraña ninguna dificultad pese a que el autor intercala referencias cultas o léxico propio de otra época.

Dosis de suspense, efectistas y dramáticos asesinatos (cuencas de ojos vacías, cadáveres resecos de sangre), los diez capítulos (enmarcados por un prólogo y un epílogo en los que Ada Boyle rememora aquellos hechos vividos no se sabe hace cuánto, aunque dan la pista principal para no temer en ningún momento por la suerte de nuestra narradora) destacan por la descripción del ambiente victoriano, rancio, melancólico y solitario del Hampton College. No así mucho los diálogos, sin embargo. 

Aunque para mí lo peor es el lastrado retrato de los personajes, que no cobran vida en ningún momento y se nota que son meros elementos del engranaje de una típica historia: no me convence esta Ada a la que no sabría si calificar de valiente o de estúpida, de snob o de ermitaña y que no empatiza para nada con el lector de lo fría y distante que se muestra. Los chicos son tontos de baba por el mero hecho de invocar al Abad (porque querían ver si eran capaces, tócate los pies...). El Abad apenas gruñe y hiede en su forma maligna (de él en su vertiente humana apenas se cuenta nada, otra pena) y el resto (Shaverin en el pasado, la directora Mrs Gregson, el borracho Chris, el donjuan Mister Craig) son circunstanciales a más no poder. 

Eso sí, recordemos que se trata de una novela juvenil y que puede ser una novela ideal para un 2º de la ESO por todos los elementos positivos que he referido. Pueden pasar un ratito de terror estimulante sin muchas complicaciones. La editorial tiene una guía de actividades, por cierto.

Comentarios

Anónimo ha dicho que…
Me gustas como los describistes, comparto tu idea.

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