Nada. Janne Teller. Seix Barral

(160 páginas. 16€. Año de edición: 2011)
Nada importa. Hace mucho que lo sé. Así que no merece la pena hacer nada. Eso acabo de descubrirlo.
Esta novela, como dice la propia autora, es más bien un cuento, una fábula con ciertos toques alegóricos. Puedes tomarte la lectura como algo que está significando más allá de lo que se nos cuenta (puedes y debes si es que quieres encontrarle la esperanza al libro, tal y como afirma la propia autora).

Y se nos cuenta, con un estilo a veces cortante, a modo de puñezatos a bocajarro, cómo afrontar la vida cuando se corre el riesgo de descifrarla como una nada carente de sentido, que es lo que le ocurre a Pierre Anthon al principio de curso de la clase de 7º A: "Porque todo empieza sólo para acabar. Existir no merece la pena en absoluto". La vida no tiene sentido, de modo que decide subirse a un ciruelo y no bajar de allí.

Desde las primeras páginas (desde el primer capítulo, la primera frase reseñada, que, por cierto, si es de Agnes, la narradora, entonces daría un vuelco a la interpretación de la lectura, así que mejor será que se la asignemos a Pierre Anthon) vemos cómo el estilo, la forma de contar esa idea tan tenebrosa, es un acompañante indispensable. Por ejemplo, cuando Pierre Anthon se va: "Y la puerta sonrió (...) Íbamos a convertirnos en algo. / Y algo quería decir alguien" (p.8).

Los compañeros de Pierre Anthon se rebelan contra el panorama que su compañero muestra: "Nosotros íbamos a ser algo, íbamos a ser alguien". Por eso les resulta necesario hacer que Pierre baje del ciruelo. Y tiene que ser sin la ayuda de los adultos porque ellos también son el enemigo. Los adultos ya están perdidos (reminiscencias a El Principito; podríamos hablar de El Principito del siglo XXI si fuéramos publicistas).

El libro es como la bajada de una bola de nieve: al principio, la montaña tiene poca pendiente y avanza despacio: ¿cómo hacerle bajar? Tirándole piedras, para lo cual los chicos inician una perfecta organización (componente fundamental en toda la historia: el tema subyacente del peligro que suponen los grupos retroalimentándose está ahí). Poco a poco, la cuesta es más pronunciada: ven que hay que demostrarle "que existen cosas que importan". Y a partir del capítulo V eso hacen: "El montón de significado crecía y crecía". Y ese significado va adquiriendo una velocidad tremenda:

El montón de significado empieza con la serie de libros de Dungeons & Dragons (Dennis), una caña de pescar (Sebastian), un balón negro de fútbol (Richard), unos pendientes de cacatúas africanas (Laura), unas sandalias verdes (Agnes). Agnes pasa tres días pensando cómo devolverle el golpe a Gerda (que se había chivado a Laura de lo que le importaban dichas sandalias) y ahí empieza a tambalearse la delgada línea roja que ellos nunca perciben, y es que le pide su hámster Oscarito.

Del hámster de Gerda pasamos al telescopio de Marken, y de ahí a la Dannebrog (la bandera danesa) de Frederik; luego, el diario de Lady Guillermo, el certificado de adopción de Anna-Li, las muletas nuevas de la pequeña Ingrid; a Henrik se le pide la serpiente sumergida en formol (que está en el instituto); a Ole (el que siempre lo soluciona todo pegando), sus guantes de boxeo. Y Ole vuelve a dar un salto en las exigencias: pide al hermanito de Elise, muerto con dos años, para lo cual tendrán que visitar el cementerio y profanar su tumba.

Turno para Elise: el pelo de Rikke-Ursula, sus seis coletas azules ("Azul. Más azul. Azulísimo"), que derivan en pedir la alfombra de rezos de Hussain (la religión tampoco es un freno para estos chicos); la bicicleta amarilla del gran Hans desencadena otra vuelta de tuerca, ya que este exigirá la inocencia de Sofie, algo que además propiciará que la chica se desequilibre. A pesar de lo brutal, está expresado con delicadeza y mediante un pañuelo con "una pizca de sangre y algo de mucosidad".  

Sofie pedirá que el piadoso Kai entregue a Jesús clavado en la cruz; Kai devolverá el golpe exigiendo a la guapa Rosa la cabeza de Cenicienta (la perrita que había llegado a la serrería junto con el ataúd del hermano de Elise); para sortear el impedimento a este hecho, pide que se lo corte la misma Rosa, que a su vez pedirá el dedo de Jan-Johan. En el capítulo XVII, el 14 de diciembre, después de cuatro meses acumulando significado, el montón ha llegado a su fin. Llega a haber más niños en la clase y quién sabe qué más habrían apilado...

Llega el montón a su fin y sin embargo quedan bastantes páginas: ¿ahora qué?, se pregunta el lector. Pues Jan-Johan se chiva y el caso trasciende al periódico local, y de ahí se hacen eco los grandes periódicos, la tele, los medios de otros países. La opinión pública debate sobre si los chicos son unos ingobernables o han dado con el sentido de la vida. A pesar de todo, Pierre Anthon no se digna a bajar a verlo y por eso aunque alcanzan una tremenda celebridad y un famoso museo de Nueva York les da más de tres millones de dólares por el montón de significado, los chicos sienten que no han conseguido su objetivo y más cuando el 8 de abril (cuatro semanas y media después de la fecha en que se acordó la venta) se lo llevarían y el significado no podría hacer sombra a la nada.

El libro se oscurece aún más: "Y ni siquiera habíamos cumplido los quince./Trece. Catorce. Adultos. Muertos". El día antes del 8 de abril Sophie enloquece, los chicos se pelean como bestias salvajes y Agnes busca a Pierre Anthon para que le ayude. "No sé si fue horroroso o no"; "Tenía sentido pegar a Pierre Anthon. Él tiene la culpa de todo". Y es que incluso en el último capítulo, el XXVI, se ve el odio de Agnes en ese "¿O qué? Pierre Anthon, ¿o qué?", de modo que lo esperanzador se tiene que cifrar en lo alegórico, al conseguir desterrar esa incertidumbre de la nada en los corazones de los chicos, aunque ver cómo ellos en ningún momento se arrepienten de lo que han hecho hace que sea complicada esa lectura. 

Lo importante, de todos modos, es que hace pensar y por tanto es un libro recomendable a nuestros alumnos, poco acostumbrados a eso. El debate estará servido, que no en vano ha sido un libro prohibido y censurado en varios países, pero merece la pena porque se sale de los parámetros en los que se mueve la literatura juvenil (de hecho, es una lectura muy adulta al margen de las aulas).


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