Sandman. Preludios y nocturnos. Neil Gaiman. ECC Ediciones

(240 páginas. 17,95€. Año de edición: 2013)
Toda gran historia tiene un punto de arranque, se quiera o no. Si bien puedes prescindir de este primer volumen e iniciarte con el segundo, Casa de muñecas, siempre es interesante acceder a los antecedentes, a esos preludios que configuran un universo tan particular como poético, tan original como cautivador. 

Fácil puede que no sea para un lector medio, incluso para un lector acostumbrado al cómic, debido al gran número de referencias y de personajes que desfilan (por lo que requiere al menos de una segunda lectura), y tal vez incluso sea recomendable empezar por el segundo, que explica más a fondo eso de ser un Eterno como el protagonista de estos relatos: Sandman, Morfeo, Kai'ckul, el Rey de los Sueños, como gusten (la variedad de nombres es una de las marcas de la casa). De hecho, el dibujo de este ser delgado, desgreñado, pálido, con ojos pequeños y negros, cuyo rasgo más sintomático son esos bocadillos en letra blanca con fondo negro, me ha gustado menos que en el segundo tomo, sobre todo porque es bastante cambiante (para leer todos los avatares de la obra, detalles técnicos incluidos, como siempre hay que acudir a Zona negativa, aunque ojo, se refieren al conjunto de la obra).

En los 8 números de los que consta el cuidado primer volumen de ECC Ediciones, empezamos esta compleja historia en la que abundan los personajes episódicos (y a menudo sobrenaturales) con el autodenominado MagoRoderick Burguess, que lidera la Orden de los Antiguos Misterios, una secta ocultista, y ambiciona capturar a la Muerte para ser inmortal. Su ritual no da con el resultado esperable, porque a quien atrapa es a Morfeo, a quien roba su yelmo (especie de casco o máscara o escafandra casi marciana), su rubí y la bolsa de arena, algo que provoca estragos en los sueños de la gente (representado por medio de varios personajes, entre ellos Unity Kinkaid, que reaparecerá en el volumen segundo), por no hablar en el reino del propio Morfeo.

La historia avanza rápidamente en lo cronológico y el encierro de Sandman se extiende casi durante un siglo (1916-1986), durante el cual estalla la llamada "guerra mágica" (en la que Ruthven Sykes, número dos de la orden roba los objetos de Sandman y así se disgregan), Roderick envejece y muere y es relevado por su hijo Alex, que no sabe qué hacer con su prisionero, quien consigue engañar a sus captores y escapar. Como venganza, le concede a su captor el despertar eterno.

A partir del número 2 Morfeo inicia el proceso de recomponer su poder y su reino y para ello inicia la búsqueda pidiendo ayuda a los extraños hermanos Caín y Abel, dos seres creados por él hace mucho tiempo, ya que está demasiado débil para llegar a su castillo. Se nos presenta (en uno de esos apartes tan característicos de la obra) al tarado de John Dee, conocido en el mundo del crimen como Doctor Destiny, encerrado en el psiquiátrico Arkham (sí, Gotham, y es que se producen varios crossovers, o mezclas de personajes de diversos cómics, algo habitual en América) y finalmente el rey de los Sueños se encuentra con que su castillo está en escombros. Uno se sus sirvientes, Lucien, le pone al tanto de la situación y le recomienda recurrir a las parcas (o hécates, o tres gracias, Urth, Verthandi y Skald), que le contestan cada una una pregunta y le ponen en la pista de sus objetos mágicos robados.

Empieza por buscar su bolsa de arena, cuyo último propietario es el inglés John Constantine, que le ayudará en el número 3 ("...Sueña conmigo") a recuperarla. Es el objeto más fácil de conseguir y quizá el volumen más insípido, aunque contiene momentos bonitos como cuando le deposita arena a Rachel, la mujer de los sueños de John, que había robado la bolsa. El número 4 ("Una esperanza en el infierno") es más espectacular, pues Morfeo tiene que visitar el mismísimo infierno (donde ve, encarcelada, a Nada, aunque parece un tío de lo mal dibujada que está) y enfrentarse a sus tres señores, Lucifer  Estrella del Alba (representado de forma angelical, con una melena rubia y alas oscuras), Azazel (una cosa extraña en forma de larva con varios ojos) y Belcebú (una especie de mosca o de testículos con patas), quienes convocan al más de millón de demonios para dar con quien tiene el yelmo, que no es otro sino Choronzon, con quien tiene que batirse en un extraño desafío.

En los números 5, 6 y 7, Dee o Destiny toma el protagonismo. Escapa del manicomio y busca el rubí casi al tiempo que Morfeo, ayudado por Scott Free, miembro de la JLA (Liga de Justicia de América) y por J'onn, un marciano verde (si es algún superhéroe no lo reconozco...) que le encamina a un trastero de un pueblo llamado Mayhew. Y aunque llega antes que Dee, como este había alterado la composición del rubí, al cogerlo le deja sin conocimiento, por lo que el villano (que demuestra su desequilibrio con la conductora a la que asalta al salir de prisión) se mete en una cafetería abierta las 24 horas, para dar comienzo a un número de pesadilla (el 6), el más brutal de todos, con un número cruento y terrorífico en el que hora a hora va disponiendo de la vida de los clientes que estaban allí. En el 7 ("Ruido y furia") se produce la confrontación con este lunático en el reino de los Sueños (a través de una preciosa y recurrente anáfora: "Escucha"). Recupera su poder y devuelve a Dee al manicomio (donde se reencuentra con el profesor Crane, cuya referencia también se me escapa). Ahí se cierra el círculo roto con el secuestro de Burguess y los sueños vuelven a apaciguarse para la humanidad.

El número 8 ("El sonido de sus alas") está a medio camino entre el volumen 1 y 2 (de hecho ya lo había leído, no sé si porque la edición de Norma editorial la había dispuesto ahí), pues es el encuentro de Sueño con su hermana Muerte, caracterizada como una muchacha vivaz y gótica que le devuelve las ganas de recuperar sus responsabilidades y restaurar su reino. Vuelve a batir el sonido de alas.

Se habla de que aún estos dos primeros volúmenes no desarrollan todo el potencial de esta epopeya y se muestra dubitativo; si es así y estas páginas que se mueven entre la mitología, el lirismo, una estupenda caracterización de personajes y un magnetismo especial no son todo lo que puede alcanzar Neil Gaiman, me muero de ganas por leer el resto.

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