El médico. Noah Gordon. Rocabolsillo

(800 páginas. 9,95€. 14ª edición: 2012)
Lo que se les pide a los bestsellers es que te tengan enganchado a la historia que se cuenta y esta novela, sin duda, cumple con creces el cometido. Un novelón de este calibre sin duda pasa por altibajos, pero en general las andanzas de Rob J. Cole no transitan casi nunca por el aburrimiento, aunque es cierto que el viaje a Ispahán en busca del sueño del protagonista de convertirse en médico me resultó algo menos interesante que el inicio, un inicio bastante dickensiano, con un niño que queda huérfano, que se tiene que separar de sus hermanos pequeños y que tiene que valerse casi por sí mismo hasta que se encuentra con Barber (Henry Croft), un cirujano barbero que es algo así como una feria ambulante en sí mismo (y a través del cual se nos muestran los conocimientos culinarios medievales del autor, pues Barber es un amante del buen yantar), con el que recorre media Inglaterra.

Esta novela histórica, que tiene algo de bildungsroman (aunque para mi gusto el carácter de Rob está bastante definido desde el principio, así como su don de prever la muerte con el contacto de sus manos) y mucho de novela de viajes (los momentos de permanencia en un sitio son menos que los de tránsito), dividida en siete partes y con un narrador omnisciente, aporta pocas novedades, pero es que no pretende eso, sino ser lo más transparente para acercarte al siglo XI, al Londres de la época, a Persia, incluso te lleva por Escocia allá por el final. El mérito casi titánico es la cantidad de información y de documentación que ha debido de reunir el autor para trasladarte a la época, las costumbres y las diferentes culturas que aparecen. De lo más meritorio, por ejemplo, es la precisión casi quirúrgica con lo que se nos muestra todo lo referente sobre los judíos (en la parte del viaje hasta Persia, cuando Rob se hace pasar por judío -Jesse ben Benjamínpara entrar en la madraza, la escuela de medicina de Ibn Sina).

Quizá por momentos es algo abrumadora la cantidad de datos que se nos aportan y la impresión es que podría haber sido algo más selectivo. Algunos de los pasajes o de los diversos aprendizajes de Rob podrían haber sido mostrados por técnicas un poco más elípticas y otros momentos esbozan algunos apuntes que luego son relegados, como la afición por el alcohol de Rob que luego queda en segundo plano o la búsqueda de sus hermanos (con un reencuentro demasiado amargo hacia el final con uno de ellos). Y suele pasar en este tipo de novelas que nos llevan desde la infancia a un punto concreto de la vida, que da la impresión de que no se sabe muy bien cuándo o por qué el punto final no es otro punto y aparte, porque lo que se nos quería contar está desarrollado o planteado hace mucho.

Por regla general, la obra se mantiene en márgenes bastante realistas e incluso el don de Rob no rechina en este contexto; quizá lo que más me costó de creer es cómo se libra de la prisión (donde le martirizan sin demasiado motivo aparente) cuando llega a Ispahán y el perdón del Sha de Persia no solo le libra de la muerte, sino que se le concede un Calaat, algo así como una especie de mantenimiento real, aparte de concederle la matriculación en la escuela solo porque le cae en gracia. 

La galería de personajes es abundantísima, pero como el único que es constante en toda la obra es Rob, el resto al final acaba un poco desdibujado. De hecho, salvo Barber o el maestro del gremio de carpinteros (al que pertenecía Nathaniel, el padre de Rob), me cuesta quedarme con alguno, por más que en su momento se hayan dibujado de manera independiente y personalizada. Podríamos quedarnos con Ibn Sina (Avicena), el personaje histórico que podría considerarse como el eje principal de la reconstrucción histórica, puede que un poco idealizado, al ser presentado como un sabio filósofo (eso vale) con rasgos casi de santo varón; con Mirdin, el amigo judío de Rob en la madraza tras su paso por una ciudad en brote de peste; con Hakim, el otro amigo médico, aunque él queda casi olvidado tras ganar la carrera que le concede prestigio y reconocimiento y tendrá un final bastante cruel; el propio Sha, un hombre tiránico y voluble que no inspira nada de confianza a Rob pese a que le otorga varios parabienes y le enseña a jugar a un juego de piezas cuyo nombre no recuerdo; y Mary, la pelirroja escocesa que conoce en la caravana durante su travesía a Persia y que será su esposa.

Resumiendo, en definitiva, esta extensa obra, pese al número de páginas, es un estupendo regalo y una compañera de fatigas que no defrauda y que te mantiene dentro de la historia. Ideal, por ejemplo, para una época veraniega si se buscan títulos que te metan en una trama lineal sin complicaciones muy bien escrita y con numerosas y atrayentes peripecias que forman parte de una trilogía (Chamán, La doctora Cole son los otros dos títulos) que se pueden leer por separado e independientemente.  

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