Breaking Bad. Temporada 2

(AMC. 13 episodios: 09/03/09 . 01/06/09)
Parece que fue ayer cuando a Walter White le diagnosticaron un cáncer y decidió pasarse a la fabricación de metanfetamina con su ex alumno Jesse Pinkman, pero lo cierto es que estos dos antihéroes carismáticos han recorrido un largo trecho hasta acabar..., digamos que no muy bien en esta segunda temporada: Jesse en el infierno de la heroína y Walt en la soledad más absoluta, tras el desenmascaramiento (parcial) de Skyler. Si la 1ª temporada (reseña aquí) era el arranque en el mundo de las drogas de estos dos personajes, en esta 2ª tenemos digamos que la confirmación, y esa confirmación deviene en consecuencias a menudo mortales.

La precisión dramática de esta serie no tiene parangón. No tenemos respiro y la concatenación de hechos es como el mecanismo de un reloj, no puede faltar ni un solo engranaje. A Tuco le sucede un desesperado intento de Walter para encubrir su secuestro, a estos intentos por reconducir su situación familiar viene la falta de dinero, las interferencias y el cerco de la policía, luego la necesidad de cocinar más droga, la ampliación del negocio (Saul Goodman, Gus), las consecuencias de la venganza, las respuestas ante la extorsión, la necesidad de nuevos socios... Es un no parar, una especie de bola de nieve que crece y crece hasta que pierde el control.

Por una parte, tenemos la casi imposible conciliación de la doble vertiente de Walter, la del profesor de Química y enfermo de cáncer y la de Heisenberg, el nuevo cabecilla del negocio del cristal en Albuquerque. En ese juego malabarista, Walter empieza a distanciarse de Sky y de Walter Junior (o Flynn, como le gusta a él). Sin embargo, el posicionamiento de los espectadores es bastante sintomático cuando le anuncian una mejoría tremenda del cáncer y Walter se replantea su escalada criminal. Es difícil no sentir una gran emoción cuando sale de los grandes almacenes donde había ido comprando todo tipo de utensilios y herramientas para arreglar la casa y espanta con amenazas a dos yonquis. No queremos que deje a Jesse ni que abandone su escalada de oscurecimiento a pesar de que quizás ya no es el héroe o el puto amo que daba un volantazo en su vida y había que aplaudirle. La toma de decisiones es a menudo compleja y contradictoria (no acudir al nacimiento de su hija, la que toma respecto a Jane), pero la adrenalina se le ha metido en sus venas con más fuerza que el tratamiento que le inyectan.

Por otra parte, Jesse, obligado por sus padres, tiene que buscarse la vida. Parece que su momento más bajo es cuando cae en el urinario del pariente de Badger al tratar de recuperar la autocaravana, aunque consigue reestablecerse y se muda. Jane (Kristen Ritter, la alocada Chloe en Don´t Trust the bitch..., increíble en este registro más dramático), su casera, pronto será algo más. El amor es el principal motor para él, aunque la mezcla con la heroína es fatal para ambos y pronto queda olvidada esa celebridad que le da el rumor de haber machacado con un cajero automático la cabeza de un drogadicto que robó a uno de sus distribuidores, Skinny Pete, así como el control de la ciudad después del asesinato de Combo (en otra escena inicial de capítulo increíble, con el aparentemente inicuo recorrido en bici de un niñito). El capítulo 12, Phoenix, es tremendo en ese sentido. Cuando peor están las cosas para él, Walter decide arriesgarlo todo por ayudar a su compañero, aunque sea movido por el sentimiento de culpa. El estado de ánimo de Jesse (hey yo) queda sepultado en su última escena, en ese centro de rehabilitación.

El resto de personajes, aunque no tengan relación con las drogas, no deja tampoco de evolucionar: Skyler, al creerse la patraña de que la pareja de benefactores de Walter, Elliot y Grenchen, han entrado en bancarrota, busca trabajo y usa sus artes para convencer a su antiguo jefe Ted (que al parecer se propasó con ella o algo así, hay un trasfondo turbio en todo eso) para conseguir un empleo como contable (la tía es un sabueso con los números), por quien siente una especial atracción al tiempo que el distanciamiento con su marido es cada vez mayor, sobre todo a partir del suceso del segundo móvil y del episodio de disasociación que no termina de creerse. A estas alturas, ha quedado olvidado el tema de la cleptomanía de Marie e incluso el enfrentamiento entre Hank y Walt a raíz del tequila que le sirve este a su hijo en una fiesta.

Hank, ese hombre recto y trabajador que se preocupa por su sobrino y por su familia y que lleva fatal el tiroteo con Tuco, tiene ataques de ansiedad, reavivados por el suceso de la tortuga (una escena impactante). La DEA estrecha el cerco sobre Heisenberg, y parece que la medida distractoria de llevarles una cabeza de turco no ha funcionado. En este sentido, una de las apariciones más deslumbrantes es la de ese abogado corrupto y sin moral, Saul Goodman (estupendo Bob Odenkirk), que pronto ayuda a nuestra pareja a establecerse para asegurarse su 20% del pastel. Y, en relación con él, Gus Fring (Giancarlo Esposito, el espejo mágico en Once upon), el traficante misterioso.

Para el final me dejo el componente que viste a esta serie y le otorga un componente de obra de arte: esa producción, esos inicios desconcertantes (como los mariachis, a modo de coro griego, que cantan la futura muerte de Heisenberg) y lo que ha dado unidad a esta segunda temporada, esos inicios en blanco y negro hasta llegar al muñeco rosa tuerto. Poco a poco nos iban avanzando este flashforward mostrando a policías sacándolo como evidencia de la piscina de la casa de Walt, para luego enseñarnos el coche destrozado y dos cadáveres. ¿Qué habría pasado? Ya en el 13, ABQ (me gustaría saber qué relación tienen estos títulos con los episodios en sí), pasamos al color justo antes de la cabecera, y vemos dos hileras de humo negro por detrás de la casa. Y vale que está todo medido y relacionado porque el padre de Jane es quien origina el suceso, pero no deja de ser una especie de broma de Vince Gilligan, que nos ha colado un Macguffin (elemento de suspense que en realidad no tiene relevancia) del tamaño de una plaza de toros... Engaño o genialidad, el caso es que nos la meten doblada y de esta controvertida manera termina una temporada estupenda.

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