Dexter. Temporada 8

(Showtime. 12 episodios: 01/07/13 - 23/09/13)
Contiene spoilers  
(pero qué más da...)

Por los derroteros que estaba tomando esta octava y última temporada, habíamos llegado al final del capítulo 11 con pocas esperanzas de que se arreglara el desaguisado que tan torpemente nos habían ido presentando, pero ni siquiera el más pesimista podría pensar que se iba a cerrar tan espantosamente una de las series más queridas por la mayoría de nosotros. 

Si queremos conservar un buen (¿y merecido?) recuerdo del que fue uno de los principales iconos de la televisión, del planteamiento que hacía que nos posicionásemos a favor de un asesino en serie, habrá que desterrar esta última temporada, de modo que la penúltima, que parecía una esperanzadora llama para un punto final que a todos nos hubiera gustado, queda también invalidada. De hecho, creo que yo le recomendaría a aquel que no hubiera visto nunca Dexter que lo dejara al terminar la temporada cuatro, porque todo lo demás no sale de una repetición lacerante, de un marasmo confuso e inverosímil que incluye antagonistas decaídos, giros forzados y tramas secundarias enfermizas. 

Y no se trataba de si a Dexter le pillaban o escapaba, de si Deb superaba su trauma o se iba al garete, de si Harrison heredaba la genética psicótica o no; ni siquiera se trataba de darle algún peso específico a los secundarios; se trataba tan solo de ser consecuentes con la historia que nos había acompañado tantos años y de darle un punto final digno. De dejarnos un mínimo buen sabor de boca. Tanto ha sido el fiasco, que nuestro nada empático protagonista está asociado ahora a la decepción. Argentina o la ejecución, que Debra muera, que Masuka sea padre, ¿y qué?

En sí, la octava temporada no tiene dónde cogerse. Ha sido un sucederse deshilvanado y a la deriva. Daba la sensación de que a los guionistas les habían puesto una bomba de relojería en sus asientos y simplemente la orden de entregar el guion cuanto antes. Y lo peor de todo es que llegamos al último episodio y te das cuenta de que la octava temporada ha sido un engaño, una (mala) distracción porque lo único que importaría sería el último episodio, los últimos minutos del último episodio. Y eso que el caso del neurocirujano prometía en un inicio. Pero ha resultado ser una cadena de absurdeces rematada con un salto mortal a espaldas con los ojos cerrados por el que Oliver Saxon resultaba ser el hijo muerto de la doctora Evelyn Vogel, esa mujer que en su presentación también prometía emociones fuertes y cuya insípida muerte ha sido el colofón a una indiferencia supina. La madre psicológica de Deter rebanada, ¿y qué?

¿Y Debra? Tras un paseo por la perdición y el desnortamiento, tras su particular descenso a los infiernos por culpa de su (demasiado) amado hermano y un malogrado intento de suicidio-asesinato, se remata una de las peores evoluciones psicológicas narradas en la tele: ¿a qué vino el enamoramiento que nos metieron en la 6ª temporada y que se evapora aquí por arte de magia? ¿Y a cuento de qué de repente besa a Quinn y acepta su propuesta de matrimonio? Fuck, fuck, fuck, como hubiera dicho ella en sus buenos tiempos. Ni alguna frase como la de que la familia que mata unida permanece unida reduce el desastre perpetrado. El único personaje que se mantenía incólume a las debilidades de guion, aunque había quedado mal desarrollada en su último trazo, no se merecía el final que ha recibido. Se mire donde se mire, no se puede considerar un homenaje, sino una putada. Apelar al sentimentalismo con un personaje carente de emociones es rizarle el rizo a un calvo o suponer inteligencia en nuestro presidente de gobierno. A pesar de que nos estaba resultando cargante con lo de si volvía a la policía o si tenía trillizos tontos con Quinn, ni siquiera Batista ha podido llorar su muerte. Los guionistas habrán pensado: ¿y qué?

¿Y qué decimos de Dexter? Mira que parecía difícil que pudiéramos enfadarnos con él pese a su falta absoluta de sentimientos empáticos. Habíamos olvidado la muerte de Rita, habíamos olvidado a Cody y a Astor, nos había parecido un malabarismo su combinación psicópata con su paternidad (recordada con calzador con el flashback de la sala de bebés), había resultado errático en muchas ocasiones pero siempre encontraba la salida, y Hannah (la mata maridos, no la ama de casa ñoña y comprensiva) era la novia perfecta... Hasta que en el penúltimo capítulo deja con vida a Saxon en una decisión imposible de justificar y de defender y ya todo da igual. El huracán Laura se lo puede tragar si quiere, ¿y qué?

Porque llegamos a ese final, cúmulo de insensateces e incoherencias (un asesinato con un boli en prisión, la desintubación a Debra sin obstáculos, así como el "secuestro" de su cuerpo sin problemas, la escena con Saxon en el hospital...) que se hace eterno porque encadenan hasta tres soporíferos fundidos en negro (a cual peor que el anterior) para que veamos cómo queda todo tras el huracán: 

Primer fundido en negro: los restos del barco indican que Dexter ha muerto. Segundo fundido en negro: Hannah se entera en Buenos Aires de la muerte de su amado. Frunce el ceño, pero disimula delante de Harrison. Tercer fundido en negro: Dexter con barba descargando leños. Mirada seria a la pantalla. Y ya sí que sí, los créditos. 

De 100 posibles finales, yo creo que este es el peor posible, el peor epitafio a lo que hace tiempo dejó de ser una gran serie y, gracias a esta octava temporada, bajó otro escalón más. Qué pena. Qué pena tan grande. Adiós, Dexter. Trataremos de olvidar tus últimos momentos para no sepultarte en el oprobio.

Comentarios

Dhabe ha dicho que…
Jajajajajajaja usted amigo mío, entiende nada de nada.

Dedíquese a otra cosa. De narración no tiene idea.
Juliiiii ha dicho que…
Entiendo, amigo mío, que usted sí que entiende de narración. Explíqueme entonces por qué le ha gustado el final de Dexter.

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