Californication. Temporada 5

(Showtime. 12 episodios: 09/01/12 - 02/04/12)
Hace tiempo que Californication dejó de ser esa serie de culto en la que un escritor maldito, Hank Moody, se metía en un lío detrás del otro a pesar de sus buenas intenciones, sobre todo respecto a su ex, Karen (la atractiva Natascha McElhone), y a la hija de ambos, Becca (Madeleine Martin, otro ejemplo de por qué los niños no deberían crecer en las series). Si a este personaje carismático (David Duchovny hace olvidar ni más ni menos que a Mulder, de Expediente X) le unimos un cóctel de drogas, alcohol y sexo, para qué queremos más, qué rompedora esta serie cuando se inició, que llamaba al pan, pan y al vino, vino, y que se cortaba poco en enseñarlo en pantalla. Ah, bueno, sí, que encima está el desastroso Charlie Runkle (Evan Handler), el agente de Hank, ese adorable calvo pajillero metepatas (su esposa Marcy también es graciosa, tiene ratos divertidos, pero es más prescindible, lo siento, Pamela Adlon).

Las dos, tres primeras temporadas son además de divertidas, transgresoras. El pobre de Hank se mete en más líos de los que quepa imaginar y todo porque no sabe mantener su pene lejos de los problemas. Este seductor mujeriego tiene todas las papeletas para resultar odioso, pero todo lo contrario. Su malditismo no está peleado con ese encanto personal, ese buen fondo que nunca deja de aflorar, aunque no le sirva de mucho, sobre todo en lo que concierne a Karen o Becca. Esta relación imposible de sí pero no, no pero sí, sería imposible de mantener en otra serie que no tuviera al bueno de Hank. Es imposible no quererle.

Aunque solo sea porque le debía una entrada a esta serie, no importa que la quinta temporada sea más de lo mismo, cambiando las movidas de este escritor (al que no sé si ya en la cuarta temporada tampoco le vimos escribir nada, esa pata de la serie hace tiempo que dejó de importar), las chicas en cuestión, y esas idas y venidas de Nueva York a California. 

Aquí tenemos a Stu (simpático Stephen Tobolowsky) casado con Marcy y al hijo de Marcy y Runkle incapaz de hablar, con una niñera guapísima (Lizzie, Camilla Luddington) que quiere ser actriz y de la que se cuelga cabeza-pene; tenemos a Karen casada con Richard Bates (Jason Beghe, me encanta su voz ronca y cascada), un profesor universitario o no sé qué, muy en la línea de Hank, pero reformado hasta que bebe alcohol; a Becca ennoviada con Tyler (Scott Michael Foster), algo así como el relevo generacional de Hank, ya que resulta que es un escritor cojonudo y un capullo integral; y a Samurai Apocalypse (RZA, no son siglas, es por lo visto el nombre del actor), un rapero/productor/actor afroamericano que está colgado pero que tiene la pasta suficiente para implantar su propia ley.

Este Samurai, para que guionice una película suya, contrata por una pasta a Hank, que se lía (sin saberlo al principio, claro, y luego cómo evitarla otra vez) con su chica, Kali (la descomunalmente sexy Meagan Good). Y bueno, falta por nombrar a Carrie (Natalie Zea, otra mujer de bandera, que también aparece en la indigerible The following y en el 9 hace su no muy afortunada aparición en Under the dome), la loca con la que Hank estaba saliendo en Nueva York y que protagoniza un escandalazo en el primer episodio y que tan importante será al final (ella, no el escandalazo).

Como digo, está todo visto ya. Me falta por ver la sexta temporada y ya está prevista una séptima. Podría prescindir perfectamente de Californication, pero todavía es difícil dejar a Hank Moody. Mientras no se traicione a sí mismo (a Charlie le dejamos que se traicione porque es de lo más divertido de la serie), le seguiremos aguantando sus andanzas, por más que suene a desgastado y cueste distinguir las tramas de una temporada a otra. Dura media horita escasa y es ligera, tampoco resulta tanto esfuerzo...

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