Dexter. Inicio del final: primer capítulo de la octava temporada (A beutiful day)

(30 de junio)
Contiene spoilers

No entiendo por qué me ha chirriado el primer capítulo de Dexter. Puede que sea porque estoy en un momento en el que me cuesta más de lo acostumbrado centrarme, puede que porque los cambios no me resultan fáciles y como me han cambiado la fecha de emisión y no estoy acostumbrado a ver a Dexter en verano veo fantasmas donde no los hay, o puede simplemente que con el cambio de disco duro hasta el color y la plasticidad de la serie me parecían distintas, irreconocibles, como muchos de los personajes del primer capítulo de la última temporada, empezando por el propio Dexter, irritado, desatado, imprudente, como deseoso de que adoptemos el nuevo punto de vista de Deb (verla esnifar coca duele): "tenía que haberte disparado a ti en el contenedor". 

¿Vamos a dejar de posicionarnos siempre a favor de nuestro psicópata favorito? Esperemos que no porque el espíritu de la serie se vendría abajo... Queremos a este asesino, nos alineamos a su favor, odiamos a los policías que le hacen peligrar, ansiamos que siga puliéndose a los indeseables que se crucen por su camino aplicándoles el código de Harry, le perdonamos que sea incapaz de amar porque es su naturaleza y porque ha progresado mucho desde que empezamos a seguir sus andanzas, nos aterra que el cartel promocional sea un maldito spoiler...

Han pasado seis meses: Dexter está como si nada, aparentemente feliz de la vida. Te jode, pero qué se le va a hacer, la empatía del personaje es nula; Tom Matthews (me encanta Geoff Pierson porque le aporta una ambigüedad que le hace imprevisible, como se vio la temporada pasada) vuelve al cargo que le había arrebatado Laguerta; Baptista ha regresado al cuerpo de policía de Miami después del asesinato de Laguerta (así que ya tenemos sustituto para alguien que meterá la nariz como Doakes o la propia Laguerta, y es otra mala noticia porque Baptista caía bien, era lo más próximo a un amigo para Dexter); Quinn está enrollado con Jamie, la hermana de Baptista y sigue en esa trayectoria marginal y prescindible iniciada desde que estuvo a punto de pillar a Dexter en el coche; Masuka sigue siendo un cachondo y un colega que cubre a Dexter; Harrison está enorme; y, sobre todo, Deb ha dejado la policía y ahora es una especie de mercenaria buscando criminales de poca monta, incapaz de digerir la acción que ha cambiado su vida y su manera de mirar a Dexter: no quiere saber nada de él, le evita y se ha involucrado en una historia sucia y sórdida con un ladrón de joyas (Andrew Briggs, que hacía de director disparatado y genial en Entourage) al que debería vigilar.

¿Serán los encuadres? ¿Será que no hemos transitado apenas por el apartamento de Dexter o por la comisaría, lugares reconocibles para el espectador? El caso es que he visto forzada la rabia y la desesperación de Dexter por dar con su hermana para que siga aportándole esa especie de referencia moral o de ancla a la humanidad. Verle gritar a Harrison, contestar mal a Baptista, estar a punto de estrangular a un conductor que le ha cerrado el paso en el coche, pasar tanto de los consejos de su padre, apuñalar al tal Briggs sin contemplaciones y sin su metodismo..., no, por favor, no puede poner en bandeja su entrega.

Eso sí, no todo iba a ser impresiones desfavorables. He leído los comentarios en Todoseries y el capítulo ha gustado mucho. Bien por detalles como el "fucking password", por la misma Jennifer Carpenter, que ya se merecía cualquier nominación por la pasada temporada y que sigue haciendo méritos para figurar entre las mejores actrices de series, por un asesino en serie que promete devanando los sesos de las víctimas para extirparle la zona de la empatía, por los avances de los siguientes episodios aunque solo sea porque reaparecerá Hannah y por la turbadora aparición de la doctora Evelyn Vogel (la britaniquísima Charlotte Rampling), que parece saberlo todo sobre Dex primero al lanzar indirectas sospechosas en su presentación, luego al departir con Dexter en la morgue y ya directamente al enseñarle dibujos suyos de pequeño.

Seguro que acabo aceptando los cambios y agradeciendo unas vacaciones pegado a esta serie, me acostumbraré a mi nuevo disco duro, ya habré terminado de centrarme o de descentrarme y lo que ahora me ha resultado chocante tras esta elipsis temporal volverá a su cauce y a quedar todo bien concatenado. Lo que no sé es si el mayor cambio que se avecina lo digeriré fácilmente: Dexter se acaba.

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