Game of Thrones. S03E07. The Bear and the Maiden Fair

13/05/13
Contiene spoilers

 Incluso viéndolo en los posters promocionales, Iwan Rheon (boy para IMDB) da miedo y no es para menos. Este loco del que aún no se ha dicho el nombre (por más que los spoilers que abundan por ahí nos lo hayan revelado) sigue torturando a Theon, al pobre Theon. Se podría discutir si es necesario mostrar tanta violencia, tanta extrema violencia, pero lo cierto es que esta trama es una de las más impactantes no solo de la serie, sino de cualquier serie, y eso es digno si no de valoración, sí al menos de mención. No sabría quedarme con cuál es peor, si con la del meñique del episodio 6, o si con esta, a pesar de que (a dios gracias) no se nos ha mostrado. El caso es que desde que las dos jovencitas señoritas se interesan por Theon, no dejamos de pensar en la trampa subyacente, una vez que hemos aprendido (no como este Greyjoy) que aquí no se puede esperar nada bueno cuando te lo ofrecen. Si ya se le había amputado la parte del cuerpo que menos estimaba, ahora le toca el turno a la más estimada...

Empiezo entrando a fondo porque tengo poco tiempo y son muchos los frentes abiertos. El capítulo 7 es, para mi gusto, una especie de extensión del sexto, como si hubiera sido uno en dos partes. Se nos alargan las escenas ya vistas antes y, exceptuando algún avance importantísimo, como el hecho de que Talisa le diga a Robb que está embarazada (antes escribe una carta, a lo Twynn, en su idioma valyrio, y visto que su aparición fue poco menos que intempestiva, como su trasero en este episodio, nos podemos parar a pensar si esconde algo más o si solo tenemos que desconfiar de Walder Frey) o como el secuestro de Arya a manos del Perro (antes habíamos asistido casi con un escalofrío a la respuesta de la pequeña Stark sobre que su único dios es la muerte).

Por lo demás, seguimos con las quejas de Sansa en una divertida y pícara escena con Margaery. Natalie Dormer está que se sale y hace del personaje de Margaery una perita en dulce. Solo hay que ver cómo le habla de sexo a Sansa y cómo afirma que todo lo que sabe se lo ha dicho su madre... Menos mal que no se lo dijo un pajarito... Aunque para pajarito, Bronn, que no está de acuerdo con la pesadumbre de Tyrion respecto al matrimonio con Sansa, puesto que esta es una de las mujeres más bellas de Desembarco. Y me ha vuelto a cansar la escenita de Shae. Dan ganas de que la pesque Cersei...

Ygritte y Jon siguen estrechando lazos (más, si cabe) y acentuando la enemistad con Orell, que también bebe los vientos por la pelirroja, mientras van hacia el Castillo Negro; Osha se gana un foco de atención al explicar por qué no quiere acercarse al muro: su marido se convirtió en un Caminante blanco y estuvo a punto de matarla.

Jaime salva a Brienne volviendo a jugarse su pellejo y a pesar de que parecía que sus destinos se separarían, ni siquiera el osito que le habían preparado puede con ellos, por suerte; Joffrey se nos aparece como el pelele que en realidad es a manos del astuto e implacable Twynn y la mención hacia el avance de Danaerys con sus dragones por parte del chico no parece inmutarle: ¿otra vez planeando un asesinato? Eso es lo único que parece que puede detener a nuestra Khaleesi, que a las puertas de la próspera Yunkai muestra lo benevolente que puede llegar a ser con los esclavos y lo arrogante que será con los gobernantes. Qué bien hechos están los dragones, por cierto, y qué bien las localizaciones para las tramas más allá de Poniente.

Para acabar, y aunque su escena es breve, me ha gustado mucho la conversación entre Gendry y Melissandre (cautivadora Carice van Houten), entre los buques hundidos frente a la bahía de Desembarco. Ahí le hace saber la importancia de llevar sangre de rey, aunque me da que más le valdría al pobre Gendry no haber sido el bastardo del hombre más poderoso de Poniente...

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