Game of thrones. S03E01. Valar Dohaeris

31/03/13

Contiene spoilers

Por fin llegó el momento más esperado del año: la tercera entrega de la serie más ambiciosa y espectacular de todas las habidas y (vamos a ponernos hiperbólicamente fanáticos) por haber. Y, como no podía ser de otra forma, el arranque ha sido espectacular, si bien de una manera bastante contenida, ya que partimos justo de donde lo dejamos y se nos ha situado en ese grandioso tablero de juego que es Westeros/Poniente. Como si se tratara del cultivo de trigo, hemos asistido al proceso de plantación de las semillas, algo bastante complicado dados los tantísimos frentes abiertos. Y, a excepción de Arya, de Jaime y de Bran, han conseguido tocar todos los palos para ponernos al día:

Empezando por más allá del Muro, donde el pobre Sam corre todo lo que puede tras el espantoso trance de ver pasar el ejército de Caminantes Blancos. Uno de ellos está a punto de acabar con su terror (y con su cabeza, de paso), pero aparece (¿de dónde ha salido este lobito?) Fantasma y después sus compañeros cuervos para quemar al angelito de ojos azules. Los supervivientes de la Guardia de la Noche han de regresar al Muro para avisar de lo que se avecina. Luego asistimos al encuentro entre Jon Snow (por fin un poco de presteza de este muchacho, de los pocos que en las novelas me parecen más -mucho más- que en la serie) y Mance Ryder, tras un gracioso equívoco con el imponente Tormund Matagigantes. Primer diálogo apoteósico de la noche. ¿Qué busca Jon, hacerse el héroe o luchar de parte de los que luchan contra los vivos? Por cierto, genial la escena en la que Jon asiste boquiabierto a la visión de un gigante en el campamento de los salvajes.

Siguiendo por Desembarco del Rey/Kingslanding, con otra imborrable confrontación entre Tyrion y Cersei, echándose pullas, recriminándose esa falta de confianza que (con razón) tienen el uno respecto al otro. Se prepara el terreno para una de las mejores conversaciones del episodio, la que mantiene Tyrion con Tywin Lannister, su amado padre, que carga con dureza contra su hijo echándole en cara el "asesinato" de su esposa y la deshonra para su apellido que alguien como él (que camina como un pato y solo sabe estar rodeado de putas y borrachos) pretenda llevar Roca Casterly, por mucho derecho dinástico que tenga. Por eso le tiene confinado en una torre, por eso no le ha visitado ni una sola vez. Ojalá pronto esas palabras se vuelvan contra la nueva e intransigente Mano del Rey.

Rey cada vez más disminuido, después del fiasco para él mismo por su cobardía. Joffrey deja hacer y deshacer a su nueva prometida, Margaery, que promete ser una intrigante de cuidado, digna sucesora de Cersei. Tampoco está nada mal esa conversación a la luz de las velas a cuatro bandas (Loras también asiste a la cena). Impagable la cara que pone Cersei con la mención de su hijo a su envejecimiento, por no hablar de la viperina respuesta materna aludiendo a su valentía. Margaery, que antes ha asistido a un acto de caridad con huerfanitos (estrategia política, es de suponer), no pierde ocasión para recordar que gracias a la Casa Tyrell Desembarco puede subsistir.

Quizá donde menos nos hemos detenido es en la travesía de Robb Stark, recién llegado a Herrenhall, donde asiste atónito y pesaroso a los resultados de la matanza de un centenar de norteños. Leves y gélidos fogonazos de Bolton y el recordatorio de que Catelyn Stark, su madre, es prisionera por traicionarle al liberar al Matarreyes. También nos alegramos mucho al ver que Davos está vivo (abrasadito, eso sí), aunque sigue igual de cabezón que de costumbre y va a ver a su rey por derecho y por sangre, que le recibe con su frialdad acostumbrada, a pesar de que lady Melisandre, la Mujer de Rojo, le da por prender fogatas contra los representantes de la oscuridad. Ni una ceja mueve Stannis cuando le mete en la prisión por intentar matar a la pelirroja maligna que ha provocado a este buen hombre al mentarle a su hijo incinerado.

Cuando la emoción se desata (al menos por mi parte) es cuando vemos el reflejo de los dragones en el agua y escuchamos esa sintonía épica y vibrante. Si ya habíamos alucinado con la ambientación más allá del norte o con la belleza de algunos paisajes vislumbrados a lo lejos de Desembarco, los efectos especiales creados para los dragones nos confirman que la producción de esta serie no repara en gastos. De momento, eso sí, dan ganas de adoptar a los dragoncitos, ya veremos en breve, que no los querremos ni para una parrillada. Aparte de eso, la ciudad de Astapor a la que arriban también ha resultado espectacular. Daenerys de la Tormenta, acompañada de su fiel ser Jorah Mormont, busca conseguir un ejército (no recuerdo de dónde procede el supuesto dinero que le costaría) y el ejército de los Inmaculados (feroces combatientes forjados en la más férrea y cruel de las disciplinas) parece el más indicado. 

Nos gustaría cortarle la lengua al tipo que le intenta vender a este ejército de esclavos (para lo cual no duda en cortarle un pezón a uno de ellos, la madre que lo parió...), pero no hay tiempo: una adorable niña resulta no ser tan adorable sino uno de los brujos de Qarth y la pelotita que le lanza a nuestra Khaleesi resulta contener un bicho mortífero. Menos mal que un hombre emboscado con capa y puñal en mano estaba por ahí cerca para protegerla. ¿Quién? ¡¡¡Sir Barristan Selmy!!!, que jura protegerla en otra escena emocionante.

En suma, vamos cociendo a fuego lento un guisito que contiene un montón de ingredientes sabrosos y entretenidos. Esto está empezando y no se puede pedir más de lo que nos han dado y máxime cuando la dificultad de narrar tantas historias paralelas y distantes es más que evidente. ¿Que ha sido lento? Ya irá acelerando el ritmo, si la fama del tercer volumen de la saga, Tormenta de espadas, no desmerece.

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