Black mirror (temporada 2)

3 capítulos: 12/02/13 - 26/2/13
Esta entrada contiene spoilers

La segunda tanda de episodios de Black mirror vuelve a incidir en el impacto de las nuevas tecnologías en una sociedad en la que dependemos cada vez más de nuestro smartphone, nuestra tablet, nuestra conexión wifi y donde si no tenemos una tostadora domótica no nos quedamos satisfechos, porque el vecino la tiene, ¡y más grande!

El planteamiento de la primera temporada vuelve a cumplirse: capítulos independientes y autoconclusivos, con actores diferentes y argumentos distintos, aunque siempre con el denominador común de una pantalla en negro que amenaza con alienarnos o abducirnos, así como tramas desasosegantes que permiten reflexionar con la angustia metida en el cuerpo al acabar cada episodio de aproximadamente una hora. Las ventajas del formato son evidentes, aunque al mismo tiempo devienen en un defecto: cuando sale un capítulo flojo (el S01E02 y, sobre todo, el S02E03) te desquebraja un poco la nota final del experimento. Y más cuando las temporadas son tan reducidas. Un año para preparar tres capítulos debería depararnos temporadas completamente redondas.

Y la segunda temporada no lo es por (*inicio de spoilers*) ese último episodio fallido, The waldo moment, que habla de política a través de un personaje de animación, Waldo, un oso azul manejado por un hombre que roza la depresión y que descarga sus frustraciones amparado por el anonimato que le da esa especie de proyección gamberra y populista que encuentra su éxito en la deficiente clase política, cada vez más alejada de los intereses de la población (¿pero esta no era una serie que esbozaba temas del futuro?). Si bien el planteamiento es interesante, es el que se desarrolla más lastimosamente, al centrarse en el hombre que maneja a Waldo y no en el tema político; además, el muñeco que se proyecta en una furgoneta con un panel de plasma es bastante cutre.

Con el primer y segundo episodio pasa lo contrario y cuesta quedarse con uno como el mejor de la temporada. Ya que he empezado por el final, sigo por el segundo, White bear, donde nada es lo que parece y donde el frenesí y la angustia alcanzan las cotas culminantes (como ocurría en el primer episodio de la primera temporada): una mujer se levanta y no recuerda quién es ni dónde está, y por si fuera poco varios elementos inspiran inquietud, como el logo en la pantalla de las teles, que parecen emitir una frecuencia que atonta, o como la actitud de la mayor parte de la gente, amparada en su móvil, con el cual no dejan de grabar los movimientos de la mujer; ya cuando aparece un tipo enmascarado con un rifle persiguiéndola tenemos el no va más. Solo una pareja de muchachos le ayuda, aunque el giro del final te deja el argumento patas arribas y si bien se trata de un castigo cruel y sádico, lo peor es que la audiencia disfruta del espectáculo como un reality más. Y ya se sabe, si la audiencia te respalda, cualquier bazofia está permitida.

Y el primer episodio también invita a la reflexión, cómo no: Be right back, en el que una mujer, Martha, pierde a su novio y justo después se entera de que está embarazada. Vive apartada del mundanal ruido y a pesar de que se resiste, cae en la tentación en forma de oferta perversa de una amiga: existe un software que permite reconstruir la personalidad de alguien fallecido recopilando sus tuits, chats y toda participación en Internet; como las llamadas no le son suficientes, al final incluso pide una réplica exacta suya, aunque pronto verá que tampoco le llena. Lo mejor del episodio, junto a lo que se plantea de la vida tras la muerte o de la relevancia que está tomando el componente tecnológico en nuestras vidas, es la actuación de la actriz, Hayley Atwell, que sobrecoge por su hondura, su tormento, sus dudas y su decepción final. Es el capítulo más pausado y de mayor hondura de toda la serie, probablemente.

Pese al borrón del último episodio (que no se entiende cómo fue trasladado de su original posición, ya que White bear iba a ser el tercero y hubiera quedado como un estupendo colofón a la temporada), de nuevo Black mirror plantea tantas cosas interesantes y da pie a tantas reflexiones que están a la vuelta de la esquina, que no queda más remedio que verla y que recomendarla.

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