El amigo que surgió de un viejo ordenador. Belén Gopegui. SM (El Barco de Vapor)

(152 páginas. 8,40€. Año de edición:  2012)
Aunque el libro se podría alinear incluso dentro de la categoría de libro infantil, la profundidad de la prosa de Gopegui (adscrita a una serie de temas comunes en ella como la concienciación ciudadana y social para con el  cambio climático, la contaminación del planeta, el uso de software libre...) hace que no sea tan sencillo y que la etiqueta del propio libro, "A partir de 10 años", no sea muy orientadora.

Creo que hace falta un mínimo de sensibilidad y de hábito lector para poder entender y disfrutar la lectura, pues si no las aventuras de Mariú, una niña que estudia aún en el colegio pero que razona, piense y siente como una adolescente o incluso más allá, parecen como caídas de otro planeta. Está claro que la familia de esta niña es ejemplar (no dejan que la niña juegue a la Wii más que los fines de semana, y solo media hora, les restringen el acceso a Internet, llevan a rajatabla que se haga los deberes...) y que la relación con su hermano Daniel es la ideal, y que la madurez de esta niña debería ser un modelo para los lectores, pero como no es lo habitual (o no lo que me ha tocado conocer), puede resultar cuanto menos extraño.

Y es que en esta novela no tenemos una gran acción: Mariú se hace con un viejo ordenador en un mercado de trueques (la Charca de la rana) y ahí sigue una serie de acertijos propuestos por Matti, al que lee una serie de cinco documentos (qué tela el niño y su carga de profundidad, su filosofía de vida, que ya quisieran Pablo Coelho, Jorge Bucay y compañía). Por otra parte, Mariú está casi todo el tiempo enfadada con su amiga Kyra, que además se tiene que ir a Brasil porque sus padres no encuentran empleo en Madrid. 

Así que o se trata de un grupo con nivel lector alto, y sensibilidad alta, o este libro (estupendo libro, por otra parte, no tan solo para niños, me atrevería a decir, aunque solo fuera por la moralina que encierra) se les caería de las manos, y no valorarían esa despedida en el aeropuerto, un momento muy emotivo y emocionante, ni tampoco el canto a la positividad, la energía, el valor de los niños y de la vida en general. Por eso, repito, aunque no apto para cualquier lector, se trata de un libro muy recomendable.

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