Cartas de invierno. Agustín Fernández Paz. SM (Gran Angular)

(95 páginas. 8,75€. Año de edición: 2010)
Novela breve y fácil de leer pese a su estructura matrioska (muñeca rusa), ya que encontramos hasta tres narradores distintos. En un principio, se nos cuenta la misma historia de siempre, la de una casa encantada que esconde algo diabólico dentro, pero se nota que el autor es un lector de Lovecraft o Poe, y consigue dotar de verosimilitud el relato, así como de una paulatina intriga, que va paralela incluso a momentos de terror, como cuando los protagonistas se encuentran con el libro de grabados que va cambiando.

Lo más interesante es ese juego de perspectivas: abrimos la novela con un narrador en 3ª persona que nos habla de Teresa Louzao, que recibe una carta de su hermano, Xavier, un escritor de éxito, del que no sabe nada de él desde hacía casi dos meses. El contenido de la misiva no es nada tranquilizador y remite a un sobre cerrado que no quiere que abra y que se lo entregue al inspector Soutullo. Hace referencia a Adrián Novoa, amigo suyo (y del que ha estado enamorado Teresa), y a Lovecraft. Al cabo de dos días, sin embargo, Teresa no aguanta más y rasga ese sobre. Damos paso en el segundo capítulo al relato de Xavier.

Pasamos en el 2º capítulo a la 1ª persona. En el segundo párrafo nos advierte: "Comienzo a escribir estas líneas con la seguridad de que me quedan muy pocas horas de vida, o de lo que nosotros llamamos vida". Pone en antecedentes al lector (al lector externo a estas cartas, diría yo, pero bueno) sobre quién es él y quién Adrián, amigo suyo desde la infancia en Viveiro, y afamado pintor (Viveiro es un vivero de artistas, pues). Pese a la fama y a los compromisos de ambos, siempre procuran reunirse en Viveiro la primera quincena de agosto. El último verano, Adrián comentó que quería volver a Galicia (vivía entre Berlín y Trieste) y Xavier le mostró un anuncio en el periódico: "VENDO casa embrujada". Xavi se va a Quebec a impartir unas charlas sobre proceso creativo durante seis meses y a su vuelta se encuentra con ocho cartas de Adrián, dos desde Berlín y Trieste y el resto desde Doroña-Vilarmaior, la primera fechada dos semanas después de su marcha y la última hacía solo unos días. 

Vamos al tercer capítulo y al tercer narrador, que nos acompañará hasta el 10º capítulo (se puede decir que es una novela casi epistolar). Las cartas de Adrián van desde la casi broma, pasando por una progresiva inquietud, hasta el terror más absoluto. Y es que Adrián se hace con la casa. Se nos sitúa la historia en el tiempo (1995) y cuenta la desaparición del indiano que mandó construir la casa, así como de su sobrino; pese a que las supersticiones de la gente le resbalan, poco a poco el temor se va infiltrando en Adrián. Y no por los petroglifos prehistóricos que aparecen en cada puerta, sino sobre todo porque el teléfono y el fax empiezan a sonar y a hacerle llegar mensajes de socorro. Los mensajes le conducen al desván, donde encuentra el libro de grabados encima de la mesa. Entre la página 217 y la 218 hay un grabado con unca chica contemplando el paisaje que le intranquiliza, aunque de la intranquilidad pasa al terror cuando observa que la escena va cambiando.

En el capítulo 11 volvemos a Xavier, que ha leído cómo su amigo había resuelto ayudar a la joven pese a intuir un espantoso monstruo. Xavier le atribuye un componente maligno a esa chica, pero pese a las advertencias de su amigo (por ejemplo, en el cartón que encuentra cerca de la trampilla: "Si me vieras ahora, escaparías de mí (...). ¡Vete, tú que aún estás a tiempo! ¡Vete y abandona lo que queda de mí!"), en vez de salir desoye el consejo de su amigo y decide sacrificarse prendiendo fuego a la casa. Y así llegamos al capítulo 12. Teresa y Soutullo se dirigen a la casa, reducida a cenizas. Soutullo da por desaparecidos a Adrián y a Xavi (no se entiende bien la presencia de este personaje fantasmal, ni por qué Xavier confía en este hombre, ni se explican las precauciones con las cartas del principio), pero Teresa no se resigna... Aunque el final queda abierto, no es difícil rellenar el espacio en blanco que el autor deja.

La lectura es recomendable por completo para nuestros alumnos de 1º y 2º de la ESO, aunque un lector más avanzado hubiera preferido una mayor precisión en algunos aspectos, que los personajes hubieran estado un poco más desarrollados o que los secundarios fueran algo más que figuras decorativas; tampoco hubiera pasado nada por mostrarnos lo que vio Teresa en el libro, o al menos una mejor explicación de la relación entre la chica y los petroglifos, aunque es lo de menos. 

He encontrado un par de guías de lectura bastante recomendables: la de educarm y la del IES La Azucarera.

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