31 noches. Ignacio Escolar. Suma

(176 páginas. 12 €. Año de edición: 2012)
El estreno de Ignacio Escolar en el panorama narrativo se merecía el beneficio de la duda por su labor periodística dentro de un panorama cada vez más teledirigido. A su edad, el currículum de este burgalés es poco menos que impresionante. La prosa directa de sus artículos se trasluce en esta novelita negra que cuenta una historia de "narcos, matones de discoteca y deudas pendientes en la noche de Madrid". Noche del mes de agosto, para más señas.

Periodista ("-¿Nombre? -Periodista. -¿Profesión? -Periodista") se ve envuelto en una trama de drogas y venganzas entre colombianos y mexicanos, donde el papel de Alek (Aleksander Kowalski, polaco) y Velasco (un policía corrupto de unos 40 años) es fundamental. Otro personaje, la escultural camerara Vicky, completa el elenco de protagonistas, sin contar el propio narrador.

Se trata de una lectura ideal para el verano: ligera, sin pretensiones, fácil, en una tarde la has completado. Empieza de manera impactante, con una habitación de plástico (tipo Dexter; por cierto, así se titula el primer capítulo: y es que todos ellos están numerados y nominados) y una explicación sobre el ácido sulfúrico en un cubo para deshacerse de los cadáveres o torturar a alguien. Es una escena de anticipación o flasback en la que Periodista es invitado a una barbacoa por Velasco y Alek y que termina con el narrador encontrándose con una habitación envuelta en plástico y con un cubo.

Eso sí, la novela no aporta nada nuevo, ni al panorama nacional ni dentro de la novela negra. No hay nada original: la voz suena a algo ya escuchado, el humor negro rechina ("Alek llamó al día siguiente para avisarme de que aún seguía vivo. Qué detalle"), los diálogos pretendidamente coloquiales resultan artificiales, la participación de la femme fatale es algo nunca visto, muchas expresiones son casi latiguillos, algún recurso que otro, como la muerte del narrador, ha dejado de resultar impactante hace mucho tiempo. Si dentro de este tipo de novelas lo fundamental es mantener la intriga, ni siquiera se consigue (y el último capítulo es absolutamente anticlimático y prescindible). Incluso cuando anuncia, en el segundo capítulo, que "Fue Alek quien me presentó a mi asesino, pero no le guardo rencor", sabes que de alguna manera el fantasma-narrador es un narrador que ya explicará cómo no murió realmente.

Creo que eso, junto con una abusiva tendencia a terminar los capítulos  con alguna sorpresita ("Estaba enterrado en una zanja cerca del pantano de San Juan, a pocos metros del lugar donde la policía encontró mi cadáver", La visita del colombiano, cap. VI), es lo que más me ha reventado la lectura. Eso y alguna incoherencia bastante reseñable, como la frasecita reseñada en la solapa: "Soy de los que dicen que no soportan la violencia, de los que se creen incapaces de hacer daño a una mosca. Aquel verano descubrí que no es verdad" (lo que no es verdad es que esa afirmación se corresponda con nada después). Otro momento imposible de creer es cuando Periodista habla por segunda vez en comisaría y al acabar Al otro lado, el capítulo XXVII, resulta que detrás del cristal está el propio Velasco, que está implicado en toda la historia. 

Lo peor, con todo, es que se rompe con la verosimilitud de forma arbitraria con este narrador en primera persona que, sin embargo, es omnisciente, metiéndose en la piel de cualquier personaje, esté él o no implicado en dicha escena. Pensamientos, diálogos, sensaciones que solo un narrador en tercera persona hubiera podido recoger a no ser que el narrador estuviera de verdad muerto y hubiera podido enterarse en el más allá. El oficio del novelista debe cuidar estos detalles que en el lenguaje periodístico no importan tanto.

Lo mejor, sin duda, es el descubrimiento de Suma, esta editorial que ha presentado una edición tan cuidada y que anuncia títulos bastante interesantes, como Taksim o Submarino. Además, con precios muy asequibles, sobre todo en formato e-book.

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