Grandes superficies. Pilar Galán. De La Luna libros (14/05/10)

(252 páginas. 18€. Año de edición: 2010)
“La lengua es un ojo, una forma de ver la realidad”. “Esos días perdidos en que aún éramos hijos”. “Te quiero mucho. No puedes imaginarte cuánto te quiero. Sobre todo cuando estás así, dormido. Y todas tus aristas se convierten en huecos”.
Estas son algunas de las citas que he extraído de este libro sin pretensiones, sencillo, cercano y entrañable, que por momentos te recuerda el estilo de Elvira Lindo. Narra el periodo que pasa la protagonista, “la mosquita muerta”, trabajando en unos grandes almacenes, primero de cajera, luego en la sección de perfumería. Desde el principio siente que ese no es su sitio (anhela dar clases de lo que realmente le gusta, todo lo relacionado con su licenciatura en griego), pero se muestra cercana a todas las historias que la rodean, incluso las de las “arpías”, el retrato de una serie de mujeres más bien incultas, con poca sensibilidad y en cambio sí mucha propensión al cotilleo y al despellejamiento. Tampoco ayuda que su padre esté a punto de “dejar de ser su padre” por una enfermedad y que su marido, Miguel, no le demuestre todo el apoyo que necesita. Por eso siente a menudo unas piedras en el estómago para afrontar el día a día.

Estructurado en pequeños capítulos, cada uno con su propio título (a veces estos capítulos vienen divididos en varios puntos, como cuando la narradora hace un repaso a las burradas lingüísticas que cometen sus compañeros), casi todos ellos podrían figurar con independencia propia, con rango lírico, una tendencia a figurar como un relato corto con autonomía propia y siempre con un estilo cuidado, a veces rayando con recursos tipo taller literario, pero siempre auténtico.

La abundante galería de personajes nos depara un notable dominio de la introspección y de la observación. A pesar de las debilidades de casi todos, este universo no deja de parecernos menos humano, sobre todo porque están caracterizados de forma tan singular que parece que los tengamos delante.

Tal vez esa falta de pretensiones y esa hondura sean los aciertos más logrados de esta bonita historia que enseguida te engancha y por momentos te acaricia y logras identificarte con la narradora.

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