Generosos inconvenientes. Luisa Valenzuela. menoscuarto (02/02/11)

(272 páginas. 16€. Año de edición: 2008)
“eso también es la vida (…): una agonía desde el principio con algo de esplendor y bastante tristeza” (Cambio de armas)
Un libro de relatos cortos (o no tan cortos: Cuarta versión podría pasar por novela breve) de una autora argentina capaz de dotar a su palabra de fuerza, intensidad, riesgo, originalidad, ironía, feminismo. Diferentes registros, pero una sola voz que late por debajo y que impregna la lectura de un cierto regusto amargo, solitario.

Otra nota común es la tendencia a la elipsis, a no explicar ciertos aspectos para dejar ambigüedad o abierta la puerta a diferentes interpretaciones, pocas veces algo queda cerrado. Raya a veces el surrealismo o la inverosimilitud, pero el ambiente conseguido en la historia minimiza este hecho, suma a favor del propósito de la autora.

Empezando por Los Menestreles, palabra que no se explica su significado pero parece hacer referencia a los nueve padres de Ariel que pasaron nueve meses con Jeanne la fuerte. Un marido gris, autoritario, borracho y a menudo ausente es el telón de fondo para que esta mujer busque un refugio en estos hombres que escaparon de la guerra. El mismo refugio que para Ariel, que necesita de esa ¿ficción, verdad? de la madre para seguir adelante.

En Donde viven las águilas seguimos con un ambiente apartado, natural, al que una mujer llegó. La visión de los precipicios disuade a bajar, de modo que se queda. Allí la población es estática y peculiar, con sus propios ritos, por lo que la mujer no se siente nunca integrada, solo le queda su cámara para fotografiarse a sí misma desafiando la costumbre de allá arriba de no consignar apenas el paso del tiempo, como atestigua el extraño cementerio de momificados al otro lado del río.

Generosos inconvenientes bajan por el río es la peculiar historia de un pueblo que espera al Mesías por un río y para ello construyen un dique que al final tienen que quitar. Protagonismo colectivo, especie de parábola sin moraleja del relato que da nombre a la recopilación a pesar de no ser, ni de lejos, uno de los mejores.

El don de la palabra es otro extraño relato en el que un líder político construye un pozo bajo su balcón para que la gente escuche sus discursos. Verbo matar: en 1ª persona del plural, las narradoras (parece que hermanas) se cruzan con un hombre al que creen un asesino (y violador). Se lo imaginan tanto que terminan conjugando ellas el verbo matar contra él.

Cuchillo y madre habla del deseo del subconsciente de la hija de matar a la madre. El café quieto es otro breve relato construido a base de esperas y que marca diferencias claras entre los hombres y las mujeres, pues estas esperan a aquellos. Tango: similar al anterior, ya que una mujer escapa a la rutina bailando tango los fines de semana, pero respetando una serie de reglas implícitas (la soledad y la soltería están mal vistos en la mujer). Sandra es Sonia cuando baila y ama el tango y a los hombres que lo bailan bien. Un viudo parece traerle algo de esperanza, pero no.
  
Si esto es la vida, yo soy Caperucita Roja, La densidad de las palabras, Avatares y La llave conforman un ciclo sobre revisiones particulares de cuentos tradicionales. La visión peculiar e ingeniosa se demuestra en la original manera de trastocar los hechos.
 
Ceremonias de rechazo tiene de protagonista a una mujer que se desembaraza de Coyote, un hombre del que está enamorada y que no es bueno para ella. De la dependencia al rechazo, la mujer necesita una ceremonia para afrontar ese paso.

En Aquí pasan cosas raras se hace referencia por primera vez al ambiente enrarecido y militarizado, secuestrada la libertad, claustrofóbico el ambiente, de lo que supongo hace referencia al mandato militar y la represión subsiguiente que hubo en Argentina. La historia, eso sí, se reduce a una sucesión de cosas raras que le pasan a Mario y Pedro.
 
En Cuarta versión seguimos con este país en perpetuo estado de alarma, de sospecha y de amenaza. La protagonista, una actriz llamada Bella, tiene un grupo de amigos que rozan la disidencia. Bella se enamora de Pedro, un joven embajador casado. Aparte de esta hermosa historia de amor truncado por las circunstancias, llama la atención la manera de contarla, alternando un narrador externo en 3ª persona y cursiva, alejado en el tiempo, la 1ª de Bella al principio y la 3ª omnisciente del resto, también en el tiempo de los hechos. A pesar de que las circunstancias que rodean a los personajes están bastante especificadas, queda un halo de inconcreción, de vaguedad, de abstracción. Son muy hermosas las metáforas de Pedro recurriendo al inventado tío Ramón para explicar cosas, así como el exquisito sentido del humor que se profesan los dos personajes pese a la adversidad.

Inquietante sería el adjetivo para calificar el relato Cambio de armas, en el que una mujer llamada Laura está como ausente, carente de recuerdos y sentimientos y casi de todo. Parece como recluida por un hombre (al que cambia de nombres, pero puede llamarse Roque), que luego resulta ser un coronel. Este tiene a la mujer a su merced, la somete a todo tipo de vejaciones y pruebas, y hasta el final no se ve por qué (de nuevo remite a las torturas del régimen militar).

Emparentado con este, Simetrías narra la doble historia de una mujer casada (con un militar) enamorada de un orangután en 1947 y de un militar que se enamora de su prisionera, en 1977. De gran dureza en cuanto que refiere de forma lateral o indirecta la represión militar, de nuevo la perspectiva es clave a la hora de presentar el relato.

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