Fin. David Monteagudo. Acantilado (26/05/10)

(352 páginas. 19€. Año de edición: 2009)
Bajo un procedimiento a medio camino entre la novela objetivista y una especie de acotaciones (las escenas que se suceden operan de un modo similar al teatro: se presenta dicha escena, sin tratar de dar muestras de subjetividad alguna, como si fuera una cámara, y luego se suceden los diálogos), lo peor y lo mejor de esta novela es que ronda los tópicos o clichés de varios géneros cinematográficos: el grupo de amigos que se reúne al cabo del tiempo resulta algo demasiado visto; y cuando están todos reunidos, ocurre algo imprevisto que lo trastoca todo. Ese componente inquietante y misterioso tan manido y trillado.

Afortunadamente pasa eso pronto, ya que lo más flojo son los diálogos iniciales en los que prácticamente estamos oyendo al mismo autor con similares voces, solo diferenciadas por recursos no demasiado sutiles como muletillas, interjecciones o actitudes arquetípicas: una mujer aparentemente autosuficiente, el gracioso politizado, la sabiondilla joven, el líder más asentado, etc. Si en las primeras páginas tenemos la sensación de que se trata de una novela tipo Agatha Christie, y de hecho algo de Diez negritos tiene, ya que van desapareciendo personajes (pero no muriendo, esa es la diferencia), luego el cruce es con la de Stephen King o cualquier narración de ciencia-ficción con un toque de misterio e intriga. ¿Y es bueno que al final no haya una explicación a lo que sucede? Rebobinemos:

En un momento de la noche se ve una luz muy brillante, se apagan todos los mecanismos eléctricos y poco a poco van desapareciendo personajes, al tiempo que el resto emprende la búsqueda de la civilización. Pronto irán descubriendo que no queda nadie. Todos han desaparecido, dejando todo patas arriba. Solo quedan los animales, que parecen tomar el relevo al hombre. Y mientras tanto, de maneras extrañas e inexplicables, los amigos de otro tiempo van quedando cada vez en más reducido número.

Las relaciones personales de páginas precedentes, la trama de los pasados durante los 25 años (creo) que han transcurrido desde la última reunión, pasa a un segundo término. Ahora se centra todo en buscar explicaciones. Todo bajo la sombra que planea de un miembro de la pandilla apodado “El profeta”, al que hicieron una broma pesada tiempo atrás, y que dijo que iba a venir y no lo hizo, sembrando el pánico en la mayoría, que piensa que todo este suceso apocalíptico es debido a él.

¿Y al final, qué pasa? No hay respuestas, pero todo sigue su cauce. Si buscas explicaciones, no las hallarás. Lo que sí hallarás es una novela que se deja leer, entretenida, aunque con las carencias ya reseñadas, y también porque se trata de una novela que se consume sin más, pese a las pretensiones que pudieran tratar de encontrarse (como si fuera algo metafísico o reflexivo). Se trata de una novela que parece más de lo que es, gracias entre otras cosas a las excelentes (y exageradas) críticas que ha recibido.

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