Exploradores del abismo. Enrique Vila-Matas. Anagrama Compactos (02/09/10)

(296 páginas. 9,50€. Año de edición: 2009)
Si hacemos caso del mismo autor en el primer relato (que opera a modo de prólogo), Café Kubista (y que concuerda con la fecha de la primera edición), este libro de relatos viene después de una etapa dedicada a la novela. Quizá por haber perdido el ritmo al relato corto, este libro carece de la frescura y del ritmo de otros libros anteriores. Salvo al final, es como si no se encontrara a gusto en la distancia corta. Excesivo surrealismo, (cubismo según él) humor demasiado particular, frases brillantes como mero juego de artificios, menos hilazón que en otras ocasiones a pesar del motivo común de los que exploran el abismo. Una decepción si no fuera por el relato Porque ella no lo pidió, que da lustre a este irregular libro.

De todas maneras, el juego entre realidad y ficción, las pistas biográficas (falsas o verídicas, como pueden ser los datos de la enfermedad renal del narrador o la visita de la bella Delia Dumarchey), la indagación en lo misterioso, en lo irracional, la ironía y el mundo narrativo (aunque en bastantes ocasiones se le haya ido la mano) de Vila-Matas son motivos suficientes para que la lectura merezca la pena: 
“Voy pensando que un libro nace de una insatisfacción, nace de un vacío, cuyos perímetros van revelándose en el transcurso y final del trabajo”.
No sé si son las expectativas las culpables de que mi lectura haya estado rodeada de un cierto desengaño, de una cierta decepción. No hay relatos malos, son curiosos o intrascendentes, gaseosos: el breve Otro cuento jasídico, firmado por Kafka; La modestia, sobre las frases robadas en el trayecto de un autobús por un narrador modesto; La gota gorda, donde declara que “Seguía utilizando un tempo moroso, nada adecuado para el relato. Las frases se alargaban sin prisas y se concentraban premiosamente en los detalles”; Niño, uno de los más intrascendentes y pesados porque resultan poco creíbles ese padre y ese hijo insoportable; Así son los autistas, con un francés, Luc, introvertido y pobre de espíritu, al que una médico le diagnostica autismo; Materia oscura, en el que el narrador, un vecino cotilla, espía a una pareja al lado, y luego resulta que el narrador es el propio Dios, aunque los vecinos al final no quieren descubrirlo; Fuera de aquí, con el fiscal Andréi Petróvich Petrescov y sus extrañas hijas pequeñas (y sus anarquistas y asesinos hijos mayores), una historia confusa (o al menos su complicada recepción a través de una amiga); El día señalado, en el que oráculos y sueños premonitorios de Isabelle Dumarchey condicionan su vida, sobre todo cuando se va a México como corresponsal en medio de un huracán; Amé a Bo se lleva la palma en cuanto extravagancia e ida de olla: un buen inicio, de ciencia-ficción, con un narrador solitario en una nave espacial perdida, pero se va complicando, como un delirio, y cuando llega al planeta blanco y humorístico Kajada (cuya capital es Karibe) parece todo una broma de mal gusto; Vacío de poder, de una página, a modo casi de chiste literario; etc.

Dos relatos se salvan de este tono uniformemente deformado y autorreferencial, algo aburrido o escaso de anécdotas: Iluminado, quizá por tener algo de nostálgico y por su ambientación en la Barcelona de posguerra, por resultar algo más personal, por parecerse a otros relatos anteriores, por establecer paralelismos biográficos casuales entre el narrador y el niño Iluminado (cuya cabeza estaba pegada constantemente contra las paredes para, luego se sabe, comunicarse con su padre muerto) y por ese final imaginado que mejora el tono.

Pero sobre todo, Porque ella no lo pidió, dividido en tres partes (I. El viaje de Rita Malú, II. No juegues conmigo, III. El embrollo mismo), con diferentes niveles de interpretación, referenciando a Paul Auster y su novela Leviatán a través del personaje (real, parece) de Sophie Calle (de ahí que en Invisible, supongo, Auster mencionara a Vila-Matas). La complejidad, las referencias a la realidad (aparte de Sophie Calle y Auster, Ray Loriga, por ejemplo), el entramado figurativo de la ficción y la ficción dentro de la ficción. Muy rico, aunque por momentos resulte un poco trabado y parezca pedir otra resolución distinta. Pese a no estar a lo mejor del todo conforme con la manera de desarrollar la última parte, con visión retrospectiva me doy cuenta de que no, de que esa vuelta de tuerca lo enriquece más. Sólo por esta narración el conjunto merece la pena.

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