Ella tan amada. Melania G. Mazzucco. Anagrama (2010)

(568 páginas. 23€. Anagrama compactos: 12€. Año de edición: 2006)
Ella, tan amada es una exhaustiva descripción de la vida de Annemarie Schwarzenbanch. A pesar de la innegable labor reconstructiva, la documentación incesante y el entusiasmo de la autora por este personaje histórico (o a causa de esto, posiblemente), la novela, desmedida en tamaño y ambición, se pierde en la cronología (saltos temporales confusos, avance de la narración no demasiado claros), en las elipsis (no se entienden las omisiones cuando prácticamente casi todo queda analizado), en los intentos por recuperar los pensamientos de esa mujer desaparecida hace más de 50 años.

No sé si mi lectura resulta representativa de otras, pero mi percepción dista mucho del entusiasmo de Mazzucco (reflejado al final, en los agradecimientos). Al centrarse tanto en Annemarie, la autora se olvida de lo demás: existe una gran vaguedad e imprecisión del contexto histórico que rodea a Anne (Miro para los amigos), por no hablar de cómo los personajes van desfilando por la vida de Anne sin más; incluso los más persistentes o importantes en algún momento dejan de importar y no volvemos a saber nada de ellos.

Por último, la estructura narrativa no termina de ser redonda, como ocurre en Un día perfecto, menos ambiciosa, más lograda. El capítulo inicial retomado casi al final, como en esta novela, aquí pierde su importancia como recurso narrativo y pasa casi de puntillas al haberse abandonado a los personajes que aparecen. Por si fuera poco, el epílogo donde se nos muestra a la autora/narradora buceando por los archivos familiares, nos descubre más aspectos que en las cientos de páginas precedentes que sin embargo apenas habían insinuado aspectos como que Renee, la madre de Anne, mantuvo una relación amorosa con una cantante y por tanto precede en la inclinación sexual de Anne, a quien sin embargo no se le perdona esta ambigüedad.
 
No termina de enganchar la novela, ni de mostrársenos cercana Anne (para nosotros nunca se convierte en Miro, ni con el accidente de la bici): es excesiva, egoísta, drogadicta y contradictoria, pero ni con todos sus defectos juntos pasa por una antiheroína. Los viajes múltiples aparecen como por azar y todos los personajes salvo Renee resultan imprecisos, casi sombras. Parece, pues, que Mazzucco se ha plegado a la fascinación por el personaje histórico y lo ha salvaguardado incluso por encima de la novelización.

(De todos modos, merece la pena leerse, y si mi crítica es tan dura es porque las expectativas tras Un día perfecto eran máximas; el estilo sigue siendo impecable y no hay atisbo en su estilo de amaneramiento o vulgaridad).

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