El palacio de la luna. Paul Auster. Anagrama Compactos. (Agosto 2009)

(312 páginas. 9,50 €. Año de edición: 2002)
El Palacio de la Luna, dentro de la narrativa de Auster supongo (he llegado a Auster de manera desordenada y no sé el orden de publicación de sus novelas, salvo las últimas) que constituye uno de los puntos de partida porque varias de las constantes austerianas apenas aparecen: por ejemplo, el relato dentro del relato -apenas cuando M.S. (Marco Stanley Fogg) resume la novela de Solomon Barber- o la parábola de la resurrección de sus personajes protagonistas (y narradores en 1ª persona).

De hecho, el poderoso relato finaliza en el inicio de su nueva vida, de la que no nos cuenta nada porque lo importante es todo aquello que resume en el primer párrafo y que se inicia "en el verano en el que el hombre pisó por primera vez la luna" (y que se puede leer, por ejemplo, en la misma sinopsis).

Siempre se solapan historias, muchas de las cuales están unidas por un invisible hilo que puede nombrarse como casualidad o como destino, y que ayudan a configurar la identidad de M.S. Lo importante es que este pulso narrativo no desfallece nunca. Una pléyade de personajes variopintos se cruzan con él y todos tienen sus características bien diferenciadas (aunque su desarrollo se limite a un mero párrafo). Además, las reflexiones que plantea son siempre interesantísimas.

Tal vez algunas peripecias rozan lo inverosímil, pero Auster lidia con la ficción con aplomo, sin llegar nunca a romper el precario equilibrio que él establece entre la realidad y la ficción, uno de sus temas predilectos.

En suma, si bien no llega a las cotas de alguna de sus posteriores obras, es una novela de plena madurez y maestría (incluso habrá a quienes les guste más porque se sale un poco de su círculo temático), aspectos que se pueden simplificar en el empleo simbólico de la luna, uno de los ejes fundamentales que cohesionan la historia de nuestro amigo M.S. sin llegar a incurrir en ningún tópico.

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