El placer del viajero. Ian Mcewan. Anagrama Compactos (2009)

(144 páginas. 7€. Año de edición: 2001)
Si bien es cierto que las descripciones en esta novelita breve, tanto de ambiente como las de la propia pareja, son estupendas y van introduciéndote en una sensación cenagosa, algo agobiante y oscura, creo que la resolución de la trama es demasiado precipitada, además de que algunos puntos son un poco inverosímiles o están poco justificados (¿por qué Colin y Mary deciden volver a ver al italiano y su mujer canadiense, sin apenas explicarlo ni verbalizarlo, y más sabiendo que una foto de Colin tomada no saben cuándo ni por qué está en la casa del misterioso anfitrión italiano?).

El final, pues, queda demasiado abrupto, y aunque todos los indicios apuntaban a un desenlace turbio, como el resto de la narración, apenas nos damos cuenta de por qué, además de que lo que le ocurre a Colin no nos da tiempo a sufrirlo (ni a temerlo). Por no hablar de esa especie de epílogo sobrante con Mary.

A pesar de todo, el riesgo y la prosa de Mcewan justifican esta lectura me parece que primeriza. Hay un buen germen de lo que será este autor.

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