Los juegos del hambre. Suzanne Collins. Molino (16/04/12)

(400 páginas. 17,10€. Año de edicion: 2012 (1ª, 2009)
La nueva saga de moda abandona el terreno paranormal (adiós a espíritus y vampiros) para adentrarse en una ciencia ficción futurista y distópica: lo que una vez fue EEUU (para los norteamericanos el mundo sigue reduciéndose ególatra e ignorantemente a su territorio) ahora es Panem, país dividido en 13 distritos, aunque el 13 se rebeló contra el Gobierno Central, el Capitolio, y fue sofocado contundentemente, hecho conmemorado cada año desde hace 74 a través de los Juegos del Hambre, una especie de Juegos Olímpicos salvajes en los que los dos representantes de cada distrito, de 12 a 18 años, es encerrado en un Estadio (pero no de fútbol, sino enorme) para luchar entre sí hasta que solo quede un vencedor. Los Juegos son retransmitidos por televisión a modo de escarmiento y sumisión.

La premisa, pues, es mucho más interesante que los amores eternos y castos monjiles de la penúltima saga de moda. Esta vez, la protagonista es otra adolescente, Katniss Everdeen, una muchacha hecha a sí misma para poder sobrevivir en un mundo implacable estamentado geográficamente. El intento de conformar un universo propio (al que contribuye el entramado de un gobierno represivo y cruel, además del léxico, con los sinsajos, los tributos, los distritos...) es uno de los mayores aciertos de la novela. Por no hablar que algunos de los temas que trata dan mucho de sí (la violencia, la política, los reality show, la supervivencia...).

Narrado en 1ª persona (una narración, estrictamente hablando en términos literarios, imposible, ya que es una especie de diario escrito al mismo tiempo que suceden los hechos), la protagonista reúne una serie de cualidades que ella misma subestima (sus capacidades de caza en la Veta, una zona de bosques tras las alambradas, junto a su amigo Gale, otro cazador furtivo) o ignora (su capacidad de persuasión, el efecto magnético que ejerce), lo que se convierte en su principal defecto.

El mundo del futuro de Panem combina adelantos técnicos prodigiosos (sobre todo en el Capitolio) con una organización política casi medieval, basada en la represión y el aislamiento. El toque final es ese Gran Hermano que televisa lo que el Capitolio quiere que la gente vea. Aparte, los Juegos televisados tienen un enorme gancho, sobre todo en la primera parte, cuando Kat se postula como tributo puesto que su hermana pequeña Prim ha salido en el sorteo (se mezclan, de este modo, referencias modernas y otras más clásicas, puesto que estos Juegos no son sino una recreación futurista del Circo romano y se ha dicho que se basa en el mito de Teseo). Junto a ella, Peeta Mellark (sí, uno de los mayores defectos reside en estos nombres tan ridículos), el hijo del panadero, que dice estar enamorado de Kat a primeras de cambio (un posible fallo de la narración es no haber sido descrito antes de la selección, con lo que su protagonismo se nos impone de forma un tanto forzada).

El devenir de estos Juegos, con toda su parafernalia previa, con los desfiles, entrenamientos, búsqueda de patrocinadores y puntuaciones recibidas poseen la dinámica de videojuego y es fácilmente consumible, así como la propia competición de los Juegos, donde la supervivencia va aparejada al ingenio. No sólo hay que luchar entre sí, sino que los Organizadores plantean trampas (bayas envenenadas) y se valen hasta de seres modificados genéticamente (rastrevíspulas, lobos zombis).

Quizá el punto más endeble de la narración es todo el entramado de la pareja trágica que conforman Katniss y Peeta, pues sólo uno puede vencer. Si a esto le añadimos que Kat también siente algo por Gale, ya tenemos el prescindible triángulo amoroso. Por eso a medida que van quedando menos rivales se va perdiendo interés, salvo por el entrañable momento de la amistad con la pequeña e inteligente Rue, a modo de paréntesis (finiquitado demasiado temprana y abruptamente).

Para tratarse de un libro dirigido fundamentalmente a jóvenes, los personajes están bien construidos, con una magnética protagonista gravitando sobre todo, como sobre el previsible Peeta; Prim y Gale, en la prehistoria, junto con la madre de los chicos, dan un entorno apropiado al Distrito 12 (y es de suponer que tendrán un papel relevante en los títulos siguientes); Haywood es un personaje solitario que conecta extrañamente con Kat; Cinna en el Capitolio es la única cara amable o humana; la joven pelirroja avox sin lengua; el presentador; los rivales de Kat; el presidente Snow... Sin alardes, son lo suficientemente distintivos y no a través de una mera descripción.

Tal vez el final, orientado para la continuación, está lejos del clímax. El previsible triángulo amoroso puede echar a perder una historia con mucho potencial, aunque la necesidad de una nueva rebelión que impida un sacrificio tanto de jóvenes como de las condiciones de vida de la mayor parte de la población de Panem se antoja una salida necesaria. Aunque es pronto para hablar del resto de la saga, cuando ahora se gesta la película y está en ebullición la primera parte.

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