En llamas. Suzanne Collins. Molino

(416 páginas. 15,20€. Año de edición: 2012. 1ª edición, 2010)
La 2ª parte de la saga de Los juegos del hambre resulta igual de atractiva que la 1ª, pero ni mucho menos es tan redonda. Y es que la autora, por desgracia, se decanta por realzar los puntos más débiles de la historia, incapaz de aprovechar las inmensas posibilidades del futuro distópico de Panem.

Por ejemplo, la 1ª parte del libro avanza con crispante lentitud. Vale que haya que mostrar el futuro postjuegos, la nueva realidad de Katniss como vencedora y privilegiada dentro de un entorno que sigue igual de controlado e injusto, pero no vale que se incida en el lugar más común, lo que se ha contado millones de veces, la historia de amor: Kat duda entre Gale y Peeta (el eterno triángulo amoroso) y esos sentimientos se anteponen a la pintura de un mundo futurista que recurre a potenciar las diferencias entre poderosos y el resto, sirvientes, casi esclavos, mero engranaje de la cadena de producción.

Si encima añadimos que Katniss se nos muestra torpe y desespera al lector porque es incapaz de interpretar la rebelión que se cierne, para qué queremos más. Es casi imposible que alguien que demuestra tan poca habilidad e incurre una y otra vez en la torpeza sobreviva a los exigentes y crueles Juegos del hambre.

Así, pues, la historia no se anima hasta el anuncio del Presidente Snow del Vasallaje de los 25, en el que ponen sobre la arena a todos los vencedores de los Juegos anteriores, con lo que Kat y Peeta (y Haymith de nuevo como mentor) se ven obligados a volver a la arena menos de un año después. Parece una maniobra de distracción ante las rebeliones acaecidas en varios distritos, al mismo tiempo que una manera de castigar a Kat por su acto de rebeldía en los Juegos del Hambre al amenazar con envenenarse a ella y a Peeta (así como una repetición del esquema que tanto éxito tuvo en la 1ª parte).

El objetivo de Kat en esta ocasión se centra casi exclusivamente en salvar a Peeta, aun a costa de su vida. Cree que se lo debe. Ese pensamiento la paraliza en el Estadio prácticamente, y eso que desde el principio parece claro que no son unos Juegos normales. Y no porque lo inicien rodeados de agua salada y haya una selva como escenario; o que la Cornucopia sea una especie de reloj de arena y a cada hora (que equivale a un determinado sector) se suelta un ataque mortífero; sino porque sus aliados (Johanna, Fitnek, Voltios, etc.) se afanan en protegerla sin que esta se lo cuestione (que podría haberlo hecho).

Al menos las espadas quedan en todo lo alto, y más porque sacan a Kat, pero no pueden hacer lo mismo con Peeta. La chispa iniciada con el acto rebelde de las bayas envenenadas de la 1ª parte ha prendido fuego y la mayor parte de los Distritos se ha levantado en armas contra el Capitolio. Veremos si en la 3ª parte se para la autora a reflexionar un poco antes de recurrir a la destrucción masiva o a la acción irracional. Mientras tanto, seguimos esperando un mayor papel de Prim o Gale, una vez que Cinna (el modisto) queda eliminado del tablero de juego.

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