Dexter. End of season 6

Y terminó la sexta temporada de Dexter, la más irregular con diferencia de todas. Pese a los rocambolescos asesinatos de Gellar y Travis (a través de quienes se estaba incidiendo en un concepto nuevo en la psique de nuestro asesino en serie favorito, la religión, una trama que ya había introducido el personaje del hermano Sam), ha habido demasiados altibajos como para decir que ha recuperado el pulso después de la decepción del final de la quinta temporada. Algunos signos sugieren que la serie está agotada, por más que restan dos temporadas para el final.

Eso sí, el cliffhanger del final podría justificar tantos titubeos y tantos bandazos por parte de Dexter (ese psicópata incapaz de albergar sentimientos, por lo que ha de recurrir al código de Henry -su padre- para canalizar ese "oscuro pasajero" que lleva dentro). Ahora que es a su vez padre (del adorable Harrison, que tiene su cuota de protagonismo en el último capítulo), necesita de una buena niñera (y la tiene, no es otra que la hermana de Batista) casi las 24 horas para poder seguir con su doble vida, aunque con el camino que lleva se va a quedar sin su trabajo como especialista de sangre en el departamento de policía de Miami porque no hace más que faltar y su hermana Debra va a dejar de cubrirle, por más que haya recibido el ascenso a teniente.

¿Un final puede justificar toda una temporada? Podría. Podría sobre todo si a ese final nos hubieran conducido de una manera menos... inverosímil. El final, que parece un calco del de la temporada pasada, pero sin plastiquito por medio y sin decepción después, viene demasiado traído de los pelos y por medio de un procedimiento que delata al guionista que está detrás. De hecho, hasta llega a enfadar el giro que dan en los dos últimos capítulos fastidiando uno de los puntos fuertes de la serie: el personaje de Debra, la hermana (habría que puntualizar hermanastra) de Dexter.

No hay quien se crea que a través de la terapeuta Deb llegue a la conclusión de que está enamorada de su hermano. No hacía falta recurrir a ese truco barato para tratar de justificar una reacción favorable de Debra una vez que esta conoce su secreto. De modo que tenemos perspectivas estimulantes para la séptima temporada, sí, pero si obviamos que el trazo firme del guión ha dejado de ser tal. Hasta ahora, todas las temporadas se cerraban finalizando el caso con el antagonista en cuestión (en este caso, Travis, salvo algunos contados momentos en los que ponía cara de sonado, ha sido uno de los más flojos rivales de Dexter) y no se dejaba ningún cabo suelto. En esta ocasión, el viaje a Nebraska, el ayudante de Masuka y seguro que me dejo algún detalle más se han quedado al descubierto, sin explicación de momento, dando la impresión de moverse más por impulsos o golpes de efecto más que otra cosa (aunque el del antepenúltimo, creo, me impactó bastante).

De todas formas, como he leído por ahí, a pesar de ser una mala temporada de Dexter (o incluso su caída en picado), nos deja momentos de alta tensión, grandes expectativas y un nivel medio bastante superior a la media. Da igual que los secundarios sean cada vez menos relevantes (el citado Batista, Laguerta -o Lagarta, inexplicable por cierto el momento en que intenta congraciarse con Debra tras el fracaso de la misión de los rascacielos-, Quinn...), que siempre nos quedará Dexter Morgan.

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